Cultura

“Miguel León-Portilla fue un gran antropólogo, algo que poco se habla”

Rinden homenaje al historiador y nahuatlato con la presentación del libro Mapa de México-Tenochtitlan y sus contornos hacia 1550, una de las últimas obras que trabajó el Premio Crónica.

Presentación de un libro sobre la historia de la botánica en México
Presentación de un libro sobre la historia de la botánica en México Presentación de un libro sobre la historia de la botánica en México (La Crónica de Hoy)

El nahuatlato Miguel León-Portilla (Ciudad de México, 1926-2019) fue recordado ayer en el Museo Nacional de Antropología con la presentación del libro Mapa de México-Tenochtitlan y sus contornos hacia 1550, una de las últimas obras que trabajó el también Premio Crónica y la cual conoció hace un par de días Alejandra Frausto Guerrero, secretaria de Cultura, quien impulsó que la presentación del libro formara parte de los homenajes nacionales a León-Portilla.

Aunque la Secretaria no asistió al evento, estuvieron presentes  Ascensión Hernández Triviño, viuda del que fuera investigador emérito de la UNAM, y Gerardo Hierro, esposo de María Luisa León-Portilla.

El evento comenzó con las palabras del geógrafo Gerardo Hernández Medina, alumno de León-Portilla, quien dijo que el libro muestra el “gran gusto que tuvo nuestro maestro por la cartografía y los mapas antiguos. Este mapa publicado en 1986, don Miguel quiso volver a publicarlo pero ya mejorado, para que la gente tuviera mayor acceso a él”.

Marina Anguiano, etnóloga e hija del pintor Raúl Anguiano, comentó que Miguel León-Portilla fue un gran antropólogo, faceta de la que pocos hablan.

“Considero que él, aunque su formación académica ha sido la historia, no se quedó ahí, fue antropólogo, lingüista, etnólogo y amante de los pueblos indígenas no sólo en el papel ya que varios de sus premios los donó para las comunidades originarias, eso era también una antropología aplicada”, señaló.

Anguiano recordó el momento en que el autor de Visión de los vencidos colaboró con el Sistema de Transporte Colectivo Metro para que el nombre de la estación Mixiuhca estuviera bien escrito.

“Estuve trabajando diez años por gusto en la Magdalena Mixiuhca y cuando estaba buscando documentos históricos de la zona, le hablé a Miguel y le dije: ¿dónde puedo encontrar información, la más antigua?, y me respondió: revisa el Códice Azcatitlan. Y sí, ahí estaba el glifo de la Mixiuhca que es el lugar del parto. Me apoyó con escritos para que la estación del Metro Mixiuhca se escribiera bien, él mandó una serie de cartas al director”, dijo.

En su participación, el historiador Rafael Tena Martínez señaló que en 1986 se publicó  una edición no comercial de la obra Mapa de México-Tenochtitlan y sus contornos hacia 1550, de la coautoría de Miguel León-Portilla y Carmen Aguilera.

“A cumplirse 30 años de esa primera edición, el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM y Ediciones Era decidieron hacer una coedición revisada y mejorada de la obra, se actualizaron el texto de la introducción y la bibliografía para incorporar los estudios que recientemente han aparecido sobre el tema, se afinó la configuración de los glifos topológicos y su identificación con los sitios correspondientes para lo cual se contó con la colaboración de Mario Alberto Sánchez Aguilera, Josué Franco Sainz y Gerardo Hernández Medina y se digitalizaron las imágenes”.

Esta segunda edición, indicó, consta de 174 páginas y está acompañado por una lámina a colores que reproduce facsimilarmente al tamaño del original, el mapa de México-Tenochtitlan que también se conoce también con el nombre de Mapa Uppsala porque su original se conserva en la Universidad de dicha ciudad sueca.

“¿Cómo llegó hasta esas tierras lejanas este mapa de México-Tenochtitlan? Sabemos que un francés publicó en 1796 en dos volúmenes sus recuerdos de un viaje hecho en los años de 1790 a 1792 por varios países nórdicos, allí refiere que en su visita a Estocolmo pudo ver en la colección del más tarde obispo Karl Gustaf dos piezas notables”.

La primera es una carta matrícula manuscrita hecha para Carlos V por Alonso de Santa Cruz y un mapa de México que está coloreado en donde se lee una dedicatoria al emperador, agregó.

“Se presume que el mapa se encontraba en Suecia desde unos 100 años antes de que fuera descrito y que se había obtenido, probablemente, por compra en España hacia 1700 o por saqueo en la ciudad de Praga por la Guerra de los 30 años. En 1790 fue donado al gobierno de Suecia, de cuya biblioteca pasó a la Universidad de Uppsala. En 1889 se redescubrió el mapa y se difundió en México en 1939 en el Congreso Internacional de Americanistas”, detalló.

El mapa está pintado sobre dos trozos de piel curtida de venado, unido horizontalmente y mide 1.14 metros de largo por 78 cm de ancho, esto es, que su superficie total no rebasa el metro cuadrado.

México era una ciudad intensamente verde pero a la vez una ciudad muy luminosa por la claridad de su aire sutil, añoramos ese paisaje.

El etnohistoriador Eduardo Corona comentó sobre el mapa que, más allá de su valor geográfico, fue el resultado de una necesidad (de los españoles) por conocer la economía, los recursos naturales y la vida social de Tenochtitlan.

“Resultado de un planteamiento diferente de la política española respecto a las sociedades mesoamericanas. Si bien es cierto que ya tenían muchos relatos de capitanes, soldados sobre la Conquista no era suficiente para conocer Mesoamérica  y la Nueva España”.

En opinión del experto, el mapa se pidió para saber cómo era realmente México y su distribución de recursos. “De principio el mapa responde a esta idea, pero no a la idea española sino a la visión mesoamericana de crear mapas. ¿Para qué se pinta este mapa?, aquí es la actividad económica, no sólo el aspecto geográfico sino la actividad humana de usar los recursos de manera múltiple”.

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