Academia

El agua es un elemento clave para la vida en las comunidades. En este artículo reflexionamos sobre las consecuencias e implicaciones de la pérdida de participación comunitaria en torno al manejo el agua

El hombre del bastón que sostiene el agua del pueblo

Agua Aguada de una comunidad en el Norte de Yucatán. (Emma Villaseñor)

Cada mañana, antes de que el sol termine de alumbrar el día, Don Sigi sube la loma. No camina rápido. Se ayuda con un bastón porque hace tiempo una caída de caballo, le hizo perder movilidad en la pierna derecha.

Desde su casa hasta el manantial, el camino es empinado. Recorre todo el pueblo, saludando a los que empiezan el día de una manera distinta a la de él. Don Rene lleva a su hijo a la secundaria, doña Sofía lleva la masa al molino. Buenos días, don Sigi, buenos días, Sofía.

Arriba lo espera el agua.

No es un río grande. Es un manantial escondido en un fragmento de bosque de niebla. Pero de ahí depende todo el pueblo. Don Sigi lo sabe. Por eso, lo primero que hace es retirar la hojarasca acumulada durante la noche. Para eso deja a un lado su bastón, se acuesta boca abajo sobre la caja y quita las hojas de la entrada de la caja, asegurándose de que el flujo no se interrumpa.

Después revisa la tubería. A veces todo parece estar bien. Otras veces no. Cuando encuentra un problema, lo repara como puede. No siempre tiene herramientas suficientes, pero improvisa. Siempre lo ha hecho.

Antes de bajar, prepara la cloración. Revisa mangueras, mezcla, cuida. Nadie se lo enseñó formalmente; aprendió con el tiempo, con prueba y error, con la responsabilidad de saber que el agua no solo debe llegar, sino llegar bien.

Luego regresa al pueblo.

En la asamblea, Don Sigi es presidente del comité de agua. En la práctica, es también el técnico, el operador, el vigilante y el responsable de todo.

Cuando el agua fluye, nadie dice nada.

Cuando falta, todos reclaman: “¿Por qué no hay agua?” “¿Qué está haciendo el comité?”, “¿Qué hacen con todo lo que se paga?”

Las cuotas no llegan. Las fugas aparecen. Las manos faltan. Y aun así, al día siguiente, Don Sigi vuelve a subir.

Esta historia podría leerse de formas muy distintas, dependiendo del marco desde el cual se mire.

Desde la teoría de los bienes comunes, lo que ocurre en este pueblo es una señal de alerta. El sistema de agua es un recurso de uso común que depende de reglas claras y participación colectiva. Sin embargo, en este pueblo, no se cumplen las reglas, no hay corresponsabilidad en el mantenimiento, no existen mecanismos efectivos de monitoreo y sanción. La carga del trabajo está concentrada en una sola persona.

Para este enfoque, el problema no es Don Sigi. El problema es institucional. La comunidad está, desde hace tiempo, en una dinámica donde la mayoría del pueblo, se beneficia del sistema de manejo de la red de agua potable, sin contribuir a sostenerlo. Esto debilita el tejido organizativo y pone en riesgo la sostenibilidad del agua para el pueblo.

En el enfoque de bienes comunes, la manera de controlar el riesgo implica la redefinición de reglas y el fortalecimiento de los órganos de toma de decisión del pueblo, como la asamblea. Implica distribuir responsabilidades y establecer y hacer cumplir sanciones que todos consideren que son justas.

Desde el enfoque de la comunalidad, la historia tiene otros matices.

No solo se está debilitando la gestión del agua. Se está rompiendo algo más profundo: el tejido comunitario y los valores que lo sostienen.

La faena, el cargo, la asamblea, no son solo mecanismos organizativos. Son formas de vida. Son la manera en que una comunidad se reconoce y se sostiene.

Don Sigi no está “administrando un recurso”. Está cuidando la vida colectiva. Pero ese cuidado ya no es compartido.

Cuando nadie sube con él, no es solo falta de apoyo. Es pérdida de sentido de pertenencia. Es debilitamiento de la reciprocidad. Es olvido de que el agua no llega sola. Es dejar de pensar que “el bosque llama al agua”.

Desde esta mirada, el problema no se resuelve solo con reglas.

Se necesita recuperar algo más difícil: la convicción de que sostener el agua es sostener la comunidad.

Don Sigi sigue subiendo cada día. No porque sea fácil. No porque se lo paguen. Sino porque está pensando en “los que vienen”

Pero ninguna comunidad debería depender de un esfuerzo solitario. Se requiere del pensamiento de que no somos solos.

Tendencias