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Luis Fernando Lara, miembro de El Colegio Nacional, dictó la conferencia “La significación y la construcción del significado en los niños”, como parte del ciclo La educación y las culturas de la lengua

Frente al dominio de las pantallas, hay que regresar al relato como forma de educar

Luis Fernando Lara El colegiado advirtió sobre los riesgos de convertir pantallas y videojuegos en niñeras y sugirió a maestros y padres de familia regresar al relato para educar la lengua. (ECN)

Un niño aislado con una pantalla y unos audífonos se vuelve asocial y su lengua deja de desarrollarse. Frente a esta realidad, el lingüista Luis Fernando Lara, miembro de El Colegio Nacional, llamó a no convertir los videojuegos y las pantallas en niñeras y regresar al relato como forma de educar la lengua.

“En esta terrible época que nos ha tocado vivir, en que se abandona a los niños desde muy temprana edad a videojuegos, cuyo único objetivo es la destreza en el manejo de las teclas de la máquina y de las armas para acabar con los monstruos o los malos, el niño queda aislado”, advirtió el colegiado al dictar la conferencia “La significación y la construcción del significado en los niños”.

Durante la ponencia que formó parte del ciclo La educación y las culturas de la lengua, Lara agregó que solo a través del juego con sus compañeros: las carreras, las exploraciones en los parques y el campo, las aventuras entre los arbustos, en los charcos buscando ajolotes, los niños “despiertan sus esquemas sensomotores y dan sentido a lo que hablan y a lo que en casa y en la escuela les relatan”.

En su charla, el lingüista abordó la manera como se desarrolla el lenguaje en la infancia, las bases cognitivas y sociales de la significación y las implicaciones educativas y culturales que orientan las prácticas docentes y familiares. Además, advirtió sobre los riesgos que implica sustituir el lenguaje por las pantallas, y dijo que encaminar el rumbo es un trabajo de padres, maestros y gobierno.

“El contexto del videojuego, la violencia real y la violencia simbólica que sufrimos a diario en el mundo y en México contribuyen a que el niño deje de entender la vida y el respeto a los demás. El exhibicionismo que impulsan X, Instagram, TikTok, Facebook y las otras redes sociales imponen estereotipos del cuerpo y del comportamiento, confunde la verdad y la vuelve en caricatura”.

A través de esos medios, “el niño no tardará en aceptar volverse sicario o en salir a la calle y matar a sus maestros o a sus compañeros de escuela sin poder distinguir el mero ejercicio de las armas virtuales del asesinato real. La niña solo tiene el espejo que le dan las redes no para mirarse, sino para tratar de ajustarse al aspecto y a las poses de jóvenes que se exhiben, sin pudor alguno”.

Frente a esa realidad, Lara sugirió: “el discurso con sentido, el relato de aventuras y de viajes, de acontecimientos y hasta de tragedias verdaderas, los cuentos con moraleja, implícita o explícita, educan la lengua, pero, además, enseñan la moral social, algo de lo que adolece el mundo hoy en día y eleva a asesinos, ladrones, millonarios egomaniacos, a gobernantes, a dictadores”.

La responsabilidad, afirmó el colegiado, “es de todos: de los padres que convierten al videojuego en niñera en vez de jugar con ellos, platicar y relatar algo. De los maestros que no se entregan a la verdadera enseñanza en que se educa la lengua y se crea la moral. Y del gobierno que prefiere justificarse con los gastos materiales en vez de mejorar la formación de los maestros y la calidad de los libros”.

“La responsabilidad es de todos nosotros, debemos actuar: no podemos estar pasivos”, sentenció.

REGRESAR AL RELATO.

