
Ser extranjero es como tener el oficio de carpintería, poeta o sastre que tiene su lado creativo y aporta a una sociedad, pero en muchos países el nacionalismo te mira como una amenaza, el enemigo al que hay que discriminar y ridiculizar, dice el antropólogo y Premio Crónica, Roger Bartra.
En entrevista sobre su reciente libro “El oficio de ser extranjero. Reflexiones sobre el viajar”, el académico señala que se trata de un ensayo sobre esas masas que migran por guerras, hambre, o cambian por gusto el lugar de su residencia o simplemente son turistas.
Se trata, dice, de una migración más compleja y que “prácticamente está en todos los países, sobre todo en los más desarrollados, pero también en otros como México, donde hay cada vez hay más extranjeros. Observamos esas movilizaciones por el mundo”.
¿Un libro que trata la migración de otros ángulos, el tema inherente al ser humano desde su aparición en la Tierra”
Es un ensayo que tiene elementos teóricos y reflexiones sobre los grupos de extranjeros que hay en muchos países y, al mismo tiempo, es un libro personal que tiene algo de autobiográfico, de ahí el título que se refiere a una propuesta que hago sobre la condición de extranjero como un oficio que puede ser el de carpintero, de poeta o sastre para ver su lado bueno, el creativo e imaginativo.
Porque el extranjero, de alguna manera, tiene una distancia con respecto al país en el que vive y ésta, aunque a veces es usada para discriminarlo, para despreciarlo, o como en México, que es el masiosare, el extraño enemigo que viene a explotar a los mexicanos, tiene sus bondades.
De esto se desprende la parte personal, la autobiográfica, porque yo, en realidad, soy extranjero en el país en que nací. Una condición muy peculiar y muy extraña.
Si vamos a los hechos, quienes huyeron del franquismo, del nazismo, del fascismo, fueron mis padres. Primero salieron de España y después de Europa y se refugiaron en México. Fueron el típico migrante político que había salido de su país.
Lo curioso de esto es que, en mi caso, la lengua de mis padres era el catalán y no el español, lo que generó que mi idioma materno fuese el catalán y no el español, y sumado a lo extraño de mi nombre, apellido y aspecto caucásico, me hicieron, desde niño, sentirme como extranjero. Pero no había llegado de otro país, nací en la Ciudad de México.
Además, estaba en medio de esta combinación en México entre amor y odio al extranjero, entre chauvinismo y malinchismo, que genera una situación peculiar para los extranjeros.
De esto se trata el libro y lo interesante es que en mi caso puedo ejercer este oficio de extranjero, algo que otros mexicanos no pueden porque no son vistos como extranjeros ni como exiliados permanentes. Y lo puedo ejercer y por doble partida cuando viajo.
EL VIAJE
Roger Bartra dice que el viaje de los que huyen de sus países por hambre, de la represión política, de la guerra o simplemente son turistas que también es algo masivo, generan problemas en muchos de los lugares donde llegan.
Los viajes son otro punto del libro, en el cual analizó a quienes han execrado los viajes o los han alabado enormemente. Por ejemplo, Pessoa decía que detestaba viajar, porque nada le aportaba salir de su país. Emerson decía que viajar era ir al paraíso de los tontos….
Sobre este tema, dedico un capítulo a Jorge Ibargüengoitia, porque hicimos un viaje juntos. Una persona muy divertida, muy interesante y gran escritor.
Estuvimos en un pueblo pequeño llamado Crystal City, en Texas, un lugar al que en ese tiempo nadie llegaba en los años setenta del siglo pasado. Durante esos años, en Crystal City había crecido un partido chicano, de mexicanos-norteamericanos, que se llamaba el Partido de la Raza Unida y que ganó las elecciones locales. Sus autoridades decidieron hacer un encuentro entre intelectuales y dirigentes chicanos con intelectuales mexicanos.
Ahí estábamos con Vicente Rojo y otros compatriotas. Fue una experiencia realmente extraña ese viaje al que nos invitan mexicanos que son tratados como extranjeros en Estados Unidos, y ellos nos trataban como extranjeros a nosotros los mexicanos. Un ambiente completamente extraño.
En esos días hubo una anécdota: los chicanos en Crystal City decretaron ley seca, no se podía vender alcohol ahí permanentemente.
¿Qué hizo Jorge Ibargüengoitia? Fue al condado vecino y compró una enorme botella de whisky, de esas de cuatro litros, y se la trajo. Claro, no está prohibido beberlo, estaba prohibido venderlo. Eso fue todo un reto.
