
l primero fue Lichtenberg y el último será Diderot: en medio del ciclo Tres ilustrados, el miembro de El Colegio Nacional, Juan Villoro, decidió colocar a quien definió como el más importante de todos los ilustrados, Jean-Jacques Rousseau, en la conferencia titulada Rousseau: el atrevimiento de educar, transmitida en vivo la tarde de este miércoles, 18 de agosto, por las plataformas digitales de la institución.
“La figura de Rousseau es absolutamente singular y estamos ante un caso único en la historia de la cultura, si pensamos que él escribió sólo durante 15 años, en que logró hacer obras absolutamente fundamentales en campos decisivos de la cultura, que no suelen ocupar la mente de una sola persona, se necesitan cuando menos cinco intelectuales para lograr lo que él consiguió.”
Durante la conferencia, el escritor resaltó la relación de Jean-Jacques Rousseau con su padre, Isaac, la cual no estuvo libre de controversias, aunque fue muy importante para el filósofo, “de modo que quisiera recordar a mi padre, Luis Villoro, en esta ocasión, con el pretexto de su ilustrado favorito”.
A su parecer, en la figura del autor de libros como Julia, o la nueva Eloísa, El contrato social o Emilio, o de la educación, tenemos a una figura sin parangón, muy difícil de entender y, al mismo tiempo, que alguien pueda rivalizar con él, no sólo en verdad versatilidad, “sino en la profundidad que logró en todos estos géneros: desde renovar la idea del contrato social, la autobiografía, la novela moderna o el sentido de la educación”.
“Nació en 1712 y murió en 1778. Su origen estuvo marcado por una circunstancia trágica que nunca lo abandonó: su madre falleció días después de dar a luz y, en cierta forma, se sintió culpable de la muerte, además de que la relación con su padre no fue menos intensa”, al grado de que “toda su obra es un intento por sistematizar esa vida un poco loca y desordenada de su padre”.
“La vida de un inventor, de alguien que debía medir el tiempo, que era un viajero aficionado, que tenía muchas curiosidades dispersas, pero ninguna que pudiera articular todas estas curiosidades y que creía en la libertad y la igualdad de las personas y que afirmó su identidad repitiendo una y otra vez su propio nombre. Todo esto está presente en la obra de Rousseau.”
Una obra que tardó en desarrollarse escasos 15 años, lo cual bastó para transformar de manera permanente la historia de la cultura, destacó el colegiado, quien recordó los inicios de Rousseau en la escritura: la Academia de Dijon hizo un concurso en donde preguntaba qué tanto ha influido la cultura en beneficio de la humanidad.
“Rousseau escribe un ensayo, lo firma sin su nombre, donde dice: ‘toda la educación, toda la cultura no ha hecho lo suficiente por mejorar al género humano. El género humano ha empeorado en sociedad’. Ahí ya adelanta una de sus principales ideas, la de que la naturaleza es buena y el orden natural es un orden puro, no corrompido y que el ser humano empieza a convertirse en una figura pícara, abusiva, en sociedad: la maldad surge en convivencia con los demás, no es inmanente al ser humano.”
A partir de esa mirada negativa, advierte que la cultura no ha servido lo suficiente y eso es algo que se puede constatar en nuestros días, en palabras de Juan Villoro, sobre todo cuando vemos lo que ocurre en nuestro mundo: grandes universidades, grandes bibliotecas, premios Nobel que han hecho cosas extraordinarias, “pero el género humano sigue dejando mucho que desear: ¿Cómo explicar esto? ¿Cómo explicar que no basta la cultura para mejorar al género humano?”
“Como toda persona está hecha de contradicciones, él en todas sus argumentaciones trata de manejar los distintos aspectos de una misma circunstancia. Esta discusión interior, una y otra vez, hace que él piense para advertir que el pensamiento puede tener efectos corruptores: critica el pensamiento a medida que va pensando, lo cual no quiere decir que el abjure de la razón, sino la problematiza, la pone en tela de juicio y eso es muy interesante, porque una vez desatada la cultura, para Rousseau ya no es posible volver al estado natural.”
Emilio y la educación
En su autobiografía, Rousseau se critica a sí mismo sin miramientos, no se pone nunca en la mejor luz: al decirlo todo, menciona cosas absurdas y profundamente neuróticas; incluso, nunca ofrece un argumento para pensar que ya lo dijo todo, porque lo que dice a continuación empieza a contradecir lo que ya había dicho antes.
“Es un teatro de la discusión continua”, enfatizó Juan Villoro, “que llega a decir ‘nada menos parecido a mí yo, que yo mismo’. Hay que imaginarse esta continua descripción de sí mismo como alguien que está en continúa tela de juicio.”
Durante su conferencia, el integrante de El Colegio Nacional abordó de manera especial el libro Emilio, o de la educación, la historia de un personaje imaginario, Emilio, que crece en soledad, que es huérfano, se parece mucho a una novela, donde se convierte en educador de este niño imaginario.
“Al educar a un niño, dice Rousseau: ‘no otorguéis a sus deseos porque lo pida, sino porque lo necesite’. La idea de necesidad es fundamental y tiene que ver con el estado de naturaleza. La naturaleza, en sus orígenes, dio al ser humano ciertas necesidades. Hoy en día, como seres sociales, tenemos otras necesidades y cuáles son las necesidades válidas, las que debemos satisfacer, qué nos convierte en sujetos integrales.”
Un libro que no sólo podía considerarse como una obra de madurez, sino que refleja buena parte de las contradicciones del pensador y del ser humano, de acuerdo con Villoro: los intelectuales suelen ser pésimos padres y él tuvo cinco hijos a quienes mandó a un orfanatorio y, después de mandarlos, “escribió probablemente la mayor obra maestra de cómo educar a un hijo”.
“Hay aquí una paradoja difícil de aceptar, sobre todo en alguien que apelaba mucho a la congruencia entre vida y obra, que repudiaba a Voltaire por ser un cortesano que recibía favores de Prusia y, al mismo tiempo, criticaba el poder autoritario. Hay un elemento difícil de aceptar en Rousseau y, desde luego, esto no lo hace una estupenda persona, son los claroscuros de los grandes pensadores.
“En el libro se le dará voz a los niños, no se la dio a sus propios hijos, pero sí a este personaje imaginario. Muchas veces, los escritores y los intelectuales son mejores para concebir cambios abstractos en el mundo, que para mejorar su propio mundo. El libro es sumamente audaz porque se opone a la educación en curso que da el Estado y que da la iglesia.”
Rousseau era enemigo de todas las modas en curso, de todo canon, de toda tradición. No podía pactar con los demás: al educar a su huérfano, a Emilio, empieza experimentar Rousseau con las singularidades que sólo están en su mente y que no son propias de su época, al menos no son moneda corriente.
Por ello, explicó el colegiado, desde el punto de vista de la estructura, la obra es fascinante porque es una especie de registro teatral: “hay diálogos que son como parlamentos teatrales, hay mucho de novela, anécdotas personales, hay referencias a los clásicos grecolatinos, hay incluso consideraciones legales. El libro tiene una forma híbrida”.
La conferencia Rousseau: el atrevimiento de educar se encuentra disponible en el canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx.
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