Cronomicón

Letras Rebuscadas: La llegada o la invasión cultural extraterrestre

H. G. Wells en la Guerra de los Mundos nos pone en guardia acerca de la hipotética llegada de los extraterrestres: nos propone estar preparados y no creerle a Jaime Maussan, ya que sólo lo peor podemos esperar de un encuentro cercano del tercer tipo.

Confinado en su motorizada silla de ruedas, Stephen Hawking se la toma también “agua-fiestas” de cualquier mesianismo ufológico cuando nos sugiere no andar con romanticismos interplanetarios dejando rastros de “migajas” ni enviando  “cartas embotelladas” al Universo con nuestros radiotelescopios, pues en una de esas nuestra invitación pudiera ser contestada con una invasión de platillos voladores tripulados por filibusteros del espacio que, por simple sentido común, no tendrían otro  interés en cruzar la galaxia que saquear los recursos y drenarle toda su biomasa a nuestra querida Tierra hasta dejarla más estéril y yerma que Marte o Venus.

Otro posible escenario es que lleguen y se queden. Por cualquier razón imaginable: naves averiadas y con un “seguro barato” que no cubre asistencia en el camino (algo así le ocurre a Alf) o podría darse el caso que el planeta natal de nuestros viajeros espaciales hubiese explotado y no teniendo a donde retornar hicieran de la tierra su hogar (el caso de Superman). Nuestros exiliados alienígenas podrían resultar una indeseable plaga para la humanidad o, peor aún, portarse como conquistadores que nos encontrasen  dominables y quizás apetecibles o masticables.

La primera de estas posibilidades la plantea Sector 9. Esta película de 2009, que sitúa el arribo de los extraterrestres en Sudáfrica, nos presenta a los alienígenas como seres horridos con aspecto de moluscos antropomórficos, marginados e incapaces de retornar a su planeta; sus anfitriones, los seres humanos, no tienen ningún interés en ayudarlos, entiéndase que el altruismo tiene sus reglas y condiciones, para desgracia de estos refugiados de las estrellas resultan muy distintos a nosotros como para suscitar algún tipo empatía, así que terminan confinados en campos de refugiados donde reciben lo básico para sobrevivir a cambio entregar sus armas y compartir su avanzada tecnología.

Este asunto de llegar y quedarse para sufrir el mal trato y la discriminación de los terráqueos se invierte en un cambio de papeles, el dominador se convierte en dominado, en la serie de televisión de los 90 conocida en México como Invasión Extraterrestre . En este serie la ocupación de los alienígenas carece de toda espectacularidad apocalíptica, no hay como en Día de Independencia, gigantescas naves nodrizas expulsando miles de platillos voladores de combates; por el contrario los visitantes, ocultando su reptiliano rostro bajo biomáscaras que les dan una apariencia humana cercana a lo angelical o élfico que nos lograr seducir no sólo con su belleza, sino también con sus falsas promesas de compartirnos sus maravillas tecnológicos y de ayudarnos a rescatar nuestro agónico planeta. Detrás de este engaño subyace una brutal verdad: lo que el reptil galáctico quiere en realidad es darse un antropófago festín con nuestra ingenua e impresionable especie. Una variante a esta idea la ofrece la película Oblivion (2013) apegada a los dogmas de la Cienciología; este filme que estelariza uno de los hierofantes y devotos de L. Ronald Hubbard, Tom Cruise, propone una psíquica y milenaria dominación extraterrestre.

La película La llegada (2016) propone otra posibilidad que no es ni la invasión depredadora  vaticina Stephen Hawking ni tampoco la conquista de la tierra que termina con la esclavización de la humanidad. No es un filme de acción ni tampoco de terror, es más bien filosófico: sugiere que la enigmática aparición de naves extraterrestre, lejos de unificarnos en una cruzada en defensa de nuestra especie, podría más bien dividirnos y acendrar nuestros inveterados odios y desconfianzas internacionales, interculturales, interreligiosas… no es una película para pasar una tarde con palomitas y refresco, invita a pensar y nos plantea un problema tan interesante como complejo: cómo el lenguaje condiciona nuestras representaciones y formas de ver y entender la realidad y el tiempo. En La llegada el contacto, la interacción entre los alienígenas y los seres humanos es mínima; los atípicos héroes de esta historia de ovnis son una lingüista: la Dra. Luise Banks y un matemático Ian Donnelly cuya trascendente misión es lograr descifrar el lenguaje de los visitantes y plantearles la pregunta que en verdad importa: ¿A qué vinieron?

lg

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