
El peor enemigo de la creatividad es la burocracia. La investigación científica es una disciplina en la que la creatividad desempeña un papel preponderante. El trabajo de un investigador no puede evaluarse con los mismos parámetros que se utilizan en esquemas burocráticos, donde lo que importa son las horas que el empleado permanece en su lugar de trabajo y no los resultados.
El trabajo de un investigador es leer, pensar y escribir, actividades que no están sujetas a horarios o sitios de trabajo. Tenemos que leer mucho, porque nuestro trabajo es generar conocimiento y, para hacer eso, necesitamos estar seguros de que lo que vamos a hacer no lo haya concebido antes alguien. Tenemos que escribir para presentar propuestas para obtener recursos o para comunicar nuestros resultados. Tenemos que pensar en hipótesis y diseñar experimentos. Estas son actividades que hacemos en cualquier horario y lugar.
Por otro lado, tenemos que interaccionar con científicos de diversos países interesados en el mismo tema, porque es probable que el conocimiento que queremos generar ya lo estén haciendo en otro lado, pero aún no aparece en una publicación, por lo que el acceso a esa información viene de hablar directamente con los pares. Esto ocurre en los congresos o cuando nos invitan a dar una conferencia. Además, es frecuente que la resolución de alguno de nuestros problemas requiera de la colaboración con otro investigador que tiene la tecnología a la que nosotros no tenemos acceso, o la experiencia en la realización de alguna metodología (v.gr. trasplante renal en ratones), lo que se arregla mejor cuando hay comunicación en persona.
Una vez que tenemos claro el proyecto a realizar y tenemos financiamiento, el progreso del estudio depende de diversas variables que están fuera de nuestro alcance. Si el proyecto está avanzando correctamente, tenemos con frecuencia que aprovechar eso para obtener resultados y ahorrar recursos, pero eso requiere a veces de trabajar en fin de semana o diferir las vacaciones para un momento posterior. Conforme avanza un proyecto, va saliendo la necesidad de comprar algún reactivo importante, por lo que necesitamos tener recursos disponibles para poder obtenerlo y que no se detenga el proyecto. Por todo esto, para ser un buen investigador científico se requiere libertad de tiempo, movilidad y recursos. La evaluación del investigador se hace con los resultados de su trabajo, como la publicación de artículos originales, la obtención de fondos para la investigación y la generación de nuevos científicos.
En los últimos años, sin embargo, los investigadores nos hemos visto progresivamente acosados por la desconfianza y burocratización del sistema. Si obtenemos recursos, hay que gastarlos con premura, porque si no se pierden, aun cuando el avance del proyecto no deja claro qué vamos a necesitar. Hay que hacer un exceso de informes aun con el proyecto inconcluso. Si debemos ir a una reunión con científicos al extranjero, hay que solicitar permiso a la Presidencia de la República, al menos 30 días naturales antes, con un conjunto de diversos documentos y esto, aunque no se estén solicitando recursos al erario para eso. Si necesitamos diferir las vacaciones, hay que dar explicaciones y con demasiadas limitaciones y riesgo de perderlas. Todo esto nos limita la libertad de trabajo y nos distrae de nuestro trabajo.
¿Cuál es el sentido de invertir recursos en instalaciones para investigación, en equipos muy costosos, en financiar proyectos, en salarios de investigadores y técnicos, en becas de estudiantes de posgrado y después, exponer a los investigadores a la diversidad de circunstancias que impiden o bloquean el desarrollo adecuado de su trabajo?
Dr. Gerardo Gamba
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e
Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM