
“Hoy, todos reconocemos que la investigación, la divulgación y la docencia, son tres aspectos de quienes se dedican a las labores de la ciencia, que no se pueden separar. Este reconocimiento es nuevo, porque antes, la divulgación era vista como una labor menor, adecuada para quienes no podían hacer una carrera de investigación”, expuso Antonio Lazcano, miembro de El Colegio Nacional, en la segunda mesa del coloquio La comunicación de la ciencia, titulada Notas para construir una agenda en torno a la comunicación de la ciencia.
El biólogo mexicano recordó las palabras de Carl Sagan que planteaban que la divulgación de la ciencia era finalmente un acto de democratización de la cultura científica. Aseguró que mientras más se democratice la cultura científica, sabrá que no puede entender el mundo contemporáneo sin la ciencia. “Lo que estamos haciendo es abrir la oportunidad para quién sabe cuántas Marie Curie y para quién sabe cuántos Einstein entre los jóvenes”.
De acuerdo con el colegiado, “al Estado mexicano se le olvidó que la ciencia es parte de la cultura. Lo que nos está fallando es que no vemos en contraposición a la cultura y la ciencia, las vemos mezcladas”. Enfatizó que uno de los objetivos de la década por parte de la UNESCO, es acercar a todos a la ciencia, buscar su desarrollo y la democratización del conocimiento. “Ese debería ser uno de los objetivos en México”.
Al tomar el micrófono, la también colegiada María Elena Medina-Mora, respondió a la pregunta: ¿Por qué necesitamos la ciencia? Apuntó que, después de la pandemia hubo un aumento importante de la enfermedad mental, a eso se sumó una mayor cantidad de drogas sintéticas más potentes que las naturales. “Yo pienso que no tenemos ese siguiente paso, trabajar en un fenómeno que es biológico, psicológico y social, tenemos que involucrar al medio ambiente, y no podemos utilizar únicamente investigación básica, porque hay nuevos modelos exitosos que no han llegado a la población, porque no se divulgan”.
“¿Qué necesitamos? Necesitamos investigación, una investigación específica que nos ayude a mejorar la intervención, aprovechar la digitalización; entonces, desde la prevención hasta el tratamiento oportuno, necesitamos ayudar a nuestros jóvenes”, concluyó.
HUMANIDADES.
Pablo Yankelevich, del Centro de Estudios Históricos del Colegio de México, puntualizó que se vive un decreciente interés de los jóvenes por las carreras en humanidades. “Hay un problema de base, la primera es la manera en la que se organiza el conocimiento en los espacios, las ciencias exactas, la ciencia humana. Esta división obtura el impulso de las humanidades, organiza las disciplinas por oposición y condena a la especialización”.
Subrayó que la especialización de las disciplinas humanas y artísticas no conduce a la humanización de las sociedades. “Las humanidades están retrasadas frente al trabajo de divulgación del conocimiento entre las ciencias naturales, ciencias biológicas y ciencias exactas. Se margina a las humanidades para privilegiar el campo del negocio y el campo de la tecnología. Si esto continúa así, el futuro de la democracia pende de un hilo”. Agregó que “la historia se vuelve ciencia; no entiendo por qué ha dejado de ser un patrimonio común”.
En su participación Alejandro Frank, miembro de El Colegio Nacional, comentó que algo fundamental en la divulgación de la ciencia es el placer y el gozo de comprender, siguiendo las ideas del científico y divulgador Ruy Pérez Tamayo, en su libro Diez razones para ser científico. “Creo que uno de los problemas más graves que tenemos es la dificultad para atraer a los jóvenes. El humor es una forma de llegar a la ciencia”.
En palabras del colegiado, el humor permite mostrar cómo los resultados de la ciencia, la investigación y la tecnología pueden llegar al público general de nuevas maneras. En particular, el humor puede utilizarse como una fuerza crítica y cuestionadora, valiosa para todo tipo de comunicación y útil para que se transmitan sin solemnidad y con mayor agudeza e ingenio. “El público es más receptivo cuando el científico resulta accesible y no únicamente profesoral y lleno de autoridad. La ciencia es siempre corregible”.
Finalmente, Elaine Reynoso Haynes, académica de la Dirección General de Divulgación de Ciencia de la UNAM, detalló que lo que se ha denominado la era moderna de la divulgación o la comunicación de la ciencia como una actividad más organizada y que se lleva a cabo de manera institucional en algunos países, empieza después de la posguerra, pero en México lo podemos ubicar a finales de la década de los años sesenta y setenta del siglo pasado.
“En ese periodo se ha visto una evolución de esta actividad en varios rubros. Ahora es una actividad profesional por la cual la gente incluso trabaja a tiempo completo y cobra por eso. Ha pasado de una actividad cultural, a una indispensable para contribuir en la construcción de una cultura científica, para la población. Al grado que ya están incorporando a la comunicación de la ciencia a los discursos oficiales y los planes de desarrollo institucionales”.
La experta concluyó que México es un ejemplo maravilloso de eso y hoy se comunica la ciencia a la población, a través de una gran diversidad de formatos y medios. “Se está consolidando y fortaleciendo como campo profesional, existe ya literatura especializada, existen tesis de grado, hay investigación, hay asociaciones y sociedades profesionales, hay foros, hay congresos. Sin embargo, todavía no llegamos al grado de madurez y otras disciplinas, pero eso tiene que ver justamente con la naturaleza de nuestra actividad. Yo los invito a considerar tres contextos para construir esta agenda: el nacional, el institucional y el campo profesional”.
La segunda mesa del coloquio La comunicación de la ciencia, coordinado por la colegiada Silvia Giorguli Saucedo y los científicos Julia Tagüeña y José Seade,se encuentra completa en elcolegionacionalmx.