

El reverendo Jesse Jackson, el veterano activista por los derechos civiles, que fracasó dos veces en su intento de convertirse en el primer presidente negro de Estados Unidos, pero abrió el camino para que lo lograra Barack Obama, falleció este martes a los 84 años.
“Con profunda tristeza anunciamos el fallecimiento del líder de los Derechos Civiles y fundador de la Coalición Rainbow PUSH, el Honorable Reverendo Jesse Louis Jackson”, escribió su familia en un comunicado en Instagram, en el que confirmó que murió este martes, “rodeado de su familia”.
“Nuestro padre fue un líder servicial, no sólo para nuestra familia, sino también para los oprimidos, los que no tienen voz y los marginados de todo el mundo”, se explica la nota, en la que no se informa de las causas de la muerte. “Lo compartimos con el mundo y, a cambio, el mundo se convirtió en parte de nuestra familia extendida, precisa la familia.
“Incansable agente de cambio, elevó la voz de quienes no la tenían, desde sus campañas presidenciales en la década de 1980 hasta la movilización de millones de personas para animarles a registrarse para votar, dejando una huella imborrable en la historia”, precisa el comunicado.
Jackson, nacido en Greenville (Carolina del Sur) de madre soltera, anunció en 2017 que padecía Parkinson.
Presenció la muerte de MLK
Jackson presenció la muerte del legendario Luther King, asesinado en un hotel de Memphis (Tennesse) el 4 de abril de 1968 cuando tenía 39 años, pero, lejos de favorecerle, este hecho se convirtió en una maldición.
Un día antes, quedó inmortalizado en una foto que se va junto a King, en el mismo balcón del motel de Memphis en el que fue asesinado.
Miembros del círculo más íntimo de King le reprocharían durante años su afán de protagonismo en ese momento: aseguró que había sido el último en hablar con él, algo cuestionado por otros colaboradores, y dio una entrevista con una sudadera que -dijo- estaba manchado con la sangre del líder asesinado.
Jackson consideraba a Luther King su mentor desde que le conoció en 1965 durante la histórica marcha por los derechos de los negros de Selma (Alabama).
“Jesse quería ser Martin”, dijo Ralph David Abernathy, el colaborador más cercano de King, al diario The New York Times.
Dos campañas presidenciales fallidas
En cualquier caso, Jackson fue el afroamericano más influyente de Estados Unidos en el último tercio del siglo XX y su impacto trascendió las fronteras del país, sobre todo con su lucha contra el apartheid en Sudáfrica y por los derechos de los palestinos.
Sus dos campañas presidenciales fallidas, en las primarias demócratas de 1984 y 1988, le convirtieron en el primer aspirante negro con opciones de imponerse en unas elecciones nacionales en Estados Unidos, un legado que quedó reflejado en sus lágrimas de emoción por la victoria de Obama en 2008.
Jackson aceleró la participación en las primarias demócratas de los votantes negros, que hoy son la base más fiel del partido, y logró cambios en el sistema de votación que décadas después permitirían a Obama imponerse a la poderosa Hillary Clinton.
“Fui un pionero, un explorador”, dijo Jackson en una entrevista en 2020 con el diario británico The Guardian. Por eso mismo -aseguraba- no le dolía no ser él quien llegó a la Casa Blanca, porque tres décadas después, demostró que sí se podía.
Ese concepto de lucha contra el racismo y por la justicia social transformó profundamente el Partido Demócrata e inspiró más tarde a Black Lives Matter (‘Las vidas negras importan’).
En los últimos años de su vida, sin embargo, el superviviente del movimiento de derechos civiles más valorado en el país no fue él, sino el congresista John Lewis, fallecido en 2020.
Una vida controvertida
Dos polémicas le restaron brillo: en 1984, fue acusado de antisemitismo por usar un término peyorativo para referirse a los judíos, por lo que se disculpó; y en 2001, salió a la luz que había tenido una hija en una relación extramatrimonial con una compañera de trabajo, lo que le obligó a rebajar su perfil.
En 1979 visitó Sudáfrica para presionar contra el apartheid y viajó a los territorios palestinos, donde se fotografió abrazando a Yasser Arafat. Años más tarde negoció la liberación de ciudadanos estadounidenses presos en países como Serbia o Irak, en una faceta internacional que siempre disfrutó.
Aunque no llegó a pronunciar un discurso tan histórico como el “I have a dream” de King, la historia política de EU no se entiende sin el mensaje de ‘Keep Hope Alive’ (‘Mantened viva la esperanza’) que entonó Jackson en la convención de 1988, y que sigue inspirando a los demócratas en tiempos de Donald Trump.
Un raro homenaje de Trump
Pese a ser adversarios ideológicos, el presidente republicano elogió al fallecido reverendo y activista, al que consideró un “buen hombre” de personalidad arrolladora al que aseguró conocer bien, e insistió en que a pesar de las “falsas” acusaciones de racismo en su contra, siempre mantuvo una buena relación.
“El reverendo Jesse Jackson ha muerto a los 84 años. Lo conocí bien, mucho antes de ser presidente. Era un buen hombre, con mucha personalidad, coraje y ‘astucia callejera’. Era muy afable, alguien que de verdad amaba a la gente”, escribió Trump en Truth Social.
El mandatario republicano aseguró que “a pesar de que los canallas y lunáticos de la izquierda radical, todos demócratas me llaman falsa y constantemente racista”, para él “siempre fue un placer ayudar a Jesse a lo largo del camino”.