
A finales del año 2025 se estrenó en las salas de cine del mundo una nueva versión de la famosa obra de Mary Shelley “Frankenstein”. La novela fue escrita en 1818 y es considerada como uno de los clásicos de la literatura gótica y de terror. Personalmente pienso que es una obra que se puede incluir en la categoría de terror, pero no por el motivo obvio de la construcción de una creatura a partir de partes de cadáveres, que es reanimada por medio de electricidad y que finalmente se vuelve en contra de su creador.
El terror radica en que la agresividad de la creatura no era innata, fue el resultado del rechazo y los ataques infligidos tanto por el Dr. Frankenstein, como de gente que posteriormente se topó con ella. Rechazo y agresión provocados tan solo por la apariencia física de la creatura. Como especie, los humanos, prejuzgamos y generamos repulsión a estereotipos que se desvían de una concepción artificial de la belleza.
Podemos argumentar que el miedo a organismos no gratos a la vista puede ser una respuesta adaptativa favorecida por la evolución. Si encontramos un organismo que no es atractivo y nos alejamos no sufriremos ningún daño independientemente de si ese organismo es o no peligroso.
Lamentablemente, muchas personas no se alejan y deciden sin mayor consideración matar al animal. La entomofobia, aracnofobia, y ofidiofobia son miedos intensos e irracionales hacia insectos, arañas y serpientes. Como cualquier fobia, estas son un tipo de trastorno específico de la conducta que genera ansiedad, pánico, y/o angustia. Sin embargo, no es necesario adquirir una fobia para tener una reacción hostil hacia seres poco atractivos. Como biólogo que trabaja en el campo me ha tocado en numerosas ocasiones escuchar a alguien gritando: “Que horror, mátalo no sea que te vaya a picar”; siendo que, muy probablemente ese animal no solo es inofensivo, sino que por el contrario da un servicio ecosistémico.
Un servicio ecosistémico es el beneficio que la humanidad obtiene atreves del papel que juegan las especies regulando el funcionamiento, los procesos y la gestión del ambiente. Tanto plantas silvestres como agrícolas dependen de los insectos para su polinización y producción de frutos. Se estima que cerca del 90% de las plantas con flor dependen de la polinización de insectos como abejas, mariposas, polillas, moscas y escarabajos. Actualmente a nivel global la agricultura esta entrando en una crisis por la reducción en el número de individuos de las poblaciones de insectos polinizadores, lo cual repercute en una baja en la producción de alimentos.
Artrópodos como los ciempiés son aliados naturales al fungir como controladores biológicos de plagas que dañan cultivos. La presencia de ciempiés reduce la necesidad de pesticidas tanto en el campo como en el hogar. Al ser organismos depredadores activos eliminan gran cantidad de organismos que pueden acarrear enfermedades como chinches y cucarachas.
En general, los ciempiés viven entre materia vegetal en descomposición ayudando a reciclar nutrientes y aumentar la calidad de la tierra. Aun cuando muchas especies producen veneno, este es inofensivo para el ser humano; al contrario, la investigación biomédica básica ha encontrado que ese veneno puede servir como analgésico y antiinflamatorio.
Posiblemente, los animales que más han sido afectados al etiquetarse como organismos venenosos son las serpientes y las arañas. Es importante saber, que el veneno tiene dos funciones básicas, la inmovilización de presas y la defensa.
Es un hecho que los seres humanos no somos una fuente de alimento para ninguno de estos dos grupos de organismos. Por más que las películas nos lo quieran hacer creer, no existe ninguna especie de serpiente que busque entrar a nuestras casas para devorarnos. Como medio de defensa, en la mayoría de los casos tanto las serpientes como las arañas prefieren huir antes que desperdiciar su veneno.
Las mordeduras a personas por parte de especies ponzoñosas es el resultado de nuestro descuido al meter la mano en cavidades, levantando troncos viejos en el campo o caminado por sitios donde no podemos ver donde pisamos.
Se estima que como máximo el 20% de las más de 3500 especies serpientes que existen en el planeta son venenosas; y de estas menos de 200 especies poseen veneno capaz de lastimar de forma significativa a un humano. Más de 45000 especies de arañas han sido descritas en el mundo y aun cuando casi todas son venenosas, menos del 1% son consideradas peligrosas para nosotros.
En nuestro país, solo la viuda negra (Lactrodectus mactans) y la araña violinista (Loxosceles reclusa) pueden constituir un peligro real, particularmente para niños y ancianos. Aún cuando existe el riesgo, la posibilidad de encontrar un arácnido con veneno mortal es extremadamente baja (siempre y cuando no estemos en Australia). Desgraciadamente, para México se reporta un promedio anual de 30 defunciones por mordedura de serpiente. La mayoría de estos accidentes ocurren a hombres de entre 25 y 45 años en zonas rurales. Por otra parte, el papel de estos dos grupos de animales en el control biológico es esencial.
Los arácnidos consumen gran cantidad de moscas y mosquitos, mientras que las serpientes son las principales reguladoras de las poblaciones de roedores. Probablemente la mejor recomendación es que la próxima vez que te encuentres con alguno de esos animales poco atractivos no lo molestes o mucho menos lo mates. Lo que debes hacer es ignorarlo y alejarte de su camino, lo más seguro es que el hará lo mismo.