
La airada reacción de la presidenta (con A) --algunos dirían furibunda reacción--, porque “El universal” publicó fotos de las personas afectadas por el accidente ferroviario del corredor Interoceánico, permite reflexionar sobre la propiedad, el uso y el aprovechamiento de las imágenes.
De todas las imágenes, pero en casos como este, las relativas al dolor como triste e inseparable componente de una desgracia. Esa es la función del periodismo, aunque quienes ignoran su naturaleza o por conveniencia fingen no entender, propalen otra ontología.
La principal crítica presidencial fue por no haberles solicitado a las víctimas su permiso para publicar. Cuidado, cuando se habla de víctimas también se debe hablar de victimarios, no solo de infortunio.
En el año 1972, durante la guerra de Viet Nam, el mundo estremecido miró la imagen de una niña corriendo desnuda por una carretera de Trảng Bàng toda quemada. Los vietcong habían tomado la población y los aviones estadounidenses derramaban Napalm para repelerlos. Nick Ut, fotógrafo vietnamita registró el horror de quienes huían del fuego.
Esa fotografía mostró con elocuencia los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en Indochina.
Pero de acuerdo con la actual lógica del poder en México, se trató de una canallada porque Nick Ut no le pidió permiso a la niña Phan Thị Kim Phúc ni para fotografiarla mientras huía, ni para divulgar su imagen. Muchos años después, Facebook la borró de su acervo, por violatoria de su política sobre desnudos.
En el año 2003 Susan Sontag publicó un libro interesante: “Ante el dolor de los demás”, en el cual reflexiona sobre este tema. Todo parte de las dudas de Virginia Woolf sobre la guerra y la forma de verla; de los testimonios y las fotografías:
“En el montón de esta mañana (de las muchas imágenes divulgadas por el gobierno de España durante la Guerra Civil de ese país), hay una fotografía de lo que puede ser el cuerpo de un hombre, o de una mujer: está tan mutilado que también podría ser el cuerpo de un cerdo.
“Pero estos son ciertos niños muertos, y esto otro, sin duda, la sección vertical de una casa. Una bomba ha derribado la sala de estar; todavía hay una jaula de pájaro…
“La manera más resuelta y escueta de transmitir la conmoción interior que producen estas fotografías consiste en señalar que no siempre es posible distinguir el tema: así de absoluta es la ruina de la carne…” Pero nadie les pidió permiso. Ni antes ni después.
Cuando en enero de 1945 los soldados soviéticos liberaron a los presos del campo de Auschwitz, y entre ellos había fotógrafos, --como Alexander Vorontsov--, quienes con las imágenes de los sobrevivientes mostraron y demostraron la dimensión el holocausto.
Pero tampoco les pidieron autorización . Zopilotes.
El poder siempre fabrica culpables cuando quiere ocultar sus pecados. La corona británica disfrazó la muerte de Lady D con una persecución de paparazzi.
Así son todos (y todas).