
El péptido parecido al glucagón 1, GLP-1 por sus siglas en inglés (Glucagon Like Peptide 1), es una hormona producida por el intestino que se libera en respuesta al ingreso de glucosa. Fue descubierto a inicios de los 80s del siglo pasado y reportado en uno de esos artículos que hoy son desestimados por nuestros sistemas de evaluación porque no tienen “beneficio social”.
GLP-1 es una hormona incretina que estimula la secreción de insulina por el páncreas en respuesta a la ingesta de glucosa y, por lo tanto, sirve para disminuir la glucosa sérica. Además, estimula la sensibilidad del músculo por la insulina, promueve la formación de hueso, disminuye el vaciamiento gástrico, con lo que genera sensación de plenitud y en consecuencia reduce la ingesta de alimentos, mejora por diversos mecanismos la función cardiovascular y tiene efectos múltiples en el sistema nervioso central, en donde reduce el hambre y el deseo de comer.
El descubrimiento del GLP-1 dio pie al desarrollo de medicamentos agonistas del receptor de GLP-1 como liraglutida y semaglutida que, por lo mencionado, en los últimos años han causado revuelo por su efecto benéfico en el tratamiento de la diabetes mellitus y de la obesidad.
EL GLP-1 tiene diversos efectos en el sistema nervioso central y uno de estos tiene que ver con el placer que produce el comer, que aparentemente tiene el mismo camino que otros satisfactores como diversas drogas, así como la palatabilidad. Resulta que con la utilización de los agonistas del receptor de GLP-1 para el tratamiento de la diabetes y obesidad, los médicos han notado que los pacientes refieren que ya no se les antoja fumar, consumir alcohol u otras drogas.
Un trabajo publicado hace unos días en el British Medical Journal (dx.doi.org/10.1136/bmj-2025‑086886), explora esta posibilidad en una población de más de 600 mil individuos de la base de datos del Departamento de Veteranos. Hicieron dos protocolos: 1. Averiguar si la administración de agonistas de GLP-1 se asoció con menor riesgo de iniciar la utilización de diversas drogas en quienes no las consumían. 2. Explorar si los agonistas de GLP-1 se asociaron con menor riesgo de muerte o ingreso a urgencias por consumir drogas en quienes ya lo hacían. Compararon a los pacientes tratados con agonistas de GLP-1 (cohorte experimental) contra los tratados con inhibidores de SGLT2 (cohorte control). La fortaleza del estudio está en la cantidad de individuos. En el protocolo 1 fueron 124,000 GLP-1 vs. 400,816 ISGLT2 y en el protocolo 2, 16,768 vs. 64,849, respectivamente.
En el estudio 1, el riesgo de desarrollar abuso de alguna sustancia en el grupo de agonistas de GLP-1 fue menor en un 18 % para alcohol, 14 % para cannabis, 20 % para cocaína o nicotina y 25 % para opioides. En el protocolo 2, quienes ya consumían alguna droga, en el grupo GLP-1 el riesgo de muerte por consumo fue 50 % menor y de ser admitidos a urgencias o al hospital por consumo excesivo fue de 31 y 36 % menor, respectivamente.
Por el tamaño de la muestra y la reducción del riesgo, estos resultados son importantes, porque sugieren que los agonistas de GLP-1 podrían ser medicamentos útiles para el tratamiento de las adicciones y/o prevención de recaídas. Se requieren por supuesto ensayos clínicos controlados en los que en forma prospectiva, aleatoria y doble ciego se comparen los agonistas de GLP-1 contra placebo en pacientes con problemas de consumo de drogas o bien, en quienes están en fase de rehabilitación y se busque evitar una recaída. Habrá que considerar también los efectos que puedan tener en sujetos que no tienen diabetes ni obesidad.
Dr. Gerardo Gamba
Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán e
Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM