
La Corte Suprema de Estados Unidos está dispuesta a dar una nueva alegría al presidente Donald Trump y su cruzada antiinmigrante. Este martes, la supermayoría conservadora frente a la progresista (6 a 3) se inclinó a favor de que se reinstaure la ordenanza que permitía a los agentes migratorios rechazar la entrada de solicitantes de asilo antes de que cruzaran la frontera entre Estados Unidos y México, tal como defiende el presidente Donald Trump, en una audiencia para escuchar los argumentos a favor y en contra.
La práctica, que no se usa desde 2021, cuando la eliminó el demócrata Joe Biden, impediría a los migrantes acceder al derecho a la petición de asilo, como la ley federal permite a quienes se encuentran “físicamente presentes en Estados Unidos”.
Por tanto, la cuestión que se dirime en audiencia, y cuyo fallo final se espera para junio o julio es si llegar a la garita fronteriza estadounidense es llegar físicamente a territorio estadounidense o, por contra, es una especie de “tierra de nadie”.
¿Llegar a la frontera es llegar a EU?
En otras palabras, la cuestión que se plantea el Tribunal es si los inmigrantes deben cruzar la frontera por completo para adquirir el derecho a solicitar asilo, o si se les puede permitir presentar la solicitud con el simple hecho de presentarse en la frontera. La cuestión jurídica concreta en este caso radica en determinar si los solicitantes de asilo que son detenidos en el límite fronterizo han “llegado a Estados Unidos”.
El presidente del Supremo, John G. Roberts, y la magistrada Amy Coney Barrett, ambos conservadores, sugirieron que “llegar a EU” se refiere a una persona que ha cruzado la frontera por completo”, tal como ha argumentado el Gobierno, y por tanto sólo cruzando en su totalidad la frontera tendría derecho a solicitar asilo, aunque nada garantice que se la vayan a otorgar.
En términos parecidos, el juez Neil M. Gorsuch, otro miembro de la mayoría conservadora, planteó la duda de cuáles son los derechos de un solicitante de asilo que se encuentra al final de la fila, o de una persona que permanece a la orilla del agua esperando cruzar el Río Grande, que separa a México de los Estados Unidos. En su opinión, al no estar en territorio estadounidense no puede pedir asilo.
Por el contrario, las juezas Sonia Sotomayor y Ketanji Brown Jackson, ambas liberales, se mostraron más a favor de los argumentos de los solicitantes de asilo. Según Sotomayor, rechazar el derecho al asilo viola el estatuto que otorga el Congreso a quienes reclaman protección contra la persecución, y viola también los acuerdos internacionales relativos a los refugiados que se remontan a la Segunda Guerra Mundial.
“Están dejando entrar a trabajadores con permisos para venir a trabajar. Están dejando entrar a todos los demás. Pero no están permitiendo el paso a las personas que llegan a la fila —a la puerta— y llaman a ella, y que desean solicitar el estatus de refugiado”, por encontrarse en situación de perseguido en su propio país, dijo Sotomayor.
“Alguien que viaja en un avión a punto de aterrizar en LaGuardia tal vez no haya puesto aún el pie en suelo estadounidense. Pero ha llegado a los Estados Unidos. Está llegando. Está llamando a la puerta”, añadió la jueza y apuntó a que deberían ser los tribunales inferiores los que decidieran cada caso.
“Ilegal e inhumano”
Los defensores de los migrantes en la audiencia calificaron la política de Trump de impedir cruzar la frontera para pedir asilo como “ilegal e inhumana”, al obligar a los migrantes a permanecer en México.
“No se puede pedir a alguien que huye de la violación, la tortura o las amenazas de muerte que espere indefinidamente en peligro simplemente porque un gobierno ha decidido que sus vidas resultan inconvenientes”, declaró en un comunicado Nicole Elizabeth Ramos, del grupo proinmigrante Al Otro Lado.