
Un sistema efectivo de rendición de cuentas es condición ineludible para que un régimen político pueda ser considerado democrático. Por tal motivo, la Auditoría Superior de la Federación tiene en México un rol estratégico, porque el poder aplastante del régimen, que recuerda los tiempos del partido hegemónico, casi único, está dando forma a un sistema sin contrapesos.
No hay en el horizonte organismos autónomos, salvo la excepción del ASF, que puedan poner límites a los excesos, al gasto irresponsable, a la corrupción, y que tenga la capacidad de recuperar los activos que malos servidores públicos le arrebatan al pueblo. La Auditoría es casi el último reducto para que los funcionarios se responsabilicen de sus acciones en el uso del dinero de todos.
Es básicamente un trabajo técnico, es cierto, pero con fuertes resonancias políticas y sociales, ya que busca impedir el abuso y propicia la transparencia en un entorno oscuro, en ocasiones impenetrable, como suele ser la administración pública en México. En última instancia, un organismo como la ASF abona a la confianza y, por ende, a la gobernabilidad.
Lo anterior porque está en marcha, al interior de la Cámara de Diputados, el proceso, por cierto, intrincado, para elegir a un nuevo Auditor. Como quedó dicho, se requiere para el perfil capacidad técnica, pero también una hoja de servicios intachable, buena comunicación y compromiso democrático. Concluye el periodo, larguísimo, de David Colmenares al frente de la ASF. Su gestión se ha distinguido por la opacidad, por decirlo con suavidad, que algunos personajes de poder lo consideran una cualidad, y no un defecto, ya que abre anchas avenidas para la impunidad. Aunque sea difícil de creer, hay personajes maquinando triquiñuelas para que Colmenares se quede.
El gobierno del Segundo Piso de la 4T va por un cambio. Alfonso Ramírez Cuéllar, vicecoordinador en San Lázaro y hombre cercano a Palacio Nacional, afirmó que “sería inconcebible que hubiera reelección” con lo que atajó de manera contundente las versiones de que hay dados cargados para que Colmenares o alguien de su equipo se quede en el cargo. Ramírez Cuéllar fue más lejos e hizo un llamado a avanzar en la aprobación de una reforma que modificaría el modelo de fiscalización, con el objetivo de beneficiar al pueblo. Quedó planteado así un nuevo duelo al interior de la bancada mayoritaria de Morena. El resultado final del proceso dejará al descubierto el estado de la correlación de fuerzas al interior del grupo mayoritaria.
De imponerse la corriente que quiere un cambio, el aspirante mejor perfilado para ser el nuevo Auditor, es Juan José Serrano, abogado con entorchados académicos, en la actualidad doctorante en la UNAM, aunque estudió la licenciatura en Derecho por la Universidad La Salle. Su carrera incluye cargos de alto nivel en la administración pública, ya que fue secretario de la Contraloría en el gobierno de Claudia Sheinbaum en la Ciudad de México, pero también destacó en la práctica privada y la empresarial. Serrano Mendoza charló hace unos días con periodistas de Crónica ante quienes bosquejó lo que podría ser la nueva etapa de la ASF en caso de que el proceso lo favorezca y la necesidad de fortalecer tanto sus capacidades técnicas como su compromiso social para recuperar, para beneficio de la gente, el dinero público indebidamente desviado. Juan José Serrano ratificó que la rendición de cuentas es democracia e hizo el compromiso de robustecer la lucha contra la corrupción en el país.