
Esto dice el Señor Dios: ¡Oh Tiro!, tú dijiste: Yo soy un navío de belleza extremada.
En medio del mar se extiende tu dominio; tus constructores te hicieron de belleza extremada.
Con cipreses de Sanir construyerron tu tablaje; tomaron un cedro de Líbano para hacerte tu mastil.
Las palabras del profeta Ezequiel para representar a Tiro con un hermoso barco hace siglos, nos acercan al significado de esa ciudad en el mundo actual. Porque entre los sitios que han sido blanco de las bombas de la armada israelí desde 2023, es un caso notable el de la ciudad de Tiro, en Líbano, situada en la costa de Mediterráneo Oriental. Es una de las más antiguas del mundo, junto con Biblos y Jericó; fue mencionada en la Biblia y central en relatos fundamentales de la mitología griega como haber dado origen a Europa, y aunque cuenta con vestigios más antiguos, lo que más destaca es su ciudadela romana. Hay un acuerdo de que Salomón tuvo vínculos con el rey Ahiram en el año de XII de su reinado porque fue amigo de su padre David, a quien le pidió traer madera de los cedros para realizar la más grande empresa de su fe: el templo de Jerusalem.
Da, pues, orden a tus gentes que me corten cedros de Líbano, y mis gentes se juntarán con las tuyas, y por el salario de éstas te daré todo lo que pidieres; porque bien sabes que no hay en mi pueblo quien sepa labrar la madera como los sidonios.
Ahiram respondió a Salomón.
He oído todo lo que me pides: cumpliré todos tus deseos en orden a las maderas de cedro y ciprés. Mis siervos las transportarán desde el Líbano al mar, las haré remolcar hasta el lugarr que me señalares, y las haré descargar allí, y tú las mandarás recoger.
Salomón le daría a cambio sustento para su casa y su palacio “…veinte mil coros de trigo y veinte mil de aceite purísimo”.
Los libaneses, los gibleos, como los menciona la Biblia, fueron reconocidos por ser excelentes talladores de piedra y de madera, se mezclaron con setenta mil hombres para conducir los materiales, con los ochenta mil cantereros, con los tres mil trescientos sobrestantes y la gente que dirigía. Entre ellos Adoraim, el arquitecto que dio las claves y las señales para la construcción del Templo, que se mantuvieron en secreto, estableciendo los antecedentes de la masonería.
El rey de de Tiro envió también a los artesanos para confeccionar las esfinges aladas que la Biblia llama “querubines”, con madera de olivo recubierta de oro que en el sanctasantorum resguardaron el Arca de la Alianza que, a su vez, protegía las Tablas de la Ley que Dios entregó a Moisés. El piso fue recubierto con tablereado en madera de cipreses de Líbano. Construyeron además la gran alberca, “el mar de metal”, que servía para almacenar el agua para la purificación. Fue elaborada en bronce fundido y significó un reto por su tamaño. La misma técnica fue empleada para los doce toros que la sostenían y representaban a El, antiguo dios de los fenicios.
El palacio del mismo rey Salomón construido después del templo, requirió igualmente de los cedros de Líbano. Fue por entonces que la reina Balkis de Saba vino al encuentro del hijo de David para constatar la fama de su sabiduría y acordar intercambios comerciales y dar origen a algunos de los mitos amorosos que siguen recreándose.
Tiro albergó varios cenotafios de la época en que señoreaban los fenicios, que aún permanecen en el sitio. El más famoso por su escritura del alfabeto que esa civilización legó mundo, es el de su rey, localizado en Biblos en el siglo pasado. Todo el conjunto permanece rodeado de columnas que parecen construidas sobre el mar y en el acceso un arco triunfal construido por el emperador Adriano lleva a la necrópolis y al hipódromo excepcionalmente conservado, cuando se difundió el color púrpura originario también de ese lugar.
Después de la escalada de la guerra entre Israel y Hezbolá desde el 2 de marzo, ha sido tocado en diferentes ocasiones por la artillería israelí, destruyendo algunas de esas piedras llenas de historia. Varios edificios habitacionales han sido deshechos, uno de ellos apenas a 20 metros del sitio arqueológico. Pese al vínculo histórico con la cultura judía, que muchos deben ignorar, no han visto los escudos colocados por la UNESCO que lo señalan como sitio Patrimonio de la humanidad. De forma muy especial, Tiro cuenta con dos catalogados así, porque también lo es el centro histórico de la ciudad, con parte del tejido urbano y el puerto.
Las guerras no se detienen frente a los grandes testimonios de la humanidad y el ejército de Israel ya ha arremetido contra Baalbek, reconocido igualmnete como Patrimonio de la Humanidad. También ha bombardeado el castillo de Beaufort, construido por los cruzados, en las diferentes intervenciones por tierra de Israel para hacer, de nuevo, señorear su bandera en lo que se considera un observatorio excepcional, con la agresión que significa para la población despojada de sus poblados.
Tiro está en el centro de los sucesos porque ha sido blanco de la armada israelí desde que se estableció la tregua hace 15 meses, un acuerdo transgredido en la primera semana de junio que estableció como norma no dañar a los cristianos, por la narrativa que se ha construido respecto a que los musulmanes chiitas integran Hezbolá. En la práctica muchos cristianos han caído se dice que por daño colateral, aunque se ha disparado contra los automóviles que conducían. Ante la orden del ejército israelí para evacuar la ciudad de 150 mil habitantes, los cristianos del centro histórico, solicitaron al gobierno de Líbano su apoyo para no abandonar sus hogares. Así se custodió el el barrio cristiano, entre los más tranquilos, donde conviven pacíficamente diferentes religiosidades entre comerciantes y pescadores; para evitar su salida alegaron que allí no se encontraban ni armas ni combatientes de Hezbolá.
Para tal fin, el destacamento del ejército libanés supervisó la zona y varios civiles contribuyeron en la búsqueda de miembros y armas de Hezbolá, en casas y albergues, tal como lo hizo Hassan Dbouk, el presidente de la Unión de municipalidades de Tiro, sin encontrar nada comprometedor. Camile Doro, un cristiano de 57 años, propietario de un café sobre el viejo puerto resume: “No hay combatientes ni armas de Hezbolá en la ciudad antigua. Los israelíes mienten”, concluyó enfático. Nada detuvo los bombardeos de la aviación israelí. Y solo unas horas después sus balas habían matado a 8 personas y dejaron heridas 32, que se suman al saldo de 3666 muertos y 11 321 libaneses heridos en los ininterrumpidos meses de sisparos y la escalada del 2 de marzo, según la Agencia nacional de información (NNA).
La ciudad de Tiro es estratégica porque por allí va a dar al mar el río Litani, que Israel se empeña en que sea la frontera con Líbano por la cantidad de recursos acuíferos que representa y porque rompiendo los puentes, como lo ha hecho, han separado al norte del sur del país, además de ganar el 5 por ciento del territorio, es decir, 50 kilómetros cuadrados, un poco más de los 45 que mide Gaza. Esos afanes han provocado que la antigua y señorial Tiro sea ahora una ciudad fantasma y que los que fueran sus pobladores se encuentren desplazados malviviendo en la carretera, a la orilla de la corniche junto al mar que fue lugar de paseantes y turistas, e incluso en las calles de Beirut; pero nada logra detener los bombardeos de los israelíes que los libaneses están viviendo todos los días.