Academia

La forma de la costa refleja procesos naturales y humanos. El análisis de su geometría permite evaluar su condición y avanzar hacia un monitoreo nacional del litoral mexicano

Costas: forma y transformación

Inecol. Medir una costa nunca es tan simple como parece: cuanto más de cerca la observamos, más curvas, entrantes y pequeños detalles aparecen. Imagen generada con Gemini.

Las líneas de costa han intrigado a científicos durante décadas. Sus formas irregulares —a veces suaves, a veces abruptas— inspiraron a Benoît Mandelbrot a plantear una pregunta aparentemente simple: ¿cuánto mide una costa? Su respuesta cambió la forma de entender la naturaleza.

La longitud depende de la escala de medición: cuanto más detalle se observa, más compleja parece la costa. Así nació el concepto de fractalidad. La fractalidad es una manera de describir formas que repiten su irregularidad una y otra vez, aunque las observemos a distintas escalas. Es decir, al mirar de cerca una pequeña parte, encontramos un contorno parecido al del conjunto completo.

Por ejemplo, los vasos sanguíneos, las ramas de un árbol, los cauces de los ríos, los copos de nieve, etc.En realidad, las costas no son fractales en sentido estricto. No repiten su forma indefinidamente. Su geometría, más bien, es el resultado de procesos físicos y ecológicos que operan dentro de ciertos límites.

En costas rocosas, la interacción entre el oleaje y la estructura de la roca produce formas complejas que pueden parecer fractales. En playas arenosas, en cambio, el movimiento constante de la arena tiende a suavizar la línea de costa, formando curvas amplias y continuas.

La forma de la costa es una huella visible de los procesos que la moldean. Como se muestra en la Figura 1, distintos tipos de costa presentan organizaciones geométricas contrastantes, desde patrones irregulares hasta formas suavizadas o claramente modificadas.

Inecol. Figura 1. Tres formas de la costa. (A) Costas rocosas con formas irregulares generadas por procesos complejos (Baja California). (B) Playas arenosas naturales, donde el movimiento de la arena suaviza la línea de costa (Veracruz). (C) Costas intervenidas, donde estructuras como espigones o rompeolas rompen la continuidad y modifican su forma natural (Yucatán). Imágenes de Google Earth .

En las últimas décadas, la intervención humana ha modificado de manera creciente el litoral. En México, un estudio reciente documenta que el número de estructuras costeras —como espigones, escolleras, rompeolas y puertos— casi se duplicó entre 1995 y 2019. Este crecimiento responde a necesidades reales: proteger la infraestructura humana, facilitar la navegación o impulsar el turismo.

Sin embargo, sus efectos van mucho más allá del punto donde se construyen, ya que frecuentemente inducen erosión en las zonas adyacentes, corriente abajo.La erosión inducida por la presencia de estructuras de protección ocurre debido a que las playas arenosas dependen de un flujo continuo de sedimentos. Cuando una estructura interrumpe ese flujo, la arena se acumula en un lado y se pierde en el otro.

No existe una respuesta única: algunas zonas permanecen estables, otras acumulan sedimento y otras más se erosionan, dependiendo del contexto local.Pero, más allá de estos cambios, hay una transformación menos evidente y, quizá, más profunda: la modificación de la geometría.Las estructuras introducen líneas rectas, ángulos definidos y rupturas en la continuidad.

Playas que antes formaban sistemas continuos se fragmentan; las curvas suaves se vuelven forzadas; y la organización espacial del litoral cambia. En algunos casos, incluso se generan nuevas superficies por acumulación inducida, aunque estas ganancias suelen ir acompañadas de pérdidas en otras zonas.Así, la costa deja de ser solo una frontera entre tierra y mar. Se convierte en un registro de la interacción entre procesos naturales y decisiones humanas.La idea de los cambios en la forma y dinámica de la costa abre una nueva manera de observar el litoral.

Más allá de medir cuánto avanza o retrocede la costa, es posible analizar cómo cambia su forma: si mantiene su continuidad, si presenta quiebres abruptos o si su geometría sigue siendo coherente con los procesos que la generan.Este enfoque resulta especialmente relevante en el contexto del Sistema de Contabilidad Ambiental y Económica (SEEA), que busca monitorear el estado de los ecosistemas en el tiempo. Para ello, se requieren indicadores consistentes y comparables.

La geometría de la costa ofrece una oportunidad: puede medirse de manera sistemática a partir de imágenes satelitales y permite detectar cambios en la organización del sistema costero.Actualmente, desarrollamos un proyecto que busca construir un sistema de monitoreo nacional de la geometría de las playas mexicanas.

La propuesta es analizar segmentos del litoral de manera sistemática y evaluar cómo su forma cambia a lo largo del tiempo, en relación con los procesos naturales y la presencia de infraestructura.En un país con más de 11,000 kilómetros de costa, esta aproximación puede aportar una visión integrada del estado del litoral.

No solo permite identificar dónde ocurre la erosión, sino cómo se transforma el sistema en su conjunto.Al final, la costa no es un fractal perfecto ni una línea fija. Es un sistema dinámico cuya forma cuenta una historia: la de los procesos naturales que la moldean y la de las decisiones humanas que la transforman. Aprender a leer esa historia —en sus curvas, sus quiebres y sus continuidades— es clave para entender y cuidar nuestras costas.

Agradecimientos

Este trabajo fue financiado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, a través del proyecto Ciencia de Frontera CF-2023-G-1497, CONAHCYT.

Referencias

Marin-Coria, E., Martínez, M.L., Silva, R. et al. Assessing the impact of infrastructure proliferation on shoreline dynamics around Mexico. Sci Rep 16, 7447 (2026). https://doi.org/10.1038/s41598-026-38793-0

Red de Ambiente y Sustentabilidad, Inecol

2 Red de Ecología Funcional, Inecol

Tendencias