
La historia del ser humano ha sido forjada a través de su instinto migratorio que lo hizo recorrer grandes distancias en la búsqueda de recursos y condiciones ambientales que le permitieran sobrevivir. Con el tiempo, algunos lograron establecerse y mantenerse en distintos lugares nuevos; sin embargo, los objetivos de las migraciones se fueron transformando con el paso del tiempo estableciendo rutas comerciales y conquistando territorios para la extracción de recursos, y posteriormente para la búsqueda de fuentes de trabajo, viajes de placer, expediciones científicas o por cuestiones culturales.
Durante estos viajes, los seres humanos han llevado consigo animales y plantas como alimento o para su comercialización. Sin embargo, humanos, animales y plantas no suelen viajar solos. Cada individuo y especie es el hospedero de miles de organismos que lleva como equipaje personal. Muchos de estos organismos son invisibles a simple vista y van ocultos dentro de sus hospederos. Estos organismos, algunos benéficos (simbiontes) y otros causantes de algún daño (parasitismo), generalmente tienen una historia de interacción evolutiva muy larga que comparte con su hospedero, la cual les ha permitido vivir en sus hospederos sin consecuencias negativas aparentes. Sin embargo, estos viajes conllevan nuevos encuentros e interacciones con nuevos organismos u hospederos, con resultados impredecibles y algunas veces desastrosos. Al respecto, Charles Darwin relató durante el viaje en el Beagle de 1839, “Ciertamente es un hecho que no puede ser controvertido: la mayoría de las enfermedades que han hecho estragos en las islas durante mi residencia allí, han sido introducidas por los buques; y lo que hace que este hecho sea notable es que no aparece la enfermedad entre la tripulación del navío que lleva esta importación destructiva”.
Existen muchos ejemplos de estas entrañables relaciones entre humano-parásitos y su travesía migratoria y un par de ellos son el parásito intestinal Enterobius vermicularis y el piojo Pediculus humanus. Ambos parásitos son herencia de nuestros ancestros homínidos africanos, y sus ciclos de vida dependen tanto de nosotros, que las condiciones ambientales no influyen en su establecimiento, lo que se ha favorecido su adaptación en lugares fríos y cálidos de todo el mundo, siempre y cuando estemos los humanos presentes.
La historia es distinta para otros parásitos, como es el caso de Ancylostoma duodenale y Necator americanus, en los cuales las condiciones ambientales sí determinan su capacidad de establecerse en nuevos ambientes. Ambos parásitos también tienen origen en África, vieron frenada su distribución en Europa y Asia por las condiciones climáticas y las bajas temperaturas. Pero con el tráfico de esclavos de África hacia América entre los años 1500 y 1807, estos parásitos lograron ingresar y establecerse en las zonas cálidas de América. Y aunque existe otra versión que estos también pudieron haber llegado previamente por migraciones asiáticas a través del Estrecho de Bering o por navegantes polinesios, los parásitos ampliaron su distribución gracias a las migraciones humanas y hoy en día representan un importante problema de salud pública en comunidades marginadas.

Con la llegada de colonizadores a tierras americanas, también llegaron microorganismos causantes de distintas enfermedades que causaron varias pandemias como la influenza, el sarampión, la viruela, la sífilis, el tifus exantemático, la fiebre amarilla y la fiebre de Texas. Entre estas se destaca la viruela que por sí sola provocó la muerte de al menos un tercio de los nativos americanos de esa época. También hay brotes de fiebre amarilla documentados entre 1480-1485 en el libro sagrado maya: “Popol Vuh”. Esta enfermedad es provocada por un flavivirus originario de África que se transmite por vectores, en este caso, mosquitos selváticos de los géneros Aedes sp., Haemagogus sp. y Sabethes sp. Sin embargo, la llegada del mosquito urbano Aedes aegypti, que viajó como polizón en un barco español, hizo más eficiente la transmisión del virus entre humanos en el continente americano, lo que tuvo como consecuencia la emergencia de brotes más severos que alcanzaron una mortalidad de hasta un 40%. Dichos brotes afectaron principalmente zonas portuarias como Veracruz, Campeche, Yucatán, Mazatlán, Baja California y Colima a partir de 1648. Actualmente, la enfermedad se encuentra erradicada en nuestro país debido al control del vector. Sin embargo, para ingresar a algunos países de África y Sudamérica, la vacunación es obligatoria o sugerida por el riesgo de contraer o dispersar el virus.