Luis Fernando Lara consideró que no se debe enseñar palabras nuevas a los niños que están aprendiendo a hablar estableciendo relaciones con el objeto, es decir, señalando “pan es esto, ate es esto”. Para el lingüista, se debe partir de la propia experiencia de los niños con las palabras y nutrirlos con más experiencias.Esas experiencias, dijo, deben ser relatadas y ahí sí “usar los nombres ligados al relato para que el niño vaya disociando signos y objetos. Siempre es más fácil imaginar la percepción de las cosas como un proceso pasivo del individuo frente a los objetos previamente definidos y singularizados”.

El colegiado explicó que las lenguas no son conjuntos cerrados de signos y que, por el contrario, los signos de cualquier lengua ofrecen a sus hablantes la posibilidad de dar sentido, “significar cualquier vivencia, cualquier idea que se vaya gestando en la mente, cualquier objeto que se les presente ante su percepción y su inteligencia”.“Con toda lengua podemos significarlo todo, pero de manera diferente, de acuerdo con los elementos que nos proporciona cada lengua, cada cultura”, dijo.

El signo, agregó, no representa un objeto o una acción establecidos, “sino que los significa, da sentido a la experiencia a partir de un principio de entendimiento común a los miembros de la comunidad lingüística. Esa es, en el fondo, la función primordial de la lengua, que define los significados de todos los signos constituyentes de la expresión verbal como principios u horizontes de interpretación”.

Por tanto, “para mejorar la educación de la lengua entre nuestros niños y adolescentes, ante todo hay que tomar en cuenta una práctica común de los padres con los niños, la lectura o la narración de cuentos. El habla de los padres va modulando lo que relata o lo que lee, le agrega tonos de sorpresa o de miedo, alarga el tiempo del relato para crear suspenso”.

“Tal práctica con los niños es de gran importancia, pues los niños no solamente aprenden nombres, sino que amplían día a día su capacidad de discriminación de los objetos y las acciones mediante nuevas palabras y nuevos matices de significado, y se van adentrando en la expresión lingüística”.

Este sistema, para Lara, no es privativo de la enseñanza de la lengua, “lo mismo vale para la enseñanza de la historia. La mejor manera de entenderla y aprenderla es mediante relatos”.

“En vez de obligar a los niños, por ejemplo, a aprender de memoria que el general Zaragoza derrotó a las tropas francesas el 5 de mayo de 1862, es mejor recrear en un relato, por ejemplo, la posición de los fuertes en las colinas de Puebla, las de las tropas invasoras y las del general Zaragoza, el daño que hacían los cañones, los avances y retrocesos de los franceses frente a la resistencia de los mexicanos y el modo en que finalmente triunfaron las tropas mexicanas”, opinó.

El relato, “le permite al niño imaginarse la acción y aprender unos cuantos nombres, unas cuantas expresiones”.

El colegiado también habló de la necesidad de hacer leer al alumno en voz alta durante las clases. “La lectura en voz alta, por los niños mismos, de textos que tengan sentido para ellos, debiera ser una práctica diaria en la escuela para que descubran y aprendan las características significativas de lo que leen, de su entonación, de su ritmo”.

“Fuerzan, me parece que todavía, a los chamacos de preparatoria, a leer El Quijote, el máximo representante de la literatura española. La verdad es que el Quijote, 400 años después, es una lectura difícil, que tiene muchas palabras que no conocemos. Entonces, ¿por qué no mejor relatarles una de las aventuras del Quijote?”.

“Por ejemplo, su enfrentamiento con los molinos de viento que creía que eran gigantes y cómo Sancho Panza decía: ‘no señor, son molinos de viento’. Relatarles el Quijote, pero no ponerlos a leer un libro que les va a costar mucho trabajo entender y que, por lo tanto, van a abandonar a los diez minutos. Entonces, hay que darles a los niños lecturas que tengan sentido para ellos, que puedan llevarlos a imaginar”, afirmó Luis Fernando Lara.

“La significación y la construcción del significado en los niños”, como parte del ciclo “La educación y las culturas de la lengua”, se encuentra disponible en el Canal de YouTube de la institución: elcolegionacionalmx.

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