Cultura

Escribir es importante para no olvidar a México, dice Reyna Grande

Reportaje. La producción literaria chicana aborda diferentes temas, pero sobre todo la situación de la inmigración indocumentada, con sus difíciles condiciones de vida en la unión americana y la separación de familias, señala Roberto Cantú, investigador de la Universidad Estatal de California

Mujer joven sentada en el césped
Mujer joven sentada en el césped Mujer joven sentada en el césped (La Crónica de Hoy)

La literatura chicana actual o como los escritores la denominan “latino”  aborda temas como la guerra, la historia de las mujeres migrantes obreras en Estados Unidos, pero sobre todo la situación de la inmigración indocumentada, con sus difíciles condiciones de vida en la unión americana y la separación de familias, donde además sus autores buscan “escribir para no olvidar a México”.

Escritores como Alfredo Véa, María Amparo Ruiz de Burton y Reyna Grande son tema de estudios en diferentes universidades del país vecino, en dichas instituciones encuentran difusión, preservación, además de ser considerados como una aproximación a la realidad de los migrantes.

La presencia de la literatura mexicana en Estados Unidos lleva bastante tiempo y se caracteriza por criticar eventos específicos, tal es el caso de Historia de la Nueva México (1610), de Gaspar Pérez de Villagrá (1555-1620), poema que narra la exploración  y colonización encabezada por Juan de Oñate de lo que hoy es Nuevo México.

En entrevista, Roberto Cantú, investigador de la Universidad Estatal de California, comenta que a mediados del siglos XIX, después del Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), “brotó una rama que hoy se entiende como los orígenes de la literatura chicana”, con  Who Would Have Thought It? (Filadelfia, 1872) y The Squatter and the Don (San Francisco, 1885), de María Amparo Ruiz de Burton (1832-1895).

Durante el siglo XX la literatura mexicana realizada en Estados Unidos fue denominada como “Mexican American”, pero fue hasta los años 70 que se le llamó literatura chicana: “Hoy tenemos una joven generación de escritores de descendencia mexicana, la cual raramente se identifica como “chicana”, prefieren definirse como “latino”. Los cambios de identidad pueden verse como síntomas de un problema fundamental dentro de Estados Unidos, donde impera la idea errónea de que hay razas superiores y otras que son inferiores. Bajo la administración de Donald Trump, los mexicanos y chicanos pertenecemos a la segunda categoría.

“Su desconocimiento se debe a dos razones: la primera novela fue publicada en forma anónima; la segunda, bajo el seudónimo C. Loyal, o Ciudadano leal, pero con el sentido de Se Leal.  Las dos novelas fueron lanzadas en 1992 por Arte Público Press, y la crítica literaria chicana recibió con entusiasmo y conmoción lo que se manifestaba como un antecedente de la literatura chicana en el sentido de ser una narrativa que criticaba y satirizaba con inteligencia el racismo y materialismo anglosajón.  El enfoque crítico y mordaz en The Squatter and the Don pone al descubierto el saqueo y el robo de personas estadunidenses de propiedades pertenecientes a los californios”, explica Roberto Cantú, professor en California State University, Los Ángeles.

Quinto Sol Publications surgió en la Universidad de California en Berkeley y entre los títulos que editó se encuentran  ...y no se lo tragó la tierra (1971), de Tomás Rivera; Bless Me, Ultima (1972), de Rudolfo Anaya; y Estampas del valle y otras obras (1973), de Rolando Hinojosa.

“Esta primera generación de escritores chicanos fue reconocida internacionalmente, sin embargo al principio no pudieron publicar sus obras en casas editoriales de Nueva York, Boston, o Filadelfia. Ahora la situación es diferente debido al mercado de la literatura en departamentos de estudios chicanos en universidades y por el creciente  número de estudiantes de descendencia mexicana. La Universidad de Oklahoma, por ejemplo, ha incluido una serie de publicaciones bajo el título de Chicana and Chicano Visions of the Américas, en la que se han publicado novelas de Rudolfo Anaya, Denise Chávez, Demetria Martínez y Alfredo Véa, entre otros”, explica Roberto Cantú.  

Actualmente Arte Público Press, fundada en 1979 por Nicolás Kanellos en Texas, es considerada una de las editoriales más relevantes que publica a literatos chicanos.

“En The Mexican Flyboy (2016), de Alfredo Véa, el personaje central viaja por medio de una maquinaria a la Francia de Juana de Arco, a una ejecución. Con esta novela la narración chicana vuelve a sus orígenes cimentados en The Squatter and the Don, de María Amparo Ruiz de Burton, mostrando una vez más la gama humana en su carácter persecutorio e injusto desde la antigüedad hasta la Alemania de Hitler, sus campos de concentración y la historia de los Estados Unidos”.

“Entre la diversidad en los temas se distinguen historias constantes e inconfundibles: la representación de personas de origen mexicano ya sea en la economía o en las campañas militares de los Estados Unidos en otros países donde soldados chicanos luchan y mueren. Otro tema que ha cobrado importancia es el de la inmigración indocumentada a los Estados Unidos de los mexicanos. En este género narrativo ha surgido el ensayo y novelas de Reyna Grande”, declara el investigador.

Sus hermanos y Reyna se quedaron en casa de su abuela paterna, quien no los quería: “Fueron ocho largos años de esperar el día en que nuestra familia volviera a estar junta. Esa experiencia de separación familiar me dejó con mucho dolor, miedo, tristeza y tanto trauma que hasta hoy todavía me duele que mis padres no estuvieron conmigo en una etapa tan importante”.

Luego de un tiempo, sus padres construyeron la casa en Iguala, aunque nunca vivieron en ella, pues se separaron, cada quien inició una nueva familia: “Mi padre ya no quería regresar. En Iguala no había nada de oportunidades, sólo pobreza. Él volvió por nosotros y con la ayuda de un coyote nos cruzó a mí y a mis hermanos por la frontera”.

A los 10 años, Reyna llegó a Los Ángeles como indocumentada, ciudad donde se dio cuenta que su familia nunca volvería a ser la misma. “Mi familia pagó un precio muy alto por el sueño americano”.

La escritora estudió en la Universidad de California en Santa Cruz, luego publicó Across A Hundred Mountains (2007, traducida por ella al español como A Través de Cien Montañas, 2011), descrita por Roberto Cantú como una “novela de fronteras, de muerte y vacío, de transfiguración y adaptación, escrita en inglés y narrada con voluntad de estilo y de  experimentación estructural, con una dimensión claramente autobiográfica, la cual cede su sitio a la experiencia colectiva de miles de mexicanos que cruzan la línea fronteriza sin documentos, pero con la ilusión de alcanzar la prosperidad en sus vidas”.

Con la intensión de aprender el idioma, Reyna Grande comenzó a escribir a los 13 años. Escribía poemas y cuentos en inglés. “Me enamoré de la escritura porque cuando hablaba en inglés todos se reían de mi acento, pero cuando escribía lo hacía muy bien y en mi escritura no se escuchaba mi acento de “mojada”. Para mí era importante escribir para no olvidar a México, a la familia que dejé, mis raíces. Mi meta como escritora es escribir sobre los inmigrantes en una forma que ayude a la gente a tener claro todos los sacrificios que los inmigrantes hacemos, y que nos vean como seres humanos, que nos traten con respeto y compasión”.

La también traductora se declara seguidora de Sandra Cisneros, Julia Álvarez, Helena María Viramontes, Valeria Luiselli, Gloria Anzaldúa, Daisy Hernández y Maceo Montoya, sin dejar de lado a Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Laura Esquivel y Ángeles Mastreta, pero ¿qué sucede con la recepción de su trabajo?

“Mis libros han sido bien recibidos por los lectores. Tengo tres diferentes lectores: 1) el lector inmigrante, algunos me ha dado las gracias por escribir un libro que relata su propia historia, porque la historia del inmigrante es global. 2) el segundo lector no es inmigrante, pero es hijo o hija de un inmigrante. Ellos me dicen que mi libro les ha ayudado a comprender las experiencias de sus padres o abuelos. 3) El tercer lector es el que ya no tiene contacto directo con la inmigración, ellos me dicen que mi libro les ayudó a abrir los ojos sobre cómo la inmigración afecta a las familias. A través de mis libros he ayudado a varias personas a tener más compasión por los inmigrantes en sus comunidades”. 

Para el investigador, no se puede hablar de una evolución en la escritura chicana, pues “la historia literaria es desigual. El arte narrativo goza apogeos y caídas, cumbres y descensos. La novela no es periodismo, sin embargo, lo incluye tanto en su voluntad de estilo cuanto en su visión integradora de una época, sus personajes y sus conflictos. Tenemos épocas, sin embargo, que sirven de estímulo no solamente para la germinación de escritores que se reconocen como una generación”.

Por otra parte, Reyna Grande afirma que no escribe sobre política, aunque sí realiza novela y memorias que tocan el tema, pero no de la manera en que lo hace un periodista o un ensayista: “Claro que todo tipo de escritura es política. Como escritora creo que a través de mis escritos puedo alzar la voz y tocar el tema y criticar a nuestros gobiernos, pero en una forma que no es tan obvia. Es a través de mis personajes y las experiencias que entrego mis mensajes sobre lo que pienso de nuestros líderes políticos”.

Reyna Grande no es chicana por completo porque, sostiene, no nació en Estados Unidos. “Soy entonces una escritora de la generación 1.5, ni de aquí ni de allá. ¿A dónde pertenezco? ¿Aquí? ¿Allá? ¿A ningún lado? Quién sabe”.

Reyna Grande admira a Sandra Cisneros, escritora a la que Lydia Davis conoció hace un par de años. “Sandra nació en Estados Unidos y tenía contacto constante con México. Fue muy interesante conocerla y tomar conciencia de la dificultad que puede plantear una identidad dual”, concluye Lydia Davis.

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