Columnistas Jalisco

Universidad Panamericana

México ante la quimera de la supervivencia

El 2025 no cerró con estruendosos datos económicos, sino con un suspiro de agotamiento. Las cifras, frías y contundentes como una placa de acero, revelan un panorama que no admite insinuaciones: El Producto Interno Bruto (PIB) apenas rozó una expansión del 0.6%, mientras que el tejido empresarial, el sistema nervioso de cualquier economía, sufrió una amputación silenciosa. La pérdida de más de 34,000 registros patronales ante el IMSS en el último bienio es la señal de alarma que la retórica oficial intenta mitigar, pero que la realidad de la calle confirma con cada cortina metálica que desciende para no volver a subir.

Si esta tendencia de crecimiento lánguido e inversión ralentizada persiste, no estaríamos ante una crisis cíclica, sino ante una alteración ordenada del destino social de México.

La pregunta sobre si la clase media se encamina a una debilidad económica progresiva no es retórica; es una conclusión aritmética. La clase media mexicana ha operado históricamente bajo la promesa de la movilidad ascendente mediante el empleo formal y el emprendimiento. Sin embargo, con un crecimiento inferior al 1%, el pastel económico se mantiene estático mientras la población sigue creciendo.

El fenómeno que observamos es una “asfixia por costos”. Las reformas laborales, aunque bienintencionadas en su justicia social (incrementos al salario mínimo, vacaciones dignas, Ley Silla), han elevado el costo de la formalidad entre un 45% y 55% para las micro y pequeñas empresas. Al no ir acompañadas de incentivos a la productividad o de un entorno de seguridad jurídica, el empleador promedio, ese patrón que hoy desaparece, se ve forzado a la capitulación.

¿El resultado? Una clase media que se tiene que volver informal para sobrevivir, perdiendo en el proceso el acceso a la seguridad social, el crédito hipotecario y la capacidad de ahorro. No es que dejen de trabajar; es que su trabajo genera cada vez menos valor patrimonial.

En el otro extremo, el discurso oficial celebra la reducción de la pobreza extrema mediante transferencias directas (subsidios). Sin embargo, el análisis académico nos obliga a distinguir entre el “ingreso por subsidio” y la “autonomía económica”.

Si bien los programas sociales han puesto un piso mínimo al consumo de los más vulnerables, el estancamiento del PIB por debajo del 1% anula la creación de empleos de alto valor agregado. Lo que estamos presenciando es un estancamiento en el que los pobres dejan de ser “extremos” para convertirse en “pobres moderados” permanentes, atrapados en una economía de subsistencia. Sin un sector empresarial robusto que demande mano de obra calificada, el subsidio se convierte en un paliativo que administra la escasez en lugar de erradicarla.

De continuar este escenario, la economía mexicana se fragmentará aún más en dos realidades irreconciliables:

  1. El Enclave Exportador: un pequeño sector vinculado al “nearshoring” y al “T-MEC” que crecerá a tasas aceptables, pero que funcionará como una isla de prosperidad desconectada del resto del país.
  2. La Economía del Estancamiento: el resto del territorio, donde la desaparición de patrones y la baja inversión pública (que apenas representa el 2.3% del PIB) condenarán a la mayoría a un mercado laboral precarizado.

La pérdida de patrones es, quizás, el dato más doloroso de 2025. Un patrón que cierra es una unidad de inteligencia económica que se pierde. Recuperar una empresa toma años; cerrarla, un trimestre de flujo negativo.

Si México no logra romper la inercia del crecimiento inercial, el costo social será una nación de clases medias nostálgicas y sectores vulnerables subsidiados, pero sin esperanza de progreso real. La estabilidad macroeconómica que presume el Banco de México es necesaria, pero es solo el cimiento; Sin el edificio de la inversión privada y la certidumbre jurídica, lo único que tenemos es un terreno baldío, muy bien administrado, pero baldío al fin.

*Mtro. Luis Alberto Güémez Ortiz / Universidad Panamericana (UP)

Tendencias