
La semana pasada se publicó un artículo de revisión en el New England Journal of Medicine sobre paro cardíaco súbito en atletas (10.1056/NEJMra2312555), del cual me pareció interesante traer una síntesis a este espacio. Dado que los atletas de alto rendimiento generalmente son jóvenes y los percibimos como las personas más sanas, con pocos o nulos vicios y con alimentación balanceada, la muerte de cualquiera de ellos por un paro cardíaco súbito es un evento impactante que, además, ocurre con frecuencia ante las miradas de miles de espectadores presenciales o por medios electrónicos.
Los estudios epidemiológicos para conocer el tamaño del problema muestran resultados diversos debido a la variedad de definiciones que utilizan para delimitar el asunto. Sin embargo, lo que sí se puede decir con cierto grado de certeza es que los paros cardíacos súbitos en atletas son por mucho más frecuentes en hombres que en mujeres y son el doble de frecuentes en atletas de raza negra que de raza blanca.
Los deportes en los que se han visto más casos de paros cardíacos son básquetbol, fútbol, tanto soccer como americano, hockey sobre hielo y las carreras de campo traviesa. En la mayoría de los casos, el paro cardíaco se debe a algún problema interno, aunque existen los que son ocasionados por un golpe en el pecho, conocido como commotio cordis, que fue el caso de Damar Hamlin, que cayó en paro cardíaco en aquel partido de la NFL entre Buffalo y Cincinnati que comenté en este espacio a inicios de 2023 (Diario La Crónica 9/1/2023).
Las causas son diversas y también es difícil tener claro el porcentaje de cada una debido a las diferentes definiciones y a la profundidad con que se haya podido estudiar al atleta. En los niños y jóvenes, las causas más frecuentes son problemas congénitos o estructurales del sistema
eléctrico del corazón o del músculo cardíaco, mientras que en mayores de 25 años, lo más frecuente es por enfermedad coronaria. Dentro de las causas hereditarias, la cardiomiopatía hipertrófica es importante. Es una enfermedad en la que se engrosa la masa ventricular debido a defectos genéticos demostrables en el 30 al 60 % de los casos. La masa ventricular aumentada puede obstruir de forma súbita la salida de sangre del ventrículo y provocar paro cardíaco. También existen otras patologías cardíacas como la cardiomiopatía arritmogénica, la fibrosis miocárdica idiopática, las anomalías congénitas de las coronarias y las anomalías de las vías de conducción eléctrica con el corazón, como el síndrome de Wolf-Parkinson-White (WPW) o el de QT largo.
La prevención es la acción más importante para reducir la frecuencia de eventos. La Asociación Americana del Corazón recomienda que todos los atletas sean estudiados con una historia clínica completa y un electrocardiograma. De acuerdo con un metaanálisis que comentan, en 47,137 atletas se detectó síndrome de WPW en 1 de cada 703 y cardiomiopatía hipertrófica o síndrome de QT largo en uno de cada 2613. La realización de un ecocardiograma no se recomienda por el costo y la dificultad logística para que eso sea posible.
Finalmente, es imperativo que todos los deportes de alto rendimiento tengan preparadas y ensayadas acciones de emergencia con desfibrilador y equipo de resucitación cardíaca. De acuerdo con diversos estudios, con estas medidas, la sobrevida en atletas que sufrieron un paro cardíaco durante un juego ha mejorado en treinta años, de menos del 20 % al 89 %. Es quizá una de las situaciones en las que implementar y tener ensayado un código azul tiene efectos más dramáticos porque se trata de revivir a personas jóvenes y sanas.