Opinión

El resultado ha sido una clara redistribución del comercio entre países

Los aranceles no frenaron el comercio — lo reconfiguraron

Aranceles

Durante el primer año de la administración Trump, la política arancelaria de Estados Unidos no redujo el comercio global, pero sí transformó profundamente su geografía. Los aranceles efectivos pagados en la frontera aumentaron de manera significativa —de 2.3% en 2024 a 7.7% en 2025—; sin embargo, las importaciones totales de Estados Unidos continuaron creciendo, pasando de USD 3.25 a USD 3.39 billones. En otras palabras, los aranceles no frenaron la demanda, pero sí obligaron a las empresas a replantear de dónde compran y cómo organizan sus cadenas de suministro.

El resultado ha sido una clara redistribución del comercio entre países. China, principal objetivo de la política arancelaria, emerge como el gran perdedor: enfrentó un aumento en aranceles efectivos de 10.9% a 30.6% y una caída de aproximadamente USD 129.8 mil millones en sus exportaciones hacia Estados Unidos. Parte de esta producción se ha desplazado hacia economías asiáticas como Vietnam (+USD 56.4 mil millones) y Taiwán (+USD 83.1 mil millones), reflejando un proceso activo de relocalización industrial. No obstante, este fenómeno no se limita a Asia: América del Norte también ha jugado un papel central.

En este nuevo mapa comercial, México destaca como uno de los principales beneficiarios. El país se consolidó como el mayor proveedor individual de Estados Unidos, con exportaciones por USD 533.8 mil millones en 2025, equivalentes al 15.7% del total de importaciones estadounidenses. Además, registró un incremento anual de aproximadamente USD 30.4 mil millones, reflejando su creciente relevancia dentro de las cadenas de suministro regionales. Una proporción significativa de este comercio —68%— se realiza bajo el T-MEC, lo que permite mantener un arancel efectivo relativamente bajo (2.6%) en comparación con operaciones fuera del tratado (6.1%). Esta combinación de acceso preferencial, integración productiva y proximidad geográfica ha reforzado la posición estratégica de México frente a otros competidores globales.

En conjunto, la evidencia sugiere que la política arancelaria no necesariamente ha revertido la globalización, sino que la ha reconfigurado. Las cadenas de suministro no desaparecen; se adaptan. Para las empresas, el mensaje es claro: el entorno comercial seguirá marcado por la incertidumbre arancelaria, y la competitividad dependerá cada vez más de la capacidad de ajustar sus redes de producción hacia regiones que ofrezcan certidumbre, integración y acceso preferencial. En ese contexto, América del Norte —y particularmente México— se posiciona como una de las plataformas más relevantes para la nueva etapa del comercio global.

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