
Las células inmunitarias del intestino pueden viajar hasta el cerebro, lo que proporciona una nueva diana terapéutica frente al alzhéimer. El estudio, realizado con ratones, mostró que una dieta rica en fibra reducía la fragilidad relacionada con esa enfermedad, incluidos los temblores.
El intestino tiene la mayor concentración de células inmunitarias del organismo y un trabajo encabezado por el Instituto Buck de investigación sobre el envejecimiento (EU) demostró que algunas viajan a lo largo del eje cerebro-intestino.
El artículo que publica Cell Reports indica que las células B productoras de anticuerpos específicos, normalmente responsables de mantener la armonía entre la microbiota y el sistema inmunitario intestinal, se reducían en los ratones criados para desarrollar alzhéimer.
Ese tipo de célula tiene una firma que permite identificarla cuando migra y, de hecho, encontraron células B específicas del intestino en el cerebro y en su región fronteriza, la duramadre meníngea.
“Sorprendentemente, descubrimos que estas células inmunitarias de la frontera cerebral que reconocen las bacterias que viven en los intestinos se acumulaban en el cerebro con enfermedad de Alzheimer”, indicó Priya Makhijani, del Instituto Buck y una de las firmantes.
El equipo llevó a cabo experimentos de bloqueo en el eje cerebro-intestino con un fármaco de molécula pequeña, lo que sugiere que podría existir un nuevo mecanismo de largo alcance actuando a lo largo de esa conexión.
El estudio señala que alimentar a los animales con inulina, una fibra prebiótica antiinflamatoria, restablecía el equilibrio en el intestino de los ratones con alzhéimer.
La inulina produce ácidos grasos de cadena corta y otros metabolitos que se concentran en el intestino y también pueden circular por todo el organismo
“Descubrimos que estas células migratorias se reponían en el intestino y que la fragilidad relacionada con la enfermedad, incluido el temblor, se reducía en los animales”, destacó la investigadora.
Aunque la dieta rica en fibra no redujo de forma constante los niveles de placas características del alzhéimer en el cerebro de los ratones, “sí tuvo un impacto en su bienestar general”, declaró otro de los autores del artículo Daniel Winer, citado por el Instituto Buck.
La dieta prolongó la esperanza de vida saludable, con una mejor calidad de vida, subrayó el investigador, quien agregó que este proyecto respalda el consejo de comer frutas y verduras que aparece en casi todas las recomendaciones dietéticas.
Esta es, “por lo que sabemos, la investigación más profunda sobre el sistema inmunitario intestinal en un modelo de enfermedad neurodegenerativa. Esperamos poder estudiar su impacto en otras enfermedades, como el párkinson y la esclerosis múltiple”, señaló Julie Andersen, también firmante del artículo.
La investigación -añadió- sitúa al sistema inmunitario intestinal “en primera línea de la patología de las enfermedades neurodegenerativas”. Dado su tamaño y la capacidad de las células para desplazarse, tiene sentido que esas células “tengan la capacidad de influir en la fisiología general”.
El equipo consideró necesario seguir investigando para determinar si los cambios en el sistema inmunitario intestinal en una enfermedad neurológica, son una respuesta a las alteraciones cerebrales o si son los que provocan la enfermedad en sí.
Una posibilidad es que los daños relacionados con la edad puedan desencadenar una inflamación en el cerebro que provoque la enfermedad de Alzheimer con quimiocinas que envían señales al sistema inmunitario intestinal para que le ayude a hacer frente al daño.
Al principio, “es probable que el proceso sea protector, pero con el tiempo el intestino se ve comprometido, lo que prepara el terreno para que proliferen tipos de bacterias más peligrosas que alimentan la inflamación en todo el cuerpo”, dijo Winer.
Los investigadores quieren explorar el potencial de comprender o alterar la microbiota intestinal en el contexto de la enfermedad, pues quizás exista una que indique un mayor riesgo de enfermedad neurológica.
Este nuevo estudio se une al publicado ayer en Science Adavances el cual señala que el aparato digestivo y el cerebro están más conectados de lo que se pensaba, pues quienes padecen trastornos intestinales persistentes tienen el doble de probabilidad de desarrollar enfermedades neurodegenerativas, como alzhéimer o párkinson.