
Un hombre alto, vestido con pantalón caqui, playera negra y botas, sostenía un cartel con dos nombres a la salida del aeropuerto de Moscú. Por medio del traductor de su teléfono les explicó a los dos mexicanos recién llegados que un vehículo los esperaba para trasladarlos a un hotel, donde descansarían antes de iniciar el trabajo por el que habían viajado miles de kilómetros.
Antes de subir al automóvil, los mexicanos pidieron hablar con el reclutador con quién habían mantenido contacto durante semanas por WhatsApp. No les gustó el aspecto y conducta de quien les recibió. La negativa a contactarlos con el enganchador laboral y lo que siguió cambió por completo el panorama:
“Van a trabajar en apoyo a la Federación Rusa”, recordó Daniel Contreras al compartir su testimonio a La Crónica de Hoy.
Contreras aseguró que, hasta ese momento, la oferta laboral que le habían platicado desde un principio era de seguridad privada en oficinas de Moscú.
“Si desde un inicio me hubieran dicho que era para el Ejército ruso, yo no vengo”, afirmó Daniel.
Convencidos de que habían sido engañados, él y su acompañante dieron media vuelta, se alejaron del hombre que los esperaba y buscaron un taxi que los llevara a la Embajada de México en Rusia. Sin hablar ruso, sin acceso a internet y ni con recursos económicos, esa decisión daría el comienzo de una travesía que se prolongaría durante casi 2 semanas antes de lograr regresar a México.
Pronto descubrirían que no eran los únicos.
Oferta difícil de rechazar
Todo empezó en mayo de este año. Daniel encontró en Facebook una publicación de una empresa denominada como Global Talent Security, que ofrecía vacantes para trabajar en Rusia en áreas de construcción y seguridad privada (seguridad táctica, se leía en algún lado). En el proceso también apareció otra página similar llamada Grupo Avant.
El anuncio prometía prestaciones poco comunes:
- Bono equivalente a 28 mil dólares al firmar el contrato
- Salario mensual de 3 mil dólares
- Hospedaje
- Alimentación
A lo ofrecido en el anuncio público que aparece en redes sociales, se agrega después la posibilidad de obtener la ciudadanía rusa, vivienda al término del contrato e incluso un terreno otorgado por el gobierno ruso, así como préstamos de muy bajo interés.

La publicación incluía un enlace que dirigía a un número de WhatsApp con lada de la Ciudad de México. A partir de ese momento, toda la comunicación fue realizada con llamadas y mensajes.
Daniel nunca conoció personalmente al reclutador; el contacto se mantuvo por WhatsApp a través de mensajes, llamadas y audios. Durante casi tres semanas, él y los demás interesados que se agruparon por ese medio preguntaron cuándo saldrían de México, pero el hombre aplazaba la fecha. Alguna sospecha surgía entre los postulantes al empleo; sin embargo, la confianza se mantuvo cuando, en uno de los audios que les enviaba, el reclutador sostenía que el trabajo no tenía relación con la guerra.

Las dudas no surgieron hasta su arribo a Moscú, en viaje pagado por los empleadores. Según el testimonio de Contreras, fue allí cuando descubrieron que el empleo estaría relacionado con el apoyo al Ejército ruso.
A Contreras le habían explicado que el contrato se firmaría una vez que llegara a Moscú, después de una capacitación de dos semanas, cuando le asignarían el puesto específico dentro de las labores de construcción o vigilancia.
Uno de los elementos que más confianza le generó fue que nunca le solicitaron dinero. Por el contrario, los propios reclutadores compraron boletos de avión, organizaron el itinerario desde Veracruz hasta Moscú con escalas en Ciudad de México, Barcelona y Dubái. También tramitaron una visa rusa original para turista, con el argumento de que la laboral tardaba demasiado en expedirse.
Los requisitos aparentaban ser un proceso formal de contratación al solicitar pasaporte vigente, acta de nacimiento, fotografías, un formulario con datos personales y una declaración escrita de puño y letra en la que afirmaba no padecer tuberculosis ni enfermedades de transmisión sexual.
“Como ellos pagaban todo, uno se fue con la idea de que era verdadero. Nunca sospechamos que hubiera otro fin”, expresó Daniel.
Daniel salió de México el 7 de junio y llegó a Moscú el 9 de junio. En migración respondió que viajaba como turista, tal como lo indicaba la visa.

La llamada que reveló otro destino
Al cruzar la zona de llegadas internacionales encontró al hombre que llevaba un cartel con su nombre y el de su compañero.
Como ninguno de los dos hablaba ruso y tampoco contaban con servicio de telefonía, la conversación se llevó a cabo por medio del traductor automático del teléfono del sujeto, quien les enfatizó que los llevaría a un hotel para descansar y después a comer.
Antes de salir del aeropuerto pidieron hablar con el reclutador.
De acuerdo con el testimonio de Contreras, fue entonces cuando supo que el trabajo consistiría en brindar apoyo al Ejército ruso.
La respuesta contrastaba con las semanas de conversaciones en las que, reiteró, le dijeron que desempeñaría labores de seguridad privada, semejantes a las que pueden existir en México (cuidar entradas, apoyar la seguridad de empresas).
Sin entregar los pasaportes que habían optado por esconder y teniendo a la mano solamente una copia, los dos mexicanos se negaron a subir al vehículo que los esperaba.
Daniel puntualizó que el hombre comenzó a perseguirlos mientras buscaban un taxi. Incluso discutió con el conductor que finalmente aceptó llevarlos hasta la Embajada de México.
“Nos fue siguiendo como 50 metros”, relató.
El taxista esperó a que el sujeto se alejara antes de iniciar el trayecto hacia la representación diplomática mexicana donde su Daniel y su compañero solicitaron ayuda para regresar al país.

