Opinión

El nivel de desaprobación a la guerra de Irán es abrumador en demócratas e independientes, menor en republicanos, pero también ha empezado a dividir a la base electoral MAGA

En Semana Santa

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Guerra de Irán Multitudinaria rueda de prensa en la Casa Blanca, en la que Donald Trump anuncia "el infierno contra Irán", si no se ride (JIM LO SCALZO/EFE)

Durante la edad de piedra, en la prehistoria, la humanidad no conocía todavía los metales, las herramientas y las armas eran precisamente hechas de piedra, madera, huesos y otros materiales. La organización social y económica se basó fundamentalmente en la caza-recolección, hace aproximadamente 3 millones de años, por lo demás una etapa fundamental de la evolución de la especie humana justamente hacia la etapa de los metales.

El Islam surgió en el siglo VII, una religión fundada por el profeta Mahoma, quien recibió las revelaciones de Alá que fueron recopiladas en el Corán. Alá es el dios verdadero, considerado el creador y es un concepto fundamental en esa religión, quien se caracteriza entre otras virtudes, por la misericordia y la pasión.

La semana santa, como es ampliamente sabido, es la conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, fundamental en la religión católica, es un periodo de reflexión, oración y renovación espiritual para los creyentes.

¿Cuál es la relación de esos tiempos históricos tan distintos y de religiones? Es una pregunta que este pasado fin de semana, en plenos días santos en la tradición católica, encontró su síntesis en la vulgaridad, ignorancia y desquiciada mente del mandatario del país norteamericano, quien escribió un ultimátum en clave de jefe mafioso al país persa, como parte de la guerra que pelea en nombre de un tercer país, ajeno a sus propios intereses nacionales y con amplia desaprobación de su propia ciudadanía. Por cierto, que no es el único personaje delirante, ya su secretario de defensa, autodenominado de guerra, había dicho que esta guerra cuenta con respaldo divino, a lo que el Papa León XIV, en plenas festividades de semana santa, dijo que no estaba de acuerdo y que el nombre de Jesús no podía utilizarse para justificar ninguna guerra.

En el mensaje aludido se lee: “El martes (7 de abril) será el día de la central eléctrica y el día del puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual! ¡Abran el maldito estrecho (de Ormuz), malditos locos, o vivirán en el infierno! ¡Ya verán! Alabado sea Alá.”

El agobiante narcisismo y el barbarismo de su autor no acaba ahí. En su mensaje de amenaza del uso de la fuerza en contra de otro país, aunque no le importe, va en contra de la Carta de la ONU y el derecho internacional.

Dicen los expertos que atacar y bombardear instalaciones civiles pueden constituir crímenes de guerra. Otro más en el cúmulo de penas a la legalidad internacional en las más de cinco semanas de la guerra en curso, como lo fue el caso en el día uno, de la destrucción y aniquilación de una escuela de niñas, con profesores y padres de familia incluidos.

Pero lo internacional no es la única arena de ilegalidades. En el interior de su país, los especialistas sostiene lo mismo, habida cuenta de que el mandatario no cuenta con respaldo legislativo para esta acción bélica, y que de acuerdo con la constitución del país, solamente el congreso tiene la autoridad para declarar la guerra a otro país.

Por si fuera poco, consistentemente todos los ejercicios demoscópicos realizados hasta el momento han mostrado que se trata de una guerra impopular, la más impopular desde la segunda guerra mundial, en la que en promedio, seis de cada diez ciudadanos desaprueba la agresión militar en contra de la nación iraní. Gran parte del descontento obedece a que la ciudadanía percibe que se trata de una guerra que se pelea por un país que no es el propio -se pelea por los intereses israelíes. A pesar de las mentidas esbozadas para sostener el esfuerzo de guerra, analistas respetables han argumentado que el país iraní no representa en realidad una amenaza a los intereses nacionales estadounidenses.

El nivel de desaprobación es abrumador en el caso de simpatizantes demócratas e independientes, menor en el caso de republicanos, pero también ha empezado a dividir a la base electoral MAGA del mandatario norteamericano.

El apoyo minoritario proviene fundamentalmente del llamado lobby radical judío y de sectores recalcitrantes como los reunidos en la Conferencia de Acción Política Conservadora, y los sectores de la diaspora iraní pro monárquica y que apoyan al príncipe en el exilio y que han clamado por los bombardeos humanitarios para acabar con el maligno régimen de la república islámica para poder regresar al país y gobernar, una especie de ingenuos útiles, al estilo Corina Machado en Venezuela.

Dos superpotencias militares, poseedoras de armas nucleares, avasallando a un país independiente, que con todos sus defectos, quieren verlo de rodillas y mendicante.

La tragedia lleva treinta y ocho días escribiéndose y lamentablemente todo apunta a que seguirá ahogándose en la espiral de la violencia con potenciales consecuencias humanitarias que pueden llegar a ser catastróficas. Independientemente del resultado, dicen los expertos, las cosas no serán iguales en esa región del mundo y probablemente veremos más episodios lamentables en otras latitudes del globo.

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