Regresar año con año al lugar de nacimiento para reproducirse y anidar es un comportamiento llamado filopatría. Es característico de muchas especies migratorias tanto terrestres como marinas: aves, salmones, tortugas y mamíferos marinos. Las tortugas marinas se distribuyen de manera desigual en los mares tropicales y subtropicales del planeta debido a diferencias en sus hábitats y su alimentación. El ciclo de vida de todas las tortugas marinas comparte elementos comunes y se caracteriza por migraciones entre zonas de alimentación y de reproducción (Figura 1). Se reproducen cada dos o tres años. Las hembras pueden desovar de dos a cuatro veces, de 50 ‒ 150 huevos por temporada reproductiva. El desarrollo embrionario dura aproximadamente 60 días. La eclosión de las crías es un momento crítico que determina el regreso a su playa natal.

¿Te has preguntado cómo se orientan las tortugas marinas para regresar a los sitios donde nacen si la distancia que deben recorrer entre las zonas de alimentación y de reproducción es de varios kilómetros? ¿Acaso tienen buena memoria? Estudios científicos han planteado que utilizan principalmente el campo magnético terrestre para orientarse. Este es como un gran imán que envuelve a la Tierra; tiene un polo sur y un polo norte magnético, cercanos a sus respectivos polos geográficos, y entre ellos se generan líneas de fuerza invisibles para nosotros, pero detectables por las tortugas marinas (Figura 2). Las líneas envuelven al planeta y las tortugas marinas son capaces de detectar sutiles variaciones en la intensidad y la dirección. Esto les permite conocer su posición y mantener su rumbo. Lo sorprendente es que aprenden a usar el campo magnético terrestre como crías. Esto ocurre una vez que eclosionan y se dirigen al mar. Durante este proceso, ocurre lo que se conoce como impronta magnética, que consiste en grabar las características magnéticas de su playa natal, algo así como una especie de “brújula” que les permite regresar como adultos muchos años después.
Pero ¿cómo detectan o perciben el campo magnético terrestre? Se han planteado diferentes hipótesis, una de ellas es el uso de pequeñas partículas de magnetita, que es un mineral de hierro que funciona como un imán natural. Estas partículas se localizan en la región frontal de la cabeza (Figura 2). Sin embargo, existen otras señales complementarias que utilizan para orientarse en las diferentes fases de su ciclo de vida. Por ejemplo, cuando las crías emergen de los nidos, se orientan hacia el océano porque distinguen la luz de la luna y las estrellas reflejada en él. Una vez en el océano, se orientan por la dirección de las olas, las corrientes oceánicas superficiales y el campo magnético terrestre. Además, se ha propuesto que utilizan información química, basada en la detección de olores asociados con la tierra.

Otras evidencias científicas que sugieren la alta fidelidad de las tortugas marinas hacia sus playas natales provienen de diferentes líneas de investigación. Entre ellas, la técnica de marcaje-recaptura consiste en colocar marcas metálicas en una de las aletas delanteras de las hembras que anidan. Las placas llevan texto y números consecutivos, lo que hace posible identificar a las hembras al retornar a la misma playa de anidación. Por otra parte, los transmisores satelitales son dispositivos que se colocan en la parte superior del caparazón de la tortuga. Este permite rastrear su ubicación y migraciones entre zonas de alimentación y reproducción a cientos de kilómetros (Figura 3). Las técnicas de biología molecular a través de la secuenciación de genes mitocondriales han demostrado que las poblaciones de muchas playas de anidación tienen una especie de “firma genética” distinta entre playas. Esa diferencia indica que las hembras rara vez cambian de playa de anidación.

Es posible que muchos tengamos pensado asistir en algún momento a la liberación de crías de tortugas marinas. Entonces tengamos presente que cada vez que una cría recorre esos primeros metros hacia el mar, es para grabar en su memoria el campo magnético de su playa, la señal que años después le permitirá regresar a anidar. Cuando interrumpimos ese camino, por una foto o por desconocimiento, estamos borrando la brújula que la guiará de vuelta. Respetemos esa caminata, que por breve que sea, asegura que el ciclo continúe. Ese esfuerzo sobre la arena es la promesa de un regreso.
*Red de Biología Evolutiva. Instituto de Ecología, A.C.