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Estos ‘archivos climáticos’ funcionan “como un libro de historia”, han señalado los investigadores, que utilizaron datos isotópicos de argón para estimar la edad de las diferentes capas

Carrera contra el tiempo para salvar los ‘archivos climáticos’ bajo el hielo alpino

Hielo. Investigadores de la Universidad Ca' Foscari de Venecia y de la Academia Austríaca de Ciencias extraen un núcleo de hielo en el glaciar alpino Weibseespitze. (Andrea Fischer.)

Los glaciares alpinos funcionan como archivos naturales del clima y de la contaminación atmosférica del pasado y preservan datos históricos acumulados durante siglos, pero el cambio climático acelera el deshielo y los científicos trabajan contra el crono para estudiar y conservar esa información antes de que desaparezca.

El análisis del hielo analizado a diez metros de profundidad en el glaciar alpino Weibseespitze, entre Austria e Italia, ha revelado por ejemplo niveles bajos de contaminación antes del año 700, propios de un entorno preindustrial; o que entre los años 950 y 1200 aparecieron picos de metales como plomo, cobre o plata relacionados con la minería medieval y señales de incendios forestales, sequías y erupciones volcánicas.

Esos registros muestran cómo los eventos naturales y las actividades humanas influyeron en la composición de la atmósfera durante siglos, pero el cambio climático amenaza ahora con ‘derretir’ esos valiosos archivos climáticos, y ese glaciar en concreto ha pasado ya de 9,5 metros de hielo en 2019 a solo 5,5 en 2025.

Un equipo internacional de investigadores, liderados por científicos de la Universidad Ca’ Foscari de Venecia, perforó ese glaciar y han desvelado información muy relevante sobre la transición entre la era preindustrial y la industrial, cómo ha evolucionado la contaminación durante siglos o la huella de las sucesivas actividades humanas; hoy han publicado el resultado de su trabajo en la revista Frontiers in Earth Science.

Estos ‘archivos climáticos’ funcionan “como un libro de historia”, han señalado los investigadores, que utilizaron datos isotópicos de argón para estimar la edad de las diferentes capas, hasta demostrar que la superficie del glaciar se formó entre 1552 y 1708 y la más profunda data entre el 349 y el 420 antes de Cristo.

Algunos de los picos metálicos más fuertes que han hallado en algunas capas coinciden con grandes erupciones volcánicas, así como con períodos de clima seco y mayor transporte de polvo, lo que sugiere a los científicos que tanto los eventos naturales como las actividades humanas contribuyeron a las señales químicas preservadas en el hielo.

Los científicos detectaron un pico sorprendente de contaminación química entre aproximadamente el 902 y el 1280, y compararon este dato con los niveles de microcarbón presentes en núcleos de turba extraídos de zonas pantanosas cercanas y encontraron picos coincidentes, lo que confirma que los incendios fueron más comunes e intensos en esta región durante este período.

En el glaciar Weibseespitze, la minería local y otras actividades humanas provocaron también picos de contaminación, mientras que factores naturales como los volcanes los amplificaron.

Sin embargo, los investigadores han comprobado que las emisiones antropogénicas solo pueden representar alrededor del 7 por ciento de la contaminación atmosférica registrada en el núcleo de hielo, y que las emisiones causadas por los humanos aparecen como picos en un contexto natural relativamente estable, lo que “lamentablemente” no es el caso hoy en día, han señalado.

Los científicos han regresado en varias ocasiones al mismo lugar, pero han comprobado que el hielo, en el mismo lugar donde perforaron en 2019, tiene ahora solo 5,5 metros de profundidad.

Las peores predicciones apuntan que los glaciares de los Alpes de Ötztal desaparecerán en las próximas décadas, por lo que la información química y física que contienen se perderá para siempre, lo que dejará lagunas en la comprensión de la variabilidad climática pasada, han señalado los investigadores, y han advertido que preservar los glaciares no es solo proteger el hielo, es también salvaguardar la memoria del clima de la Tierra.

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