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Universidad Panamericana

Perspectivas económicas de Jalisco: Entre el “Efecto Tapalpa” y el Espejo de Sinaloa

La mañana del 22 de febrero de 2026 quedará marcada en los anales de la historia contemporánea de México como el día en que cayó el último gran “Capo de Capos” de la década.

Sin embargo, para los jaliscienses, el abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, en las inmediaciones de Tapalpa, no solo representó un hito en la seguridad nacional, sino el inicio de una onda de choque económica cuyas réplicas apenas comenzamos a cuantificar.

Tras los bloqueos e incendios iniciales, el surgimiento de “toques de queda” de facto en municipios estratégicos y la parálisis del comercio en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) nos obligan a realizar un análisis académico riguroso: ¿está Jalisco condenado a la “economía agonizante” que hoy asfixia a Sinaloa, o su robusta estructura productiva le permitirá sortear la tormenta?

Para entender el riesgo, debemos mirar hacia el noroeste: Sinaloa ha experimentado lo que en teoría económica denominamos un “shock” de oferta y demanda simultáneo. La violencia sistemática derivada de la pugna interna de su cártel hegemónico ha destruido la confianza del consumidor y, lo que es más grave, la certeza jurídica del inversionista.

En Sinaloa, la economía “agoniza” no por falta de recursos, sino por el colapso del Estado de Derecho bajo la gestión de Rubén Rocha Moya. La parálisis administrativa y la percepción de una autoridad “pasiva” o superada han provocado una fuga de capitales transitorios y una caída drástica en la inversión extranjera directa (IED).

El comercio local en Culiacán reportó en meses pasados pérdidas superiores a los 500 millones de pesos semanales durante los picos de violencia. Si Jalisco permite que el vacío de poder tras la caída de Oseguera derive en una atomización de células delictivas con tácticas de guerrilla urbana, el escenario de “Sinaloización” dejaría de ser un temor para convertirse en una variable macroeconómica.

La pregunta que resuena en los pasillos de las cámaras empresariales y en la academia es: ¿cuál es la diferencia real entre tener a Pablo Lemus Navarro en Casa Jalisco frente al modelo de gestión de Rocha Moya?

Desde una óptica de gestión de crisis, la diferencia radica en la “proactividad frente a la reactividad”. Pablo Lemus ha consolidado un perfil marcadamente pro-empresa, entendiendo que la seguridad no es un fin en sí mismo, sino el sustrato necesario para la competitividad.

Mientras que en Sinaloa el gobierno de Rocha Moya ha sido criticado por una aparente claudicación operativa, Lemus ha apostado todo por el blindaje de las cadenas de suministro, la defensa de la legalidad y el diálogo directo con el gabinete económico y las cámaras empresariales.

La estrategia de Lemus se centra en tres pilares para evitar la parálisis económica:

1. Garantía de Movilidad Logística: asegurar que las conexiones y enlaces (logísticos y aduanales) con el puerto de Manzanillo no se interrumpan, protegiendo el 75% de la producción de semiconductores del país que reside aquí.

2. Certeza Jurídica Proactiva: enviar señales claras a los mercados internacionales de que los proyectos de “nearshoring” y la inversión de gigantes como Oracle, Continental, IBM, HP, FLEX, Foxconn, Jabil y otras empresas públicas y privadas cuentan con protección estatal específica.

3. El Factor Mundial 2026: con la Copa del Mundo a la vuelta de la esquina, Jalisco no puede permitirse el lujo de la incertidumbre. Lemus sabe que Guadalajara es el aparador de México; cualquier asomo de “toque de queda” prolongado cancelaría las proyecciones de derrama turística de miles de millones de dólares.

A diferencia de la economía sinaloense, fuertemente dependiente del sector agropecuario y el comercio, la economía de Jalisco es una de las más diversificadas del país. Esta “biodiversidad económica” es su mejor defensa. Sin embargo, no somos inmunes. El impacto económico de la violencia en México se estima ya en un 18.3% del PIB nacional; en Jalisco, un escenario de inestabilidad prolongada podría restarle entre 1.5 y 2 puntos porcentuales al crecimiento estatal esperado para 2026.

Si bien el consumo interno se contrae ante el miedo (los toques de queda vacían restaurantes y centros comerciales), el capital humano altamente tecnificado de Jalisco no se desplaza tan fácilmente como el capital financiero. La apuesta de Lemus deberá ser la de transformar este “shock de seguridad” en una oportunidad para consolidar un mando único efectivo y una fiscalía que realmente combata el “cobro de piso”, que es el verdadero cáncer que mata a las PYMES.

Jalisco se encuentra en una encrucijada. La caída de “El Mencho” es un evento de catarsis, pero la “agonía” económica es una elección política. La gran diferencia entre el destino de Sinaloa y el de Jalisco no será el nombre del criminal abatido, sino la capacidad del Gobernador Lemus para proyectar una autoridad que no negocie la paz, sino que la imponga mediante la ley.

El mercado es implacable: premia la estabilidad y castiga la duda. Si el gobierno de Jalisco logra contener la fragmentación del grupo delictivo y mantiene operativas las venas logísticas del estado, el “Efecto Tapalpa” será recordado como una turbulencia pasajera. De lo contrario, nos arriesgamos a que la economía de la innovación y el tequila termine pareciéndose a la economía del miedo que hoy asola al noroeste.

La moneda está en el aire, pero el liderazgo, no la suerte, será quien determine de qué lado cae.

*Mtro. Luis Alberto Güémez Ortiz / Universidad Panamericana (UP)

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