
Crónicas marcianas, de Ray Bradbury, son una crítica profunda de la sociedad estadunidense por su imposibilidad de entender lo extraño y su necesidad de homogeneizar el pensamiento, tal como se ha hecho en los últimos dos últimos siglos desde McDonald’s a Hollywood y de Cuba a Vietnam e Irak, señaló el lingüista Luis Fernando Lara en el primer encuentro Ray Bradbury en El Colegio Nacional a 100 años de su nacimiento.
El enfrentamiento entre terrícolas y marcianos propuesto por Bradbury terminó con el exterminio de una civilización por la total incapacidad de concebir a los otros en su extrañeza ya que, aunque los marcianos percibían lo que pasaba por la mente de los estadunidenses, no sabían realmente quienes eran y, por su parte, los estadunidenses tampoco fueron capaces de comprenderlos, por eso unos y otros se mataron entre sí.
En ese sentido, añadió Lara, Bradbury destaca que la telepatía no va a resolver la imposibilidad de reconocernos y comprendernos en la diversidad lingüística y cultural aunque se haya pensado durante siglos que al poder pasar los pensamientos de una mente a otra, sin intervención de la lengua, no se tendrían errores, ocultamientos o mentiras. No obstante, el mismo pensamiento miente y se equivoca.
“Los marcianos pudieron conocer el contenido total de la memoria humana, pero no les interesó entenderlo, sino que los tomaron por locos, lo mismo que suele pasarle a zapotecos o mixtecos en el occidente estadounidense cuando cometen algún delito y no pueden darse a entender pues no hablan inglés; la extrañeza de sus lenguas para la policía hace que se les consideren locos y, efectivamente, esos indios han ido a dar a los manicomios”.
“Hoy sabemos que no hay seres semejantes a los humanos en marte, pero no podemos dejar de pensar que en alguna parte del universo habrá quien sea capaz de entrar en comunicación con nosotros para poder contarles aquí estamos y que quisiéramos comprobar que no somos los únicos del universo”.
Ante esto, la imaginación de físicos, matemáticos e ingenieros se ha centrado en dos temas: la transmisión de mensajes y los mensajes mismos. “La mayoría de los científicos interesados ha venido elaborando complicadas propuestas de lenguajes, todas orientadas a una comunicación de conceptos matemáticos, de hechos físicos y astronómicos que suponen conocimientos necesarios y universales”.
“Las matemáticas son un lenguaje cuyas reglas de composición son claras y unívocas, pero en sí mismas no dicen nada acerca del mundo, sólo lo hacen cuando son instrumentos de la física, la astronomía y de aquellas ciencias que han logrado matematizar sus conocimientos”.
Por ello, con la transmisión de lenguaje matemático los extraterrestres podrían aprenderlo, quizá hacerlo corresponder con sus propias matemáticas y se darían cuenta de que hay en otra parte del universo seres que piensan, pero no sabrían de qué hablamos o pensamos.
“Con perdón de Galileo, el universo no está escrito en matemáticas pues éstas son resultado de la capacidad humana del lenguaje para interpretar el universo y ahí está el verdadero problema de la comunicación extraterrestre: ¿cómo entender nosotros un posible mensaje en un lenguaje extraterrestre y cómo explicar a los extraterrestres, que vehiculan los rayos láser, los mensajes de radios o el lenguaje humano?”
Ambos necesitarían una clave, se responde Lara. “No tengo por qué dudar que hay seres inteligentes en el Universo, también supongo que muchos de ellos podrían tener lenguajes comparables a las lenguas humanas, por eso, todo mensaje recibido o enviado entre la tierra y algún otro planeta tiene que considerar que es posible someterlo a un análisis de lingüista”.
“Las lenguas humanas tienen elementos y reglas, como las matemáticas y los juegos, pero el sentido de sus expresiones no se deduce de ellos, sino de la experiencia humana del mundo y su permanente búsqueda de significarla”.
El cine y la televisión de ficción, remarcó Luis Fernando Lara, nos han acostumbrado a la posibilidad de una invasión extraterrestre, temor que se manifestó desde la historia de George Orwell La guerra de los mundos. Sin embargo, estas narraciones del terror de la invasión extraterrestre siguen contribuyendo a la paranoia estadunidense tan importante políticamente como lo ha venido demostrando Donald Trump.
cambio. El biólogo y Premio Crónica, Antonio Lazcano, señaló que Bradbury perteneció a una generación marcada por la amenaza nuclear ya que las bombas atómicas que destruyeron Hiroshima y Nagasaki no se hicieron explotar para terminar con la Segunda Guerra Mundial, sino para comenzar con la guerra fría.
“Al leer los cuentos de Bradbury descubrí que el temor obsesivo a una guerra atómica que animó a los adultos de mi niñez era el mismo miedo que había sido transformado por Bradbury en metáforas llenas de poesía y, como lo muestran muchos de los cuentos de Crónicas marcianas, Bradbury hizo de su rechazo a las armas nucleares un elemento literario y político”.
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