MÁS EXTRANJEROS
En este punto Roger Bartra expone un tema importante de su libro: cómo ve el futuro de la migración en los países, sobre todo en los más desarrollados, pero también naciones como México. En todos cada vez hay más extranjeros. “Es algo creciente. Personas que huyen de adversidades, que buscan trabajo o como turistas. Son masas de extranjeros movilizándose por el mundo”.
Por ello, añade, se requiere reflexionar sobre esto, qué significa y al mismo tiempo, reivindicar el valor de ser extranjero en un país, porque eso proporciona una visión diferente que puede ser muy creativa y estimulante.
¿A este aumento de masas que viajan por alguna adversidad, como turistas o para asentarse en otro país cambia la cara de la migración en el mundo?
En países muy nacionalistas como México, la presencia de extranjeros genera inquietudes y choques. Aquí mismo, en la Ciudad de México, hay reacciones adversas contra los que se establecen en las colonias Roma, Condesa, etcétera.
Al mismo tiempo, hay un flujo de centroamericanos, de venezolanos, de haitianos, de cubanos… que tratan de llegar a Estados Unidos y muchos terminan quedándose en México y generan también inquietud, porque la gente sospecha que muchos de ellos forman parte de bandas criminales. Pero esto refleja algo: que en los países y su vida cotidiana cada vez hay más extranjeros.
Aquí vale recordar que la nación más importante y potente del mundo, Estados Unidos, tiene su origen en la migración, en los extranjeros, y los primeros que llegaron no llegaron a conquistar y, al mismo tiempo, no había una población indígena densa ni tampoco organizada en sociedades sofisticadas y complejas como era el caso de México, del Perú, etcétera. Fue una migración a un espacio que se consideraba desierto, pero no estaba desierto, estaban los apaches…, pero desde el punto de vista europeo, estaba vacío.
Entonces ese origen de Estados Unidos como país de migrantes, en México no se ve así, a pesar que estos “migrantes” -los conquistadores españoles- acabaron imponiendo y generalizando la lengua y la religión y perpetraron con la Conquista una de las catástrofes más grandes que ha habido en el mundo, posiblemente la mayor matazón, no por razones bélicas, sino por la viruela y otras enfermedades, que diezmaron en unos cuantos decenios la población indígena.
SOCIEDAD MEXICANA OCCIDENTAL
Roger Bartra explica que la evidencia de que la sociedad mexicana es una sociedad esencialmente occidental no es aceptada ni entendida, y es un hecho evidente: ¿qué religión impera? El catolicismo. ¿Cuál es la lengua del país? El español.
Si esto no nos hace occidentales, que formamos parte de la gran cultura occidental, nos lleva a una condición paradójica, a veces trágica, a veces ridícula: un nacionalismo que no encuentra salida y que acaba obstaculizando el propio desarrollo del país, que es lo que estamos viendo que ocurre hoy.
Es un nacionalismo sin sentido e irracional que lo único que hace mostrar el desprecio o sospecha contra los extranjeros. Se trata de un nudo de problemas donde parece chiquito este tema de la extranjería, del fenómeno del extraño enemigo en el país y en muchos otros países. Pero es un pequeño problema que se conecta con problemas muy importantes, con temas fundamentales de la historia de muchos países.
En contraparte a lo que expones, hoy hay generaciones que no quieren salir de sus casas y están pegadas a las tabletas. Están atrapados allí.
Cierto, no salen de su casa, e incluso no han salido de su municipio o de su ciudad. Bueno, ese es el terrible contraste. Esto también hace difícil a veces la vida de un extranjero en un país porque se topa con sectores de la población que, como dices, no han salido nunca de su casa, ni van a salir. Su horizonte es de lo más estrecho, tan estrecho, como un campesino del siglo XIX en Europa, que no salía en su vida, ni sus hijos iban a salir, ni sus nietos, ni sus padres habían salido.
Y hay otro contraste: una parte de la población mexicana que migró a Estados Unidos y regresa de visita como seres bastante exóticos, estrafalarios: llegan con vestuario diferente, actitudes diferentes, que contrastan con las costumbres de la parroquia de donde se escaparon. Entonces, hay un choque y eso hace, claro, que las sociedades se fragmenten.
Al mismo tiempo, están los niños que no han asomado la nariz para nada fuera de su aldea, que juegan videojuegos importados, que son formas de inteligencia artificial, que ven programas de televisión extranjera, es decir, están cerca de lo que viene de fuera, pero con una imagen completamente deformada de lo extranjero.