Opinión

Convención Bancaria: promesas y rezagos

Claudia Sheinbaum
Claudia Sheinbaum La presidenta en la Convención Bancaria (Elizabeth Ruiz)

La semana pasada se llevó a cabo la Convención Bancaria número 89, en donde funcionarios y banqueros intercambiaron elogios, destacaron la estabilidad económica y hablaron de una oportunidad histórica para que México crezca más.

Entre discursos y buenas formas, volvió a asomarse un problema estructural que el país arrastra desde hace años, con relación a la falta de financiamiento a proyectos productivos.

La presidenta Sheinbaum mostró algunos datos frente a los banqueros, sobre el otorgamiento de financiamiento en México, el cual está por debajo de países como Brasil, Chile, Perú o Colombia. Esta situación es un freno directo al crecimiento, ya que sin crédito suficiente para empresas, especialmente para las pequeñas y medianas, no hay inversión, y mucho menos desarrollo económico.

Los banqueros, encabezados por Emilio Romano, prometieron elevar el crédito del 38% al 45% del PIB hacia 2030, una meta ambiciosa que de cumplirse, implicaría prácticamente triplicar el monto actual de financiamiento. Sin embargo, para que esto sea posible subrayaron la necesidad de contar con certeza jurídica, reglas claras, menor carga fiscal y estabilidad regulatoria, aspectos que desde antes del inicio de la convención ya habían demandado al Estado.

Lo expuesto por los banqueros fue muy lógico, sin embargo, el problema es que el verdadero obstáculo no está únicamente en el entorno, sino en el propio modelo de negocio de la banca en México.

Y es que a los bancos les resulta mucho más rentable prestar al consumo que al sector productivo. Las tarjetas de crédito, los préstamos personales y el financiamiento inmediato ofrecen márgenes elevados gracias a las altas tasas de interés, muy superiores a las que se cobran en economías desarrolladas.

En contraste, el crédito productivo implica plazos más largos, mayor incertidumbre y retornos menos atractivos. Financiar una empresa, una cadena productiva o un proyecto de inversión no genera las mismas utilidades inmediatas. Y en un sistema financiero que ha reportado ganancias récord durante cinco años consecutivos, no hay incentivos claros para cambiar ese modelo.

Mientras desde el gobierno se impulsa el financiamiento al desarrollo, la banca sigue apostando por el consumo como su principal motor de ingresos. No es casualidad que el crédito al consumo crezca con mayor dinamismo, mientras el financiamiento a empresas avanza muy lentamente.

La banca mexicana se encuentra en muy buen momento, sus niveles de capitalización son sólidos, muy por encima de los mínimos regulatorios, y su rentabilidad es envidiable. Los bancos se han convertido en una industria robusta, pero también cómoda. Cobran caro, ganan mucho y arriesgan poco.

Lo expuesto en la Convención Bancaria no debe quedarse en promesas sexenales. Si realmente se quiere romper con el estancamiento económico, se necesita generar incentivos para que financiar la producción sea tan atractivo como el consumo.

De no cambiar esta dinámica, el país seguirá atrapado en un círculo vicioso. Bancos rentables pero poco comprometidos con el desarrollo, y empresas con potencial pero sin acceso suficiente al crédito.

Si algo quedó claro en la Convención Bancaria es que el problema no es la falta de recursos, sino hacia dónde se dirigen.

@fer_martinezg

fermx99@hotmail.com

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