
Jorge Asbun Bojalil es un escritor nacido en la Ciudad de México en 1977. Es autor de libros como Retorno al inicio (2003), Itinerario de viaje (2007) e Intervalo poético (2011). Como parte de su carrera como investigador y editor reunió los escritos del pintor Raúl Anguiano, y ha antologado poemas de escritores como Dolores Castro, Raúl Renán y Alberto Ruy Sánchez. A comienzos de este 2019, Asbun Bojalil presentó su más reciente poemario, Rumbo navegable (Ediciones del Lirio), y sobre él charlamos con el autor:
— Rumbo navegable es un poemario que va de las imágenes terrenales a las ensoñaciones. ¿Qué construiste en este libro?
— Es correcto, en varias ocasiones echo mano de algo o alguien para detonar las ensoñaciones, hacer viajes hacia tal o cual momento, recreaciones a partir de lo que soy ahora. Soy apasionado de los textos de Bachelard, que dan cuenta de una fenomenología que se asocia a lo ensoñado. Varios de los grandes poemas que se han escrito se logran gracias a estos momentos, particularmente me han influenciado poemas como “Segundo sueño”, de Bernardo Ortiz de Montellano; “Pasado en Claro”, de Octavio Paz; “Muerte sin fin”, de José Gorostiza”; Responso del Peregrino”, de Alí Chumacero; “El corazón transfigurado”, de Dolores Castro, entre otros. Lo que pretendí hacer con este poemario es zarpar, salir a mar abierto y dejar que la poesía se liberara; creo firmemente que la poesía actual en México se encuentra atascada, detenida, sin evolución alguna. Mi apuesta es por una poesía que se mueva. Un movimiento nuevo. Para mejorar o para empeorar eso es ya cosa aparte, pero que se sacudan las formas todas; ya será el tiempo, los lectores o la crítica literaria quienes se encargarán de dar su dictamen.
— Hay versos de Dolores Castro dentro del poemario. ¿Por qué y qué significan para ti?
— Hay un poema de Dolores Castro que me acompaña en el poemario, y esto se debe a que sufrí uno de los dolores más fuertes que puede vivir un hijo, y es la pérdida de la madre y el padre, en mi caso, Juan, mi padre, falleció y quedé totalmente a la deriva…. Por suerte, algunos de mis amigos me dieron sus palabras, y también sus silencios no para pasar el momento, sino para valorarlo, para entenderlo y sobre todo entenderme y proyectarme a partir de ese momento. Terminé un poema que comencé a escribir cuando mi padre estaba internado en el Centro Médico Siglo XXI, y se lo mandé a Dolores Castro, ella, poeta al fin, entendió lo que hay que entender de este tipo de comunicación, y me respondió con un poema, también en alusión a mi padre. Queda ahí ese homenaje a dos voces para él.
— Eres autor de diversos libros de poesía, ¿cómo han cambiado tus poemas a lo largo del tiempo?
— Hace unos días le preguntaron precisamente a Dolores Castro que qué había cambiado de su poesía a lo largo de su quehacer literario, y dijo algo que me pareció genial: “Mi poesía nada, yo sí”. Quizá yo vaya un poco más lejos; si bien es cierto que en esencia uno se concibe como poeta desde la infancia, sí hay un manejo diferente en cuanto a las formas y lo complicado o transparente que uno quiera ser para compartir eso que uno ve o siente. Yo también me siento el mismo, siento que tengo ese lenguaje diferente desde que nací, pero también estoy seguro de que los miles de poemas leídos desde que tengo once o doce años hasta ahora recién cumplidos los cuarenta y dos, han venido depurándose, hasta llegar a ésta, que pienso como una apuesta por algo diferente, una apuesta o un aporte. Seguro si yo no hubiera tenido todas mis lecturas, todos los estudios, difícilmente sabría qué ya se hizo en poesía, y qué habría que intentar cubrir. Quizá me la pasaría escribiendo puros lugares comunes que yo sentiría como los grandes descubrimientos.
— ¿Qué es la poesía para ti en este siglo XXI?
— La poesía es la forma de comunicación escrita más elevada que existe, y a la cual puede aspirar un ser humano; con esto quiero decir que es la comunicación más íntima, pues se da en la mayoría de las veces en solitario, pero a la vez más universal pues habla de lo que somos como seres humanos. Muchas veces en la academia se cuestiona a las humanidades y a la literatura, debido a que no hay una forma de comprobar las teorías, y no ven utilidad inmediata, a lo más vislumbran un valor estético: Falso. La poesía habla de lo que somos, repito, de nuestros miedos, emociones, sentimientos, alegrías, deseos…. Es comprobable pues cuando uno lee por ejemplo “Busco un hombre y no sé si sea para amarlo o para castrarlo con mi angustia”, versos de Enriqueta Ochoa, vamos descubriendo la esencia de lo que somos, o dónde estamos, y nos entendemos más y al entendernos más entendemos mejor al otro a los otros, lo que, en resumen, nos hace más humanos.
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