Opinión

Cambio de época...cortesía del señor Trump

Trump ofrece recompensa por información de líderes iraníes (EFE)

Cuando George W. Bush decidió invadir a Irak en otra más de las intervenciones imperiales (e ilegales), se tomó la molestia de hacer un montón de cosas y cubrir múltiples expedientes, entre otros: buscar el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, articular una alianza dura y ruda (el trío de las Azores, con los gobiernos de Estados Unidos, Inglaterra y España), buscar pruebas incriminatorias (asi fuesen falsas ¿se acuerdan del frasquito exhibido con el que hizo el oso Colin Powel?) y forjar un apoyo internacional material y explícito, con países aportando tropas en combate (Reino Unido, Australia, Polonia, Italia, España, Corea del Sur, Dinamarca, El Salvador, Honduras y Nicaragua, entre otros).

Luego pusieron el hombro con apoyo político o logístico, Portugal, Hungría, Ucrania, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Colombia, Malta, Chipre etcétera. Rusia y China rechazaron esa intervención de plano, mientras Francia y Alemania tuvieron una actitud crítica y reservada, no una condena activa.

Ahora comparen la torpe artimaña de Trump en el indefendible Irán de los ayatolas y el Golfo Pérsico: la conducta de los socios históricos de Estados Unidos (EU) ha sido vacilante, negativa o de repudio explícito. La Italia de la derechista Meloni, la Alemania del conservador Merz y la España del socialista Sánchez -todos por igual- han rechazado participar y han puesto en cuestionamiento la maniobra. Emmanuel Macron, de Francia, ha sido categórico “no fuimos informados ni participamos” del ataque, el cual “está fuera del derecho internacional”.

Como señalaba en una conferencia reciente la internacionalista Carla Norrolöff, Australia ha declarado que no enviará buques, mientras que Canadá ha descartado las operaciones ofensivas. Japón y Corea del Sur no han comprometido buques de guerra para la misión liderada por EU y Gran Bretaña, el principal aliado europeo, hasta ayer, comunicó que está debatiendo opciones con sus socios, sin considerar despliegue alguno.

La mutación es más que un síntoma. Los aliados que un día estuvieron dispuestos a comprometerse con EU en sus estrategias e intervenciones globales, a subordinarse y arriesgarse bajo su liderazgo, han perdido esa determinación, ya no tienen ese ánimo,

No es solo la ilegalidad manifiesta de la intervención de EU en Irán (repito, bajo un régimen odioso) sino la erosión política y diplomática acumulada de varios años, en los que Trump ha ninguneado y despreciado a sus aliados.

¿Y saben cual ha sido su principal argumento para sostener ese menosprecio a Alemania, Inglaterra, España o Francia? Que su seguridad sale muy cara, una cuestión de dólares y pennys, un asunto del que necesita extraer “ahorros” el presupuesto de Norteamerica.

Bajo otra escafandra, Trump también argüye la necesidad de compresión presupuestal, menos gastos, austeridad a lo bestia, a nivel imperialista.

Ese conjunto de alianzas en todo el orbe, de amarres diplomáticos, apoyo político y asistencia en las crisis internacionales “son demasiado costosas”, una carga neta y bajo la visión de Trump, ya no más un activo estratégico, de los más valiosos para los Estados Unidos.

La estrechez de miras, la miopía y la mezquindad autoritaria a escala global se ha revelado ahora como en ningún otro episodio de la pollítica internacional. Como lo han advertido Joseph Nye, Rodrick y muchos otros autores norteamericanos, esa capacidad de convocatoria global ha sido más importante que el poderío militar material, pero es justamente lo que Trump está incapacitado para comprender.

Nadie, en toda la historia de los últimos 300 años, mucho menos algún rival de EU, ha sido capaz de igualar esa capacidad: más de 50 aliados a través de tratados internacionales y socios de seguridad formales. Solo nuestros vecinos construyeron el primer sistema de seguridad verdaderamente global de toda la historia.

Ni China ni Rusia (ni la Unión Soviética) han podido hacer eso: sin dependencia ni coacción, encabezar una coalición mundial de países que, durante generaciones, eligieron voluntariamente vincular su seguridad a EU. Y esto es lo que está saltando por los aires en el Golfo Pérsico durante estos días aciagos.

Vamos a necesitar mucha suerte para afrontar este desorden -que incluye el riesgo de una guerra nuclear- que incluye el quiebre de la hegemonía de Norteamérica: cortesía de la ignorante plutocracia a la que se adscribe el señor Trump.

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