
Con sensores de alta tecnología, drones, modelos de Inteligencia Artificial y una aplicación, el proyecto Red Estatal de Sensores Participativos para la Investigación y Resiliencia Ambiental (RESPIRA) del Instituto Politécnico Nacional (IPN) busca monitorear contaminantes en municipios del estado de Puebla para prevenir enfermedades respiratorias y ahorrar millones de pesos en salud pública.
Puebla no solo está cerca del volcán Popocatépetl, actualmente vive una crisis silenciosa de enfermedades respiratorias vinculadas a la contaminación del aire. Por ello, durante el Tercer Encuentro de Redes Politécnicas de Investigación y Posgrado 2025 se reunieron cientos de científicos para atender este tipo de problemáticas.
Entre las presentaciones, la jefa del Laboratorio de Virología de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) del IPN, Paola Castillo Juárez, aseguró que “la evidencia científica indica que en 2025 se logró un incremento de 3.2% en nuevos casos de enfermedades respiratorias asociadas a infecciones agudas. Esto significa que alrededor de 623 mil nuevos casos fueron reportados de enero a octubre, y estas cifras colocan a Puebla en quinto lugar a nivel nacional”.
En ese contexto nace RESPIRA, un proyecto colaborativo entre especialistas politécnicos que trabajan para transformar la manera en que el estado de Puebla entiende, monitorea y responde a lo que respiran.
¿QUÉ ES RESPIRA?
Es una plataforma estatal que integra sensores de vanguardia y drones ambientales vinculados mediante tecnología abierta. Los datos obtenidos se procesan con modelos de IA para construir un proyecto de ciencia ciudadana con información de salud respiratoria y herramientas de educación digital.
“RESPIRA es un proyecto que integra sensores para monitorear la calidad del aire y generar una plataforma donde instituciones, población y cualquier persona pueda acceder a los datos”, detalló Paola Castillo en entrevista para la Agencia Informativa Conversus (AIC).
RESPIRA es interdisciplinaria y busca que la ciencia de datos salga de los servidores para que llegue a las comunidades. Su propósito es construir una red capaz de monitorear contaminantes, identificar episodios de riesgo y correlacionar datos ambientales con síntomas médicos para canalizar casos hacia servicios locales de salud.
La iniciativa está encabezada por la profesora de la Unidad Profesional Interdisciplinaria de Ingeniería y Ciencias Sociales y Administrativas (UPIICSA), Claudia Marina Vicario Solórzano e integrante de la Red de Cómputo, mientras que la exposición del proyecto estuvo a cargo de la doctora Castillo Juárez, de la Red de Salud del IPN. Para ellas, RESPIRA no solo mide aire: mide vida, riesgo, prevención y educación.
HISTORIA TECNOLÓGICA.
RESPIRA es el resultado de años de investigación dentro del IPN y aprendizajes a nivel latinoamericano. El proyecto parte de SILICUANTAX, un sensor móvil de bajo costo capaz de medir en tiempo real partículas finas PM2.5 y PM10 —las más peligrosas por su capacidad para penetrar profundamente en los pulmones— además de ozono, dióxido de nitrógeno y dióxido de carbono.
Este sensor ha sido validado en barrios, avenidas y escuelas, el cual alimenta un portal con miles de mediciones. A este desarrollo se sumó un trabajo de investigación en el Centro Interdisciplinario de Investigación para el Desarrollo Integral Regional (CIDIIR), Unidad Sinaloa, donde se detectaron alérgenos y trazas de insecticidas y fertilizantes asociados con inflamación respiratoria y riesgo de cáncer pulmonar. Esta evidencia refuerza la urgencia de correlacionar datos ambientales y de salud.
Pero RESPIRA no solo quiere datos, quiere comunidad. Por tal razón, el equipo de la doctora Vicario Solórzano ha creado plataformas tecnopedagógicas y proyectos de ciencia ciudadana que demuestran que niñas, niños, adolescentes y docentes pueden interpretar datos del aire y convertirlos en acciones de cuidado comunitario.
“Queremos involucrar a la sociedad. Queremos jalar a las infancias y adolescencias hacia el área STEM, que se den cuenta de que pueden ser partícipes activos para generar ciencia y datos que nutran nuestra red”, puntualizó la investigadora Castillo.
Asimismo, la plataforma incorpora herramientas de gobernanza desarrolladas por la docente de la UPIICSA, Rocío Huerta Cuervo, especialista en políticas públicas, quien creó un índice que permitirá identificar municipios capaces de sostener tecnología y articular instituciones locales.
Por último, RESPIRA también aprendió de experiencias latinoamericanas. Su diseño se inspira en Kuaira, un sensor móvil peruano certificado que puede montarse en bicicletas o transportarse fácilmente para mapear la calidad del aire durante trayectos cotidianos.
DE LA PLANEACIÓN A LA ACCIÓN.
RESPIRA es ambicioso y, por ello, su implementación avanzará por etapas. La primera fase consiste en entablar diálogos con comunidades y municipios para seleccionar zonas piloto mediante el Índice de Capacidades Institucionales Municipales. Esto permitirá construir una base territorial sólida para traducir los datos en decisiones públicas. De forma paralela, el equipo del IPN diseñará un tablero estatal de monitoreo.
La segunda etapa contempla la construcción de una red ambiental mediante la instalación de decenas de kits con sensores mexicanos y drones, ubicados en escuelas, ayuntamientos y espacios comunitarios. La tercera etapa se centrará en empoderar a miles de estudiantes y docentes mediante módulos STEAM y experiencias que les permitan comprender la ciencia detrás de la calidad del aire y analizar los datos en tiempo real.

La científica politécnica Castillo Juárez destaca que se trata de tecnología nacional, móvil y de bajo costo. “RESPIRA busca generar educación activa, de la mano de la población, con datos al minuto”, señaló.
Finalmente, con el sistema validado, se lanzará la plataforma estatal, el tablero de gobernanza y un modelo replicable para implementar RESPIRA en otros estados del país. Con este despliegue se presentará la aplicación “Respira Contigo”, una plataforma accesible que permitirá consultar la calidad del aire, recibir alertas, entender los contaminantes y acceder a rutas de atención médica.
INVERSIÓN SOCIAL.
RESPIRA protege la salud, redefine la salud pública desde la ciencia ciudadana y la corresponsabilidad comunitaria.
Desde las ciencias sociales, investigadores politécnicos estimaron su impacto mediante metodologías TIB y NEC, que comparan costos y beneficios sanitarios, educativos y ambientales, además de medir eficiencia comunitaria y fortalecimiento territorial.
Las proyecciones indican un retorno social de 2.8 pesos por cada peso invertido, equivalente a más de 3.5 millones de pesos en beneficios acumulados.
Este proyecto demuestra que no es solo tecnología, sino una red social de cuidado ambiental. Mide la calidad del aire, pero también mide oportunidades de vida; genera datos, pero sobre todo genera capacidades y vocaciones científicas en las juventudes.
En un estado donde confluyen contaminación urbana, cenizas volcánicas y desigualdades sociales, RESPIRA propone un nuevo pacto entre ciencia y comunidad.