
Hogar común de todos los seres abióticos y bióticos -no sintientes, sintientes y pensantes-, espacio que nos alberga y permite la vida gracias a sus inigualables condiciones ambientales y climáticas. Planeta al que se le vincula con el poder femenino de una madre, conectándolo con la fertilidad del suelo, el suministro de agua y oxígeno y la relación de todos los seres vivos en armonía con la naturaleza. Ese es el significado y por ello se insiste en darle visibilidad e impulsar acciones para protegerlo. Para cuidar nuestra casa.
Muchos son los esfuerzos que procuran acciones a favor del medio ambiente y de la biodiversidad. Sin embargo, los intereses políticos y económicos sobrevaluados se han colocado por encima del bien común. A lo largo de la historia se han presentado graves amenazas y ecocidios que ponen de manifiesto la urgente necesidad de contar con estrategias nacionales e internacionales para controlarlos y erradicarlos.
En 1912, en Japón se presentó una enfermedad crónica masiva producida por intoxicación por cadmio, la enfermedad Itai-itai (duele-duele). Las descargas fueron responsabilidad de compañías mineras en la cuenca del río Jinzu, prefectura de Toyama. La intoxicación provoca dolor óseo intenso y constante, ablandamiento de los huesos (osteomalacia), osteoporosis, múltiples fracturas, disfunción renal y anemia. El cadmio acumulado en el agua de riego contaminó el arroz, base de la alimentación local, provocando la ingesta a largo plazo.
Otro caso, también en Japón, en la bahía de Minamata, fue la contaminación de agua con mercurio que provocó un síndrome neurológico grave y permanente causado por el envenenamiento por metilmercurio, principalmente por consumo de pescado y mariscos contaminados. A raíz de ello, en 2013 se firmó el Convenio de Minamata, que busca eliminar las emisiones contaminantes de mercurio en el planeta.
Las guerras también son fuente de contaminación y deterioro ambiental severo. Las armas químicas y nucleares de la Segunda Guerra Mundial provocaron destrucción masiva de ecosistemas y vida con impacto a nivel global. Durante la Guerra de Vietnam, entre 1955 y 1975, se destruyeron millones de hectáreas de selva. Desde luego, las guerras actuales en Oriente Medio y Asia están provocando daños incalculables como la emisión de millones de toneladas de gases de efecto invernadero, contaminación del agua, aire y suelo. Hay ecosistemas marinos en riesgo por derrames de hidrocarburos, destrucción de hábitats, contaminación de flora y fauna y pérdida de capacidad agrícola.
Los derrames incidentales o accidentales de petróleo, como el de Santa Bárbara en 1969, el del Exxon Valdez en 1989 o el que se presentó en el Golfo de México recientemente; los grandes incendios en California, Canadá y Australia, el desastre de Chernóbil en 1986, la deforestación de la Selva Lacandona en el 2000 y la construcción del Tren Maya en los últimos años son solo ejemplos de los grandes ecocidios que dan cuenta de la Era del daño ambiental masivo antropogénico que no solo no se ha podido detener, sino que parece poco importar.
Si bien, existen numerosos esfuerzos globales por detener la velocidad del cambio climático y los daños al medio ambiente, parecen ser insuficientes ante la vorágine de intereses económicos y políticos de quienes toman las decisiones. Hoy más que nunca es necesario unir fuerzas y luchar por el bien de nuestro planeta porque, hasta hoy, es el único hogar que nos cobija y alimenta. La Pachamama.