Opinión

Carl Schmitt y la soberanía política

El escritor argentino Jorge Luis Borges
Carl Schmitt Carl Schmitt (La Crónica de Hoy)

Hace 41 años falleció el jurista y teórico de la política Carl Schmitt, cuya obra influyó profundamente en la teoría constitucional y en la filosofía política del siglo XX. Alumno de Max Weber realizó sus estudios primero en filosofía y después en derecho. Ha sido cuestionado por algunos debido a su apoyo intelectual y efímera militancia en el Partido Nacionalsocialista y, al mismo tiempo, alabado por otros en virtud de sus enormes contribuciones al análisis sobre el ejercicio efectivo del poder. Sus reflexiones son importantes para entender el momento actual de la guerra y las amenazas que se ciernen sobre la soberanía política de los estados. Los conflictos armados han devuelto al centro del debate una pregunta que muchos creían superada por la globalización y el derecho internacional: ¿quién decide realmente cuando el orden se fractura?

Considerado el Thomas Hobbes del siglo XX, Carl Schmitt propone un aparato argumentativo coherente y unívoco para entender la soberanía. Un concepto de origen medieval cuya etimología latina deriva de “super”, que significa “arriba”. Indica la capacidad de una sociedad política para detentar el poder y una competencia que no puede sufrir interferencia alguna. Por lo tanto, quien es soberano está por encima de todos y posee el poder exclusivo sobre su propio territorio independientemente de cualquier organización supranacional. En una república democrática la soberanía pertenece al pueblo quien la ejerce indirectamente mediante los órganos de la representación como los parlamentos o a través de los institutos de la democracia directa como los referéndums.

En los ordenamientos que no son democráticos la soberanía se encuentra en las manos del soberano como sucede en las monarquías absolutas o es ejercida por un pequeño grupo como en el caso del partido único típico de los totalitarismos. Schmitt asume a la soberanía como el poder clave en un Estado, representado por la capacidad de tomar decisiones sin estar condicionado por otros poderes. Expone su teoría en una de sus obras más relevantes: “Teología Política”, titulada así porque considera que existen analogías estructurales entre la dimensión religiosa y la dimensión política. Afirma que la teoría moderna del Estado se basa en conceptos teológicos secularizados, justamente como la noción política de soberanía, que proyecta la vieja noción religiosa de realeza divina.

Reafirma la independencia de la esfera política respecto de otros espacios como la ética, la economía o el derecho. En referencia con la autonomía de la política en relación con la esfera jurídica, Carl Schmitt se manifiesta en oposición a Hans Kelsen quien afirma que el ordenamiento estatal se rige por una norma

fundamental. Según Schmitt, esta concepción procedimental de los ordenamientos políticos logra aferrar solo las modalidades de decisión –cómo se decide-, sin indicar quien es el sujeto titular de la soberanía –quién decide-. Argumenta que el punto débil de Kelsen emerge cuando examina el “Estado de Excepción”, es decir aquellos momentos críticos en los que la política y las leyes no logran mantener el orden público. Son situaciones donde la ley ordinaria se suspende, pero no así la soberanía. Si la soberanía se basara en la norma, ambas caerían.

En el momento en que las leyes son suspendidas la administración del Estado pasa a las manos de quien detenta la soberanía. De esta manera, la auténtica soberanía se ha reconfigurado: en situaciones críticas los gobiernos reclaman una autoridad decisoria que va más allá de la normalidad constitucional. La guerra reactiva la distinción amigo-enemigo como núcleo de lo político mientras que la soberanía se manifiesta como capacidad de actuar con rapidez decisoria. Pensar la soberanía en la perspectiva de Carl Schmitt implica reconocer que, cuando el orden vacila, la política reaparece en su forma más intensa: como decisión sobre la continuidad misma del cuerpo social.

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