Dos semanas de incertidumbre
La Embajada de México en Rusia se volvió en el punto de apoyo para Daniel y su acompañante. Ahí recibieron orientación consular, apoyo para comunicarse con sus familiares y un recurso económico limitado para cubrir gastos básicos de alimentación y hospedaje mientras encontraban la manera de regresar a México.
El entrevistado reveló que el personal diplomático los ayudó a localizar un hostal cercano a la sede de representación mexicana, desde donde acudían con frecuencia para dar seguimiento a su situación.
Durante esos días intentaron abandonar Rusia por Estonia, pero el plan fracasó. Al no contar con la documentación necesaria para continuar el trayecto por territorio de la Unión Europea, fueron enviados de regreso a San Petersburgo.
La situación se complicó aún más. Sin tener medios económicos suficientes, pasaron una noche fuera de la estación del tren, lugar donde no le permitieron permanecer en el interior pese al frío.
Al día siguiente, una persona les prestó un celular para contactar al traductor que colaboraba con la Embajada. Gracias a ese contacto, obtuvieron apoyo para regresar en tren a Moscú y reorganizar su salida del país.
Luego de estar dos días en la capital rusa, finalmente consiguieron boletos de avión con una ruta que integró escaladas en Estambul y Londres antes de aterrizar en la Ciudad de México.
Entretanto, el reclutador había finalmente reaparecido y su tono había cambiado por completo y empezó a enviar mensajes intimidadores.
“Hay que devolver el dinero; ustedes lo tienen que devolver sí o sí”, subrayó Daniel.
Aun así, decidió no interponer una denuncia formal. Recalcó que nunca conoció personalmente al reclutador y que únicamente contaba con un nombre, un número telefónico y las conversaciones efectuadas en WhatsApp.
El reclutador tampoco volvió a insistir para recuperar el dinero gastado en boletos y hospedaje. Sencillamente desapareció; no así los anuncios de reclutamiento que continuaban circulando en redes sociales.

Un regreso con nuevas dificultades
Daniel Contreras regresó a México a mediados de junio. Su compañero continuó el viaje hacia Zacatecas, mientras que él emprendió el regreso a Veracruz.
“Nadie nos recibió. Ya somos adultos y nos tocó afrontar la situación”, comentó.
Su familia tuvo que reunir recursos para ayudarlo a regresar, una carga económica que, indicó, afectó a varias personas de su entorno.
Hoy, a sus 42 años, destacó que la experiencia se ha sumado a los obstáculos que ya tenía para encontrar empleo. Consideró que la edad representa una barrera en muchas vacantes en México y admitió que, aunque no descarta volver a buscar oportunidades fuera de su estado o incluso en el extranjero, ahora verificaría cada detalle antes de aceptar una oferta.
“Se aprende de los errores. Hay que cerciorarse bien de que las ofertas sean verdaderas. No solamente te afecta a ti, sino también a toda tu familia”, reflexionó Daniel.

El caso no es aislado
En lo que Daniel Contreras se encontraba en Moscú, personal de la Embajada le comentó que habían atendido otros casos de mexicanos que enfrentaron situaciones idénticas. Según su testimonio, le refirieron el caso de una persona que pudo escapar de un hotel después de que le retiraran el pasaporte.
Consultada sobre estos casos, la Embajada de México en Rusia confirmó a La Crónica de Hoy que tiene registro de 14 casos cerrados, es decir, de mexicanos ya repatriados que llegaron a trabajar a Rusia con una oferta laboral que, con mentiras los captaba para trabajar pare el Ejército ruso. A esos casos cerrados a los cuales brindó apoyo económico para facilitar el retorno de mexicanos al país, se suman 2 casos que siguen abiertos. Por razones de confidencialidad, la representación diplomática no proporcionó más detalles sobre los expedientes abiertos.
Este diario solicitó información adicional para conocer más detalles sobre los casos relacionados con ofertas laborales y esquemas de reclutamiento, así como las recomendaciones de la representación diplomática para los mexicanos interesados en trabajar en Rusia. Al cierre de esta edición, la Embajada informó que responderá estos cuestionamientos por escrito.
Por su parte, Daniel añadió que decidió compartir su historia con un propósito: advertir a otras personas sobre los riesgos de aceptar ofertas laborales que prometen altos ingresos y múltiples beneficios sin averiguar plenamente su origen.
“Por más atractivo que parezca una vacante, primero hay que asegurarse de que sea real. Uno busca salir adelante, pero una decisión así puede cambiarte la vida y afectar también a toda tu familia”, concluyó.
Asimismo, dijo que antes de aceptar cualquier empleo en el extranjero indagará cada detalle. Lo que no volvería a hacer es viajar a un país en guerra sin saber realmente cuál será el trabajo que le espera: “Una cosa es ir a trabajar y otra es ir a trabajar donde hay una guerra”.
La Crónica de Hoy 2026