Opinión

Esplendoroso autoengaño

Un hombre sostiene una bandera de Morena
Un hombre acomoda una bandera de Morena Un hombre acomoda una bandera de Morena (Cuartoscuro)

Decía el líder comunista italiano Palmiro Togliatti, a propósito del fascismo: “quien se equivoca en el análisis, se equivoca en la orientación política”.

La cita viene a cuento por el autoengaño que trasluce en una declaración, firmada por los miembros del Consejo Consultivo de Morena, quienes, en un intento por defender la estrategia de seguridad seguida por el gobierno de Sheinbaum, y de prevenirse contra las protestas y el malestar que ha generado recientemente, hacen un diagnóstico que peca de optimista sobre la situación que vive el país.

El desplegado dice que, en un contexto internacional oscuro, porque “el mundo vive tiempos de regresión rumbo a la barbarie”, México vive una “circunstancia esplendorosa”. Explican que ese esplendor nace del advenimiento de la Cuarta Transformación, de la que enumeran virtudes y logros, contando entre éstos varios que son inexistentes, empezando por el robustecimiento y ampliación de la democracia.

De ahí pasan a criticar a una “derecha”, a la que ven como un solo bloque, organizado y con estrategia, que querría regresar a las políticas calderonistas en materia de combate a la delincuencia. Esta derecha buscaría “tripular los descontentos justificados, las causas legítimas, los movimientos auténticos y las banderas del pueblo para forjar instrumentos de golpeteo político y propagandístico contra el proceso de transformación en curso”.

No sé si los miembros del Consejo morenista crean a pie juntillas lo que escriben y firman. Lo cierto es que, a partir de ahí, se deriva una orientación política dirigida a apuntalar la estrategia actual en materia de seguridad y a considerar cualquier rechazo a la misma, así sea derivado de “descontentos justificados”, como una acción de la derecha que quiere acabar con los gobiernos y las conquistas de la 4T. No importa si la causa es legítima y toma banderas del pueblo, en el fondo son actos de la reacción que quiere desestabilizar el gobierno transformador. O, como diría un marxista trasnochado: “son actos subjetivamente democráticos y populares, pero objetivamente reaccionarios y burgueses”.

El problema de entrada está en el análisis. En la “circunstancia esplendorosa” que, según ellos, vive el país. No es, ni siquiera, que no haya un ápice de autocrítica. Tampoco hay, en esta visión, la perspectiva de problemas reales a la vista, sean económicos, sociales o de seguridad. El único problema que se advierte es la posibilidad de una ofensiva opositora, a partir de las dificultades coyunturales que resultan del accionar de los grupos criminales en distintas zonas del país.

En México, ciertamente, hemos visto en los últimos años una disminución de la pobreza por ingresos, derivada de manera casi exclusiva del aumento de los salarios reales. Eso, y el rechazo a los partidos tradicionales, explica el alto índice de popularidad de la presidenta Sheinbaum. Pero esa popularidad, si leemos las encuestas, no se trasvasa a todas las áreas de su gobierno. En particular, hay cada vez menor satisfacción con los resultados en seguridad pública.

A eso habría que agregarle al menos tres factores, que los morenistas harían bien en analizar, en vez de echarse flores.

Uno es que México continúa por la ruta del estancamiento estabilizador. A falta de inversión pública y con una inversión privada deprimida por la ausencia de garantías de todo tipo, es de esperarse en el mediano y largo plazos que la economía siga por el patrón de crecimientos exiguos o nulos. Esto se traduce en falta de empleos y en dificultades para que los salarios sigan creciendo.

El segundo, que la estrategia de priorizar el rescate a Pemex y las ayudas directas sigue impactando negativamente el gasto social en educación, salud, vivienda e infraestructura. Hay un poco más de dinero, pero servicios públicos cada vez más deteriorados. El fetiche de la soberanía costará a las arcas nacionales 30 mil millones de pesos sólo para el ejercicio fiscal de 2026. Y hay un límite a la privatización de los servicios públicos, que es lo que de hecho sucede cuando el gasto social se desploma.

El tercero, que la persistencia de zonas en el país en donde, más que el gobierno, quien manda es la delincuencia organizada, resulta naturalmente en un deterioro de la imagen gubernamental, y más allí donde se percibe colusión de las autoridades con los criminales.

Todos estos temas deberían ser abordados por el morenismo, si de verdad quisieran mantenerse en el poder para transformar en positivo al país. Pero no, se prefieren el autoengaño, la propaganda y la reiteración de una estrategia, la de echar culpas a una derecha omnipresente, que pudo haber tenido éxito en el pasado, pero no tiene garantía alguna de seguirlo teniendo en el futuro. En esa estrategia la derecha, hoy debilitada, confusa y desunida, es presentada como algo compacto y con propósitos malignos.

Queda claro que la propuesta es descalificar, a como sea, cualquier disidencia respecto a la ruta del gobierno, de cualquier color, o aunque no tenga ninguno. Colgarle el sambenito de derechista a todo crítico u opositor. Y, si leemos más a fondo el texto del Consejo, apostar primordialmente al largo plazo, al cambio en las condiciones materiales de la sociedad, para terminar con el flagelo del crimen organizado. Precisamente la ruta de AMLO, que tan malos resultados dio (aunque en esa visión los resultados no importan, porque México vive una circunstancia esplendorosa: no gobierna la derecha).

Ese esplendoroso autoengaño es indicador de una pérdida de piso, que puede resultar en un traspiés, y en inestabilidad nacional. Malas noticias para Morena. Buenas noticias para la oposición (incluida la de derechas, pero no sólo ella).

fbaez@cronica.com.mx

Twitter: @franciscobaez

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