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El libre desarrollo de la personalidad es la posibilidad de manifestar el propio ser a través del hacer, expresarse y tomar decisiones que permitan desenvolver el proyecto de vida de cada uno sin que se le obstaculice

La identidad de género como libre desarrollo de la personalidad

La Dra. Juana Sánchez es nombrada nueva presidenta de la Universidad de Houston
Teresa García Gasca. La autora es académica y ex rectora de la UAQ. (UAQ)

De acuerdo con investigadores de la Universidad de Colima, Carlos Mario Pérez Domínguez y José Juan Pérez Ramos, el libre desarrollo de la personalidad es la posibilidad de manifestar el propio ser a través del hacer, expresarse y tomar decisiones que permitan desenvolver el proyecto de vida de cada uno sin que se le obstaculice; es el derecho por medio del cual cada persona es como lo desea, sin intervenciones injustificadas de la entidad política o de los particulares; siempre que no se atente contra derechos de terceros o la convivencia pacífica[1].

Se centra en la dignidad humana y, de acuerdo a la Suprema Corte de Justicia de la Nación incluye aspectos sobre identidad y orientación sexual, apariencia y estilo de vida, vida familiar y afectiva, proyección profesional y académica y decisiones corporales. Particularmente, respecto a la identidad de género, se refiere a la libertad para elegir la propia identidad de género, orientación sexual y la forma en que la persona desea vivirla y expresarla. Es la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente y percibe, la cual puede corresponder o no con el sexo biológico al nacer.

En nuestro país existe la protección legal al derecho a la identidad de género y el derecho al libre desarrollo de la personalidad a través de diferentes aspectos, desde la autodeterminación (el derecho a ser reconocido y llamado de acuerdo con el nombre, la imagen y el sexo con el que cada persona se identifica); la rectificación de documentos (la posibilidad de modificar los instrumentos oficiales de identidad -como actas de nacimiento e identificaciones oficiales- para que coincidan con la identidad de género autopercibida); hasta la protección al derecho de menores de edad, en donde tribunales constitucionales han determinado que este derecho puede y debe ser ejercido por adolescentes y niñas/niños, protegiendo su autonomía progresiva e invalidando requisitos discriminatorios para acceder a sus documentos de identidad.

En México las niñas, niños y adolescentes son considerados sujetos plenos de derechos conforme a la Constitución, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, y la Organización de las Naciones Unidas mediante la Convención sobre los Derechos del Niño. Actualmente 24 estados de la República reconocen estos derechos y 12 de ellos incluyen a las infancias y adolescencia.

El reconocimiento constitucional es sumamente importante ya que protege los derechos humanos fundamentales, como la dignidad humana, la igualdad ante la ley, el libre desarrollo de la personalidad, la privacidad, el acceso a la salud, a la educación, al trabajo y a la justicia. Se combate a la discriminación estructural como la exclusión escolar, el desempleo, la violencia física, la criminalización, las barreras sanitarias y las dificultades para obtener documentos oficiales. También se otorga seguridad jurídica ante discrepancias entre apariencia y documentos, obstáculos bancarios, problemas laborales, dificultades migratorias, discriminación policial. De gran importancia es la despatologización, ya que el reconocimiento constitucional contribuye a entender la diversidad de género como un asunto de derechos humanos y no como una patología. Otros aspectos positivos son el fortalecimiento democrático y pluralismo (inclusión, ciudadanía sustantiva, igualdad material, no discriminación) y el impacto en políticas públicas.

Sin embargo, en nuestro país todavía existen diferencias importantes en los criterios estatales, no hay protocolos homogéneos, existen barreras de acceso a la salud especializada, escasez de personal capacitado y una fuerte polarización cultural, ideológica y política. Actualmente el debate se centra en aspectos éticos, pero debe cambiar la mirada hacia el terreno de la naturaleza y diversidad humana. Más que debatir el permitir o no permitir, se debe transitar al acompañamiento de la persona de acuerdo a su edad y condición, siempre buscando la protección integral de la dignidad humana.

[1] https://revistasacademicas.ucol.mx/index.php/dejure/article/view/2413

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