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Ni satanizar la tecnología ni ignorar la crisis: la ruta es la infraestructura de “agua morada” y la eficiencia energética. La disyuntiva no es “bits o gotas”: bienvenida la innovación, acompañada de responsabilidad hídrica.

Nube seca: La paradoja hídrica de la IA

Huella. Diversas estimaciones de la industria y la academia señalan que generar un texto de unas 100 palabras con modelos de lenguaje puede consumir, en promedio, 500 mililitros de agua.

Regresas a la oficina, abres tu laptop y sientes que el futuro está al alcance de un clic. Lo que nadie te dijo es que ese futuro tiene mucha sed.

Arranca el 2026. Un oficinista retoma sus labores tras el descanso navideño con el propósito de ser más productivo. Abre su correo, responde mensajes apoyado por una inteligencia artificial (IA) y le pide resumir un informe anual. Al mediodía, se levanta con su botella vacía y descubre que el garrafón del comedor se acabó. Lo irónico es que, aunque sus labios no han tocado una sola gota, su actividad digital de la mañana ya “bebió” al menos 10 litros de agua sin que él se diera cuenta.

La huella hídrica del “clic”. Diversas estimaciones de la industria y la academia señalan que generar un texto de unas 100 palabras con modelos de lenguaje puede consumir, en promedio, 500 mililitros de agua. Esta agua no la bebe la computadora; se evapora o se utiliza en los inmensos sistemas de enfriamiento que evitan que los centros de datos colapsen por el calor.

La “Nube” no es etérea; es física, pesada y caliente. Y en México, esa nube ha decidido vivir en el Bajío. Desde 2019, Querétaro se ha consolidado como el epicentro de los centros de datos en América Latina. La ubicación es estratégica, pero el reto hídrico es monumental.

La paradoja queretana: Lluvia vs. Infraestructura. Hay buenas noticias coyunturales: Querétaro cerró el 2025 libre de sequía, acumulando siete meses consecutivos en condiciones estables, según el Monitor de Sequía de la Conagua. Es uno de los 18 estados que llegaron al 31 de diciembre con cero municipios en sequía , un contraste brutal y positivo frente al cierre de 2024, cuando la mitad del estado sufría afectaciones.

Sin embargo, este “respiro” climático no debe confundirnos. Que las presas tengan agua hoy no significa que tengamos garantizado el suministro para una industria que opera 24/7 los 365 días del año. El desafío de los centros de datos no se resuelve solo con lluvia, sino con ingeniería y política pública.

Tecnología sedienta, soluciones inteligentes. No se trata de caer en la tecnofobia ni de frenar la inversión. Actualmente, existen tecnologías de enfriamiento variadas: desde las evaporativas tradicionales hasta los circuitos cerrados o sistemas por aire.

El mundo ya nos está enseñando cómo hacerlo. Singapur utiliza agua residual ultratratada para la industria, sin tocar el agua potable de la gente. Sídney ha reducido el consumo hídrico en un 95% con circuitos cerrados. En México, y específicamente en el corredor del Bajío, la apuesta tiene que ser el “agua morada” (tratada). El problema, muchas veces, no es que falte el líquido, sino que falta la tubería para llevarlo de la planta de tratamiento al parque industrial.

Una sola crisis. Necesitamos romper el mito de la inmaterialidad digital. Cada instrucción a la IA, cada video en streaming y cada archivo en la nube tiene un costo ambiental que no podemos ignorar.

La tecnología debe servir al bien común, no competir contra él. Como bien señala la encíclica Laudato Si’: “No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-ambiental”.

La disyuntiva no es “bits o gotas”. La exigencia ciudadana debe ser clara: bienvenida la innovación, siempre que venga acompañada de responsabilidad hídrica. México tiene la oportunidad de liderar una gestión tecnológica sustentable, garantizando que la sed de los algoritmos nunca esté por encima de la sed de las personas.

* Secretario General de la Asociación Mexicana para la Correcta Hidratación, A.C. y titular de AGUA Crónica.

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