
Dentro del bosque que crece en el volcán de Acatlán, se puede apreciar el resplandor de las hojas de los árboles al mirar hacia el cielo, esta imagen genera paz y tranquilidad. En ese dosel luminoso, donde la neblina se filtra entre las ramas y el silencio solo es interrumpido por el canto de las aves, sobrevive uno de los tesoros naturales más singulares del estado de Veracruz: el haya mexicana, cuyo nombre científico es Fagus grandifolia subsp. mexicana (Martinez) A.E.Murray. Este árbol es endémico de México, es decir no habita en otro lugar lugar del mundo y está en peligro de extinción de acuerdo con las normas nacionales e internacionales.
Las comunidades arbóreas en las que se desarrolla el haya mexicana forman parte del llamado bosque mesófilo de montaña, un ecosistema que resguarda una alta diversidad biológica y múltiples beneficios para las poblaciones humanas. Estos bosques se desarrollan en las zonas montañosas más húmedas del país y consituyen uno de los ecosistemas más fragiles y en peligro de desaparecer. El haya mexicana es una especie relicta, es decir, un vestigio de épocas pasadas en las que el clima era más frío y húmedo. Actualmente, su distribución es extremadamente restringida y se limita a 11 poblaciones aisladas en la Sierra Madre Oriental. En Veracruz, que representan la distribucion más sureña de la especie, solo quedan tres poblaciones, dos de ellas en el volcán Acatlán (Acatlán) y una en Mesa de la Yerba (Acajete), que en conjunto cubren una superficie menor de nueve hectáreas.
En el bosque de Fagus, los troncos robustos, la hojarasca espesa y el suelo siempre húmedo crean las condiciones ideales para una gran variedad de plantas, hongos, insectos, aves y mamíferos. El haya mexicana es un árbol que puede alcanzar hasta 40 m de altura y tener troncos de un metro de diámetro, como son muy abundantes en los sitios donde crecen pueden aportar más del 90% de la madera de estos bosques. Por ello, cumple una función ecológica muy relevante que es el almacenamiento de carbono, que es vital para combatir el cambio climático. Aunque el bosque de haya mexicana no es singularmente diverso, por el número de plantas que resguarda, mantiene especies de plantas muy importantes como el naranjillo (Ilex discolor), la magnolia chivillo (Magnolia schiedeana), el cinco hojas (Oreopanax xalapensis), el aguacatillo (Ocotea psychotrioides), la lengua de pajaro o palmilla (Podocarpus matudae) y el capulincillo o tila (Ternstroemiasylvatica), todas ellas consideradas especies arbóreas en riesgo del bosque mesófilo de montaña de México. Además, este bosque es muy relevante para regular el ciclo del agua, proteger el suelo de la erosión y ayuda a mantener un clima local más estable.
Además de su importancia ecológica, el haya mexicana es relevante culturalmente, en varias poblaciones es utilizada como leña y su madera sirve para la construcción de muebles, herramientas y diversos objetos de uso cotidiano. La madera del haya mexicana es de gran calidad, presenta características de dureza, resistencia y textura similares a las de Fagus sylvatica, el haya europea, que es una especie forestal económicamente muy importante. En nuestro país, no existe registro de prácticas silvícolas sustentables del haya mexicana, su extracción está prohibida debido a su estatus de conservación. Sin embargo, es un recurso forestal que manejado de manera adecuada podría generar ingresos económicos importantes para las poblaciones, así como fomentar su conservación. Por otro lado, las semillas, conocidas como hayucos, son comestibles y poseen un alto contenido energético, por lo que podrían representar un recurso alimenticio complementario, siempre y cuando se usen bajo esquemas de manejo sustentable.

En nuestro país, se han generado distintas inicativas de investigación para estudiar el haya mexicana. Estos estudios han mostrando el grado de aislamiento de sus poblaciones, así como el limitado intercambio genético entre ellas, lo que pone en riesgo la permanecia de la especie ante las presiones antropogénicas actuales (expansión de la frontera agrícola, los incendios, la tala, el cambio de uso de suelo y los efectos del cambio climático). Pero no todo son malas noticias, el haya mexicana tiene capacidad de regenerarse de manera natural, este proceso es lento y altamente sensible a las perturbaciones humanas. Por ello, es urgente diseñar estrategias de restauración más efectivas, que integren la colaboración de todos los sectores de la sociedad. Afortunamadamente existen ejemplos ciudadanos muy destacados para el rescate del bosque del haya mexicana; uno de ellos, lo constituye el Vivero de Colectivo Ciudadanos por Acatlán, quienes producen árboles de haya y de otras especies del bosque para promover campañas de reforestación. Esta inciativa, aunque ya ha sido apoyada por algunas autoridades, debe fortalecerse con la integración de los sectores académicos y gubernamentales de manera más comprometida y cercana, que permitan que estas acciones sean de largo plazo.
Caminar entre los árboles del haya mexicana es recorrer un paisaje que ha resistido miles de años de cambios ambientales, es necesario que todos nos compremetamos a que este camino perdure muchos años más y que los hijos de nuestros hijos puedan disfrutar de su belleza y todos los bienes que ofrece este tesoro escondido de la sierra veracruzana.
Isis Io Ortiz Vela1, Betsabé Ruiz Guerra2 y Noé Velázquez Rosas1
1Centro de Investigaciones Tropicales, UV
2Red de Interacciones Multitróficas, Instituto de Ecología A.C.