Si alguna vez has sentido que te falta el aire, como si respirar dejara de ser automático, puedes imaginar, aunque sea por un instante, lo que viven los pacientes con fibrosis pulmonar idiopática (FPI).
En esta enfermedad el pulmón pierde su característica más esencial: su elasticidad. El tejido, que normalmente se expande y contrae con cada respiración, comienza a endurecerse debido a la formación de cicatrices, lo que transforma un proceso cotidiano en un esfuerzo constante. Quienes lo padecen, sienten que el oxígeno no les alcanza, como si el cuerpo se quedara sin aire incluso en reposo.
Esta enfermedad, aunque es poco frecuente, reacciona de una manera particularmente agresiva. Una vez diagnosticada, su progresión es irreversible y, en muchos casos, el pronóstico de vida se reduce a entre tres y cinco años. Además, aún no existe un tratamiento capaz de detenerla o revertirla.
Este es el padecimiento que estudia Yair Romero López, joven investigador que trabaja en enfermedades pulmonares con un enfoque que va más allá de comprender el daño. Su línea de investigación se centra en la compleja pregunta de cómo recuperar la capacidad del pulmón para regenerarse.
Romero López creció en Puebla, donde cursó la licenciatura en biomedicina sin tener del todo claro qué implicaba dedicarse a la investigación científica “Sabía que me gustaba hacer experimentos, pero no sabía bien de qué se trataba la carrera”, comenta de forma divertida. Fue durante su formación cuando el contacto con investigadores consolidados lo llevó a integrarse en proyectos enfocados en enfermedades pulmonares, particularmente dentro de los grupos liderados por Annie Pardo y Moisés Selman, figuras clave en el estudio de la fibrosis pulmonar idiopática en México.
Desde inicios de los años 2000, estos grupos plantearon que esta enfermedad no podía entenderse bajo los mismos esquemas que otras formas de fibrosis, pues mientras que en casos secundarios —como los asociados a exposición a polvo, químicos o ciertas condiciones laborales— el daño puede detenerse si se elimina el factor que lo provoca, en la fibrosis pulmonar idiopática no existe una causa clara. La enfermedad avanza por sí sola.
Según explica el investigador, durante años el enfoque principal fue entender el proceso de la enfermedad, es decir: qué ocurre en el tejido, cómo se forma la cicatriz, por qué el pulmón pierde su función, entre otros cuestionamientos. Sin embargo, en los últimos años la perspectiva ha comenzado a cambiar, y ahora, más que intentar frenar el daño, la investigación busca reactivar los mecanismos naturales de regeneración del órgano.
El envejecimiento y la pérdida de regeneración
Uno de los hallazgos más importantes en este campo está relacionado con el envejecimiento, ya que en condiciones normales, el cuerpo cuenta con mecanismos para reparar el daño en distintos órganos, sin embargo, con el paso del tiempo, esa capacidad disminuye.
En el caso del pulmón, esta pérdida resulta crítica puesto que mientras una persona joven puede recuperarse de ciertas agresiones —como la exposición a partículas dañinas—, en adultos mayores estímulos similares pueden desencadenar procesos irreversibles de fibrosis.
El problema no es solo el daño en sí, sino la incapacidad del tejido para regenerarse correctamente ya que en lugar de reconstruirse, el pulmón forma cicatrices rígidas que comprometen su funcionamiento.“Los pacientes sienten que les falta el oxígeno… en realidad se están asfixiando sin hacer ningún esfuerzo” expresa Yair.
Organoides: una nueva forma de estudiar y tratar
En este contexto surge uno de los desarrollos más recientes en la investigación biomédica: los organoides pulmonares.
Se trata de estructuras tridimensionales que se cultivan en laboratorio a partir de células del propio paciente. A diferencia de los modelos tradicionales en dos dimensiones, estos sistemas permiten observar con mayor precisión cómo se organizan las células y cómo responden ante distintos estímulos.
El principio detrás de esta tecnología es que, incluso en organismos adultos, existen células con capacidad regenerativa que permanecen inactivas hasta que son necesarias. Al aislarlas y estudiarlas en condiciones controladas, los investigadores buscan entender cómo activar esos procesos de reparación.
La meta, que aún se encuentra en desarrollo, es utilizar estas células para inducir la regeneración del tejido pulmonar dañado. Aunque por ahora se trata de una línea experimental, los resultados en modelos de laboratorio han mostrado un potencial prometedor. “Más que tratar la enfermedad, queremos reactivar que el pulmón se regenere adecuadamente”.
Post-pandemia: más atención, mismos retos
La pandemia de COVID-19 colocó a los pulmones en el centro de la atención médica y científica. Sin embargo, ese interés no se ha traducido necesariamente en mejores condiciones para la investigación.
En México, el desarrollo científico enfrenta limitaciones estructurales importantes como lo son el financiamiento reducido, proyectos de corta duración y falta de infraestructura especializada. Estas condiciones dificultan avanzar en líneas de investigación que, por su naturaleza, requieren años de trabajo continuo. “México le invierte muy poco [a la ciencia], entonces para poder hacer buenos trabajos hay que competir mucho” expresó Romero.
Además, existe una presión constante por obtener resultados aplicables en un corto plazo, cuando el conocimiento científico suele construirse de manera progresiva. Antes de desarrollar tratamientos, es necesario entender a profundidad los mecanismos de las enfermedades.
Aun así, el panorama no es completamente desfavorable, pues como lo plantea el investigador, Instituciones públicas como la Universidad Nacional Autónoma de México han logrado sostener espacios de investigación donde convergen científicos, médicos y estudiantes, creando entornos donde el compromiso académico funciona como un contrapeso frente a la falta de recursos.
Ciencia, colaboración y futuro
El trabajo de Romero López también se ha extendido hacia otras áreas relacionadas, como el envejecimiento, la nutrición y la interacción con microorganismos que forman parte del cuerpo humano. Estas líneas buscan entender la salud desde una perspectiva más integral, en la que distintos factores influyen en la capacidad del organismo para mantenerse funcional.
Después de más de una década en el campo, el investigador reconoce que no hay atajos, aludiendo a que la ciencia es un proceso que requiere tiempo, formación de nuevas generaciones y colaboración entre distintas disciplinas. Mientras tanto, en los laboratorios donde hoy se cultivan organoides pulmonares, la investigación avanza entre limitaciones, pero también con convicciones claras.
Aún no existe una cura, y muchas de estas terapias siguen en fase experimental. Pero por primera vez, la posibilidad de regenerar el pulmón —no solo tratarlo— empieza a tomar forma.