Guadalajara

Describen el olor como a caño o huevo podrido, piden al Siapa que responda por la mala calidad que entrega en los hogares tapatíos

Reportan vecinos de Guadalajara recibir agua apestosa en sus hogares

A las seis de la mañana, cuando apenas empieza a clarear sobre Guadalajara, hay casas donde el día arranca con una mueca de disgusto.

Se abre la llave del lavabo y, antes de que el agua toque las manos, llega el golpe: un olor espeso, agrio, que recuerda al drenaje abierto en plena temporada de calor. No es una exageración. Es la rutina que, dicen vecinos de varias colonias, se ha instalado desde hace semanas. En algunos casos, desde hace meses.

En Jardín de los Escritores, una mujer deja correr el agua unos segundos con la esperanza de que el hedor se disipe. No ocurre. “Es como si saliera del drenaje”, comenta mientras observa el chorro caer sobre el lavamanos. Tiene hijos pequeños y la duda le ronda todo el día: si así huele, ¿qué trae? Desde hace días evita que se laven los dientes directamente de la llave y prefiere servir agua de garrafón en un vaso. Bañarlos se ha vuelto un acto de desconfianza.

La escena se repite en General Real, en Analco, en San Andrés, en San Rafael, en Cantarranas. Cerca del Mercado del Campesino, los comerciantes también hablan del tema entre puestos y bolsas de mandado.

En la zona residencial de Obregón, donde las fachadas lucen recién pintadas y los portones eléctricos contrastan con las banquetas arboladas, el problema no distingue nivel socioeconómico: el agua huele igual.

En San Andrés, un hombre describe el aroma sin rodeos: “a podrido”. Cuenta que abrir la regadera ya no significa frescura, sino preocupación. El vapor del baño no logra esconder el olor.

Algunos han optado por ducharse rápido, casi conteniendo la respiración. Otros han empezado a comprar garrafones extra no sólo para beber, sino para lavarse los dientes, enjuagarse la cara o preparar la comida.

El lavado de ropa también cambió. Hay quienes aseguran que las prendas salen con un ligero tufo, difícil de explicar pero imposible de ignorar. Sábanas, uniformes escolares, toallas: todo pasa por una lavadora que ahora genera sospecha.

“¿Y si el olor se queda?”, se preguntan. En varias casas, la limpieza del piso o del baño se hace con la misma agua cuestionada, en una paradoja que inquieta: limpiar con algo que no parece limpio.

En Jardín de los Escritores, los vecinos cuentan que el olor se volvió más intenso en días recientes. En otras zonas, como General Real, Analco y Obregón, aseguran que la pestilencia no se ha ido desde hace por lo menos dos meses. No es un episodio aislado de una tarde; es una constante que se mete a las casas, a las regaderas, a las cocinas y a los lavaderos.

Hasta ahora, el Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado no ha fijado una postura pública sobre estos reportes. En cientos de hogares hay una sospecha que no se va con jabón ni con detergente.

Abren la llave y esperan. Y lo que sale no sólo es agua: es la incertidumbre de no saber si lo más básico, lo que debería ser transparente y confiable, hoy puede comprometer la salud de sus familias.

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