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La mujer asesinada a sangre fría por un agente del ICE se convierte en nuevo símbolo de la guerra cultural que está provocando el presidente el republicano

Renee: para sus vecinos, poeta y madre activista; para Trump una “terrorista e izquierdista lunática”

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Indignación Homenaje en Nueva York a Renee Good, asesinada por Trump y el ICE, según reza el cartel (Olga Fedorova/EFE)

Renee Nicole Good es la última víctima del terrorismo del ICE autorizado por el gobierno de Donald Trump y jaleados por su secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, la cara del odio de la administración republicana en su cacería contra los inmigrantes y contra quienes los defienden.

Good, de 37 años y madre de tres hijos de dos exparejas —una hija de 15 años y dos hijos de 12 y 6— fue tiroteada por un agente del ICE durante la macrorredada contra la comunidad inmigrante somalí de Minneapolis (Minnesota), la mayor de Estados Unidos, con 85 mil residentes, quienes fueron calificados en su día por el presidente Donald Trump como “basura que no sirve para nada”.

Indignada por la crueldad y el racismo de Trump y su equipo de halcones en la Casa Blanca, empezando por Kristi Noem y el siniestro autor de la separación de familias en la frontera, Stephen Miller, Renee decidió alistarse como observadora voluntaria para denunciar cualquier agresión del ICE, nada más saber que la comunidad somalí de Minneapolis era el próximo objetivo del gobierno.

El objetivo de estos observadores es ayudar a mantener la calma, disuadir a los agentes de las malas prácticas y garantizar el respeto de los derechos legales. Pero no lo logró. La agresividad de los agentes, armados como si se enfrentaran a un comando de Al Qaeda, hizo que quien perdiera los nervios fuera la joven activista. Al intentar huir con su coche de los agentes que la acosaban, uno de ellos, Jonathan Ross, se acercó, le disparó a sangre fría y le dio la espalda tranquilamente, sin inmutarse ante los gritos de una vecina, horrorizada con la escena que acababa de contemplar.

Ross, con diez años de experiencia en la agencia de Inmigración y Aduanas (ICE), apuntó directamente a la cabeza, como ha sido entrenado para “eliminar enemigos” y ahorrarse así una posible demanda judicial de la víctima.

Sus compañeros ni siquiera permitieron que los testigos llamaran a una ambulancia en un desesperado e inútil intento de salvarle la vida.

Hablando con The Minnesota Star Tribune, la madre de Good dijo que lo sucedido “fue algo tan estúpido; probablemente estaba aterrorizada”. Recordó que ella era “cariñosa, comprensiva y afectuosa” y “un ser humano increíble” que “había cuidado de personas toda su vida”.

Good, originaria de Colorado, hacía un año que se había mudado con su última pareja a Minneapolis desde Kansas City. Estudió un máster en escritura creativa en la Universidad Old Dominion (Virginia). En 2020 ganó un premio otorgado por la Academia de Poetas Estadounidenses por su poema On Learning to Dissect Fetal Pigs.

Se graduó en la Facultad de Artes y Letras de la ODU el mismo año con una licenciatura en Inglés, según declaró a The Post el rector de la universidad, Brian O. Hemphill, quien condenó su muerte. “Este es otro claro ejemplo de que el miedo y la violencia se han vuelto, lamentablemente, comunes en nuestra nación. Que la vida de Renee sea un recordatorio de lo que nos une: libertad, amor y paz”, declaró.

Se equivoca. Estados Unidos está más dividido que nunca y en plena guerra cultural, provocada directamente por el mandatario republicano, que ha declarado “enemigos de la nación” a los liberales y a todo lo que considere “woke” (ideología progresista que promueve la justicia social, la diversidad, el feminismo, los derechos LGBTQ+, la inclusión racial y el activismo proinmigrante).

Basta con escuchar las declaraciones de Noem y de Trump sobre lo sucedido.

La doble muerte de Renee Good

En vez de usar su liderazgo para unir a la nación y tratar de rebajar la tensión, Trump acusó a la víctima de ser una “izquierdista lunática”. Declaró que las imágenes eran “algo horrible de ver” y alegó que la conductora se comportaba de forma “muy desordenada, obstruyendo y resistiendo, y que luego atropelló de forma violenta, deliberada y cruel al agente del ICE, quien parece haberle disparado en defensa propia”.

La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, quien se encontraba de visita en Texas, describió el incidente directamente como un “acto de terrorismo doméstico” contra el servicio migratorio, y señaló que la prueba era que usó su vehículo como “arma”.

Esa caracterización fue duramente rechazada por el alcalde de Minneapolis, el demócrata Jacob Frey, quien calificó la versión del gobierno federal de “basura”.

Frey condenó el despliegue de más de 2,000 agentes federales en las áreas metropolitanas de Minneapolis y St. Paul como parte de la más reciente ofensiva migratoria del gobierno. “Lo que están haciendo no es brindar seguridad en Estados Unidos. Están causando caos y desconfianza”, afirmó.

Visiblemente alterado, el alcalde pidió a los agentes del ICE que “se largaran de una maldita vez” de la ciudad, acusándolos de “uso imprudente de poder” y calificando sus justificaciones como “estupidez” y “información basura”.

“No los queremos aquí; váyanse al carajo”, declaró casi gritando, en un mensaje que se hizo de inmediato viral.

El antecedente de un mexicano

En septiembre del año pasado, agentes del ICE mataron a tiros a Silverio Villegas González, un mexicano de 38 años, en Chicago, también con el argumento de que “intentó conducir su vehículo” contra ellos. Al tratarse de un inmigrante, la noticia causó escaso impacto mediático.

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