Recientemente, una enfermedad viajera que conmocionó al mundo entero fue el COVID 19, causada por el virus SARS-CoV-2. Esta pandemia tuvo su origen en la ciudad de Wuhan al sur de China, en donde el turismo en masa atraído por los festejos del año nuevo chino dispersó el virus por todo el país; de ahí, viajeros extranjeros lo importaron a sus países de origen, expandiéndolo a nivel global. Esta pandemia costó la vida de alrededor de 7.1 millones de personas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, además de impactos económicos y psicosociales.
Actualmente se está llevando a cabo un gran esfuerzo para contener el brote del virus Andes, perteneciente al grupo de los hantavirus, que se presentó en un crucero turístico que navegaba por el Atlántico Sur. La infección por hantavirus se presenta por el contacto con orina, saliva o heces de roedores infectados, aunque este virus tiene capacidad de transmitirse de humano a humano, bajo condiciones muy específicas. Aunque aún no se sabe dónde fue contraído el virus, se sabe que el paciente cero fue un biólogo y ornitólogo neerlandés que visitó zonas rurales de Chile y Argentina antes de abordar el crucero. Durante el viaje su esposa y seis personas más fueron confirmadas positivas y para frenar los contagios, todos los pasajeros y tripulación fueron puestos en aislamiento y cuarentena.
Los seres humanos no son los únicos que han sufrido los estragos de la transmisión de agentes patógenos a causa del desplazamiento humano. Alrededor de la década de 1970 llamó la atención la mortalidad elevada de anfibios en Australia y América en regiones prístinas. Estas muertes fueron asociadas al hongo Batrachochytrium dendrobatidis y ha impactado a 501 especies de anfibios y causando 90 presuntas extinciones. Es probable que este hongo mortífero haya sido originado en el este de Asia, en la Península de Corea. Estudios genéticos señalan que la pandemia inició a inicios del siglo 20 y que fue dispersada por todo el mundo por el comercio global.
Las plantas también han padecido enfermedades importadas. Un caso que mantiene en vilo a productores de olivos en Italia y otras regiones europeas es la presencia de la bacteria Xylella fastidiosa. Esta bacteria invade las plantas, y obstruye el transporte de agua y nutrientes, provocando su marchitamiento y muerte. Su introducción a Europa fue por un evento puntual ocurrido en 2008: la importación de plantas ornamentales de café provenientes de Centroamérica. Estas plantas fueron llevadas a Italia y entraron en contacto con el insecto nativo Philaenus spumarius, el cual resultó ser un vector con capacidad de succionar la bacteria de las plantas y transmitirla a las plantas de olivo, desencadenando contagios masivos. A partir de brotes en Europa, quedó prohibida la importación de plantas de café en Centroamérica y se reforzaron las medidas de bioseguridad en las aduanas.
Aunque los relatos sobre viajeros en el mundo suelen parecernos lejanos y extraídos de cuentos, en la actualidad la capacidad de movilidad de los humanos es asombrosa y, por lo tanto, las enfermedades viajeras pueden ser cada vez más frecuentes. Por ello, debemos reflexionar sobre nuestra manera de viajar. Ya sea por placer o trabajo, solos o con mascotas, tenemos que analizar nuestra conducta cuando lo hacemos y preguntarnos... ¿Conocemos las enfermedades presentes en el sitio adónde vamos? ¿Nos encontramos sanos para viajar? ¿La ropa y el calzado tuvieron una adecuada limpieza y desinfección previa y posterior al viaje? Todo esto buscando disminuir los riesgos de llevar o traer un acompañante sin invitación que pueda comenzar la próxima pandemia y volver a un confinamiento.
- Red de Biología y Conservación de Vertebrados, INECOL A.C.
- Departamento de Etología, Fauna Silvestre y Animales de Laboratorio, FMVZ, UNAM
Imagen 1. La muerte de Aurelio Caballero por fiebre amarilla en Veracruz. Grabado de José Guadalupe Posada 1892. Fuente: https://www.metmuseum.org/art/collection/search/735313
Imagen 2, para sliders. Navíos españoles. Pintura de Sebastián Castro
Fuente: https://www.rmg.co.uk/collections/objects/rmgc-object-12248