
Como cada semestre, la semana pasada participé como sinodal en los exámenes de ingreso a uno de los posgrados de medicina para realizar un doctorado. En este ejercicio, el alumno presenta la propuesta de trabajo que pretende realizar para elaborar una tesis que justifique un grado doctoral. En el examen es importante que el alumno demuestre que entiende claramente el fundamento del trabajo que propone. Que conoce con detalle el estado del arte del tema en que va a trabajar y que tiene claro qué es lo que no se sabe del tema, por qué es importante averiguarlo y, por tanto, cómo la generación de conocimiento va a ayudar a avanzar en el campo. También necesita mostrar que tiene clara la metodología y las estrategias que se utilizarán para abordar el problema y las alternativas al respecto. No es necesario que domine las metodologías porque es parte de lo que va a aprender, pero es importante que las entienda.
En estos exámenes, la presentación del candidato no solo da pie a evaluar al alumno, sino también a quien será su tutor. El proyecto lo propone y lo diseña el tutor. El alumno casi siempre acaba de terminar una licenciatura y su conocimiento sobre el diseño experimental es pobre, particularmente si viene de la carrera de medicina, en la que la enseñanza de la investigación científica no es parte del currículum. Sin embargo, no es infrecuente que el alumno sea bueno y entienda el tema, pero la propuesta de tesis doctoral dista mucho de ser original o no es suficiente para justificar un doctorado, o bien, el diseño es malo y pone en riesgo el desarrollo del proyecto. Nos preocupa porque, una vez que un alumno inicia el doctorado, recibirá una beca y tiene un tiempo, si bien adecuado, pero también límite, para obtener el grado y, si esto no ocurre, tendrá problemas serios.
Lo anterior genera una disyuntiva difícil de solucionar. ¿No aprobar a un buen alumno porque la propuesta que le dio su tutor es insuficiente o de baja calidad? En este caso, el reprobado sería el tutor, pero a quien se está evaluando es al alumno. Por otro lado, no es deseable aprobar a un buen alumno con una tesis de mala calidad. La escapatoria sería hacer comentarios sobre las deficiencias del proyecto, pero el tutor puede o no tomarlos en cuenta. En un par de ocasiones he logrado que el alumno decida buscar un mejor tutor, guiado por otros tutores o alumnos de mayor rango, y el resultado ha sido muy positivo.
La semana pasada, sin embargo, ocurrió una situación particular. Una alumna presentó su propuesta de tesis doctoral para ser realizada en un Instituto de Salud en la Ciudad de México, pero quien fungirá como tutor, si bien de nacionalidad mexicana, vive y trabaja en una universidad fuera del país. A este respecto, estudios realizados por la revista Nature con más de 3,700 estudiantes de doctorado en el mundo (Nature, 646:1013, 2025) mostraron que el principal factor asociado al bienestar de los alumnos de doctorado, es el tiempo que el tutor les dedica a la semana. Mientras menos contacto exista entre tutor y alumno, el bienestar del alumno será menor.
La responsabilidad de formar un doctor en ciencias es muy grande. Yo estoy en mi laboratorio todos los días. La interacción con mis alumnos de doctorado es diaria, muy intensa y de muchas horas por semana. Nos juntamos para planear experimentos, discutir de ciencia, revisar artículos, resolver dudas y hasta para platicar sobre una película, el juego de la NFL del domingo o una anécdota personal. Yo no aceptaría ser tutor de un alumno de doctorado por videoconferencia una hora a la semana. ¿Qué haría el amable lector en este caso?
Dr. Gerardo Gamba
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e
Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM