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Pretender controlar la política de los países latinoamericanos, irrumpiendo contra los gobiernos (buenos o malos), amenazando con intervenir militarmente, poniendo aranceles a aquellos que no les aplaudan. Estas señales también son racistas y denotan una línea de supuesta superioridad racial.

Expansionismo y Supremacía: El binomio que persigue Trump

Trump. Donald Trump.

Para comprender un poco más lo que está sucediendo hoy en la política mundial, vale la pena echar una mirada a la historia. Lo que el gobierno de Estados Unidos (que no su gente, no el país) persigue, rompe con el derecho internacional y con todas las reglas de convivencia que sostenían con pinzas el orden mundial. Ya antes hemos visto cómo los países dominantes han roto las reglas sin que nada ni nadie los pueda detener: Rusia con Ucrania, Israel con Palestina, Estados Unidos con Venezuela…

Basta con ver cómo el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de E.U. (ICE) dispara contra la población migrante y no migrante. ¿Han notado que los agentes del ICE son mayoritariamente blancos no hispanos? Tienen autoridad para arrestar a quienes sospechen que están en el país de forma ilegal. La sospecha basta para arrastrar a la gente fuera de sus casas y de sus autos, entrar a escuelas para arrestar a cualquier persona, utilizar las armas con total impunidad. Esto se parece ciertamente a la persecución alemana de la Segunda Guerra Mundial contra los judíos.

Pretender controlar la política de los países latinoamericanos, irrumpiendo contra los gobiernos (buenos o malos), amenazando con intervenir militarmente, poniendo aranceles a aquellos que no les aplaudan. Estas señales también son racistas y denotan una línea de supuesta superioridad racial.

Estados Unidos es un país que se forjó poco a poco, iniciando con 13 colonias del este del país que lograron su independencia de la Gran Bretaña en 1770 y que poco a poco fue comprando o anexando territorio como botines de guerra. El último fue Alaska en 1867, territorio vendido por Rusia cuando no se le conocía valor y que resultó ser el más grande negocio para Estados Unidos. Así, para ese país, comprar o arrebatar territorio es lo más común.

Hoy busca hacerse de Groenlandia, territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca. Estados Unidos presiona por anexar ese territorio a como dé lugar, poniendo en riesgo la paz mundial. Esta nueva pretensión expansionista tiene diferentes connotaciones. Una, hacerse de los recursos naturales groenlandeses, principalmente minerales y tierras raras; otra, contar con una zona militar estratégica para generar lo que he llamado el “domo dorado”, una zona de defensa antimisiles y antinuclear. La pregunta es ¿Por qué habría que construir zonas resistentes contra ataques nucleares? ¿Qué sabe Trump que no sabe el resto del mundo?

De forma similar, ha pregonado que anexará Canadá como el “estado 51”, lo que ha puesto en alerta al gobierno de aquel país. El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha dado el día 20 de enero del 2026, un discurso histórico en Davos en el que deja ver que no solo defenderá su territorio, sino que buscará formar alianzas para generar una fuerza común. “Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable —en un mundo que no lo es, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo (…) Los poderosos tienen su poder, pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos”.

Habrá que valorar las palabras del ministro Carney, formar alianzas y eliminar las ideologías expansionistas y de supremacía de cualquier potencia, que violentan los derechos humanos y causan retroceso en el mundo que queremos para las próximas generaciones.

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