Opinión

La niñez en la era digital: Un compromiso legislativo inaplazable

Videojuegos

En un panorama político frecuentemente dominado por la estridencia de la disputa por el poder y la polarización cotidiana, surge una iniciativa que devuelve la esperanza en la auténtica función social de nuestras instituciones legislativas. El foro “La Niñez, los Videojuegos, la Inteligencia Artificial y las Redes Sociales”, convocado por la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, representa no solo un acierto de agenda parlamentaria, sino un paso urgente y sumamente necesario hacia la protección integral de las nuevas generaciones. Resulta verdaderamente digno de celebrar que este encuentro logre convocar a legisladores de distintos grupos parlamentarios, trascendiendo ideologías y colores partidistas para poner en el centro una preocupación compartida. Ver a representantes de diversas fuerzas políticas coincidir en una misma mesa para abordar los desafíos del entorno digital es una señal potente de que elementos clave para el sano desarrollo de la sociedad aún tienen un lugar en la agenda pública, más allá de la lucha política inmediata.

La relevancia de este espacio, cuya información detallada puede consultarse en la plataforma oficial del evento, se ve fortalecida por su naturaleza incluyente y multidisciplinaria. No se trata de un esfuerzo aislado de la clase política, sino de un diálogo abierto donde convergen expertos, académicos, representantes de la industria tecnológica, influencers y streamers. La inclusión de estos últimos actores es fundamental, pues ellos son quienes habitan y moldean las tendencias en los espacios donde la niñez pasa gran parte de su tiempo. Escuchar a la academia junto a quienes crean la tecnología y a quienes la comunican permite obtener una visión de 360 grados, indispensable para legislar con precisión en un territorio que evoluciona a una velocidad que suele dejar atrás a los marcos normativos tradicionales.

Sin embargo, detrás de la interfaz amigable de la tecnología, subyacen realidades alarmantes que este foro pone sobre la mesa con valentía. Uno de los puntos más críticos es la sofisticación con la que opera la industria de los videojuegos y las redes sociales. Es un hecho que grandes corporaciones emplean a psicólogos egresados de las mejores universidades del mundo para diseñar mecanismos de retención basados en experiencias dopamínicas. Estos expertos aplican conocimientos avanzados en neurociencia para maximizar el tiempo que los niños pasan frente a la pantalla, creando ciclos de adicción diseñados para alterar el sistema de recompensa del cerebro. Lo que comienza como entretenimiento puede derivar rápidamente en conductas de riesgo, funcionando en muchos casos como la puerta de entrada al mundo de las apuestas, casinos digitales y las drogas, capturando la voluntad de los usuarios más vulnerables desde edades tempranas.

A esta problemática de adicción se suma un desafío cognitivo profundo que he explorado ampliamente en este espacio: el impacto de la Inteligencia Artificial en el desarrollo del pensamiento crítico y la creatividad. Cuando las herramientas tecnológicas se limitan a entregar respuestas automáticas y soluciones digeridas, el músculo de la curiosidad y la capacidad de análisis se atrofian. Estamos frente al riesgo de formar una generación de “consumidores de resultados” que delegan su facultad de razonar a algoritmos que carecen de ética o contexto humano. La pérdida de la capacidad para cuestionar, imaginar y crear de forma autónoma es una amenaza silenciosa que requiere una reflexión legislativa profunda para evitar que el progreso se traduzca en un retroceso intelectual.

Finalmente, el foro aborda el lado más oscuro del anonimato digital: la seguridad física de los menores. Se han documentado casos estremecedores en plataformas de interacción masiva como Roblox, donde la falta de supervisión adecuada ha permitido la infiltración de pedófilos y redes de trata infantil. Estos criminales operan bajo el disfraz de avatares inofensivos, convirtiendo el espacio de juego en un territorio de caza. El Estado no puede permanecer indiferente; blindar el futuro de México frente a los riesgos de un mundo digital que prioriza el lucro sobre el bienestar humano es un imperativo ético. Este foro debe ser el inicio de una regulación robusta que ponga el interés superior de la niñez por encima de los algoritmos.

Tendencias