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La investigación liderada por la UAM encontró que intervenir en la adolescencia protege funciones cognitivas y genera beneficios sociales

Sobrepeso y la obesidad durante la adolescencia afectan funciones cognitivas

Obesidad adolescente En el análisis clínico donde participaron 121 personas adolescentes de entre 12 y 17 años de la zona metropolitana de la CDMX. (TV UNAM)

La adolescencia es una etapa sensible del neurodesarrollo y decisiva para prevenir el sobrepeso y la obesidad así como sus efectos sobre la salud física y el desarrollo cerebral, afirmó el rector general de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), doctor Gustavo Pacheco López, al presentar los resultados del proyecto de investigación que lidera Neurocognitive impact of juvenile obesity: experimental and clinical approaches + ANGELO, en el International Congress on Obesity (ICO, Congreso Internacional de Obesidad) 2026.

En su exposición explicó que de acuerdo con los datos estadísticos más recientes alrededor del 40 por ciento de las y los adolescentes mexicanos de entre 10 y 19 años presentan sobrepeso u obesidad, lo que responde a factores físicos, económicos, políticos y socioculturales que favorecen hábitos de alimentación poco saludables y estilos de vida sedentarios.

Consideró que dicha fase constituye una “ventana crítica” del neurodesarrollo, ya que es aquí donde ocurre una intensa reorganización cerebral, sobre todo, en la corteza prefrontal, región relacionada con la toma de decisiones, la planeación y la evaluación de riesgos.

“De manera tradicional se ha puesto atención en los primeros mil días de vida; sin embargo, hoy sabemos que la adolescencia también es un período de alta vulnerabilidad a los insultos del ambiente, entre ellos una dieta inadecuada”, señaló.

El estudio presentado en el ICO realizado del 15 al 17 de julio en el World Trade Center de la Ciudad de México, surgió de un consorcio científico entre México y Francia para analizar los efectos de las ambientes obesogénicos desde una perspectiva preclínica y clínica con el financiamiento del entonces Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnología Conahcyt (México) y la Agencia Nacional de Investigación Francesa (ANR).

En México estuvieron la UAM como instancia coordinadora, el Instituto de Fisiología Celular de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), el Hospital Infantil de México Federico Gómez, el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias y diversas escuelas de la Ciudad de México y del Estado de México.

Los trabajos en animales experimentales demostraron que la exposición a dietas altas en grasas durante la adolescencia altera el funcionamiento del hipocampo y la amígdala, regiones cerebrales involucradas en el aprendizaje y la memoria, así como también en el procesamiento emocional. Asimismo, evidenciaron que estas alteraciones pueden revertirse a través de modificaciones en los hábitos de consumo de comida y el incremento de la actividad física.

En el análisis clínico donde participaron 121 personas adolescentes de entre 12 y 17 años de la zona metropolitana de la Ciudad de México, se evaluó índice de masa corporal, memoria de trabajo visoespacial y verbal, conducta alimentaria y síntomas asociados con trastornos de la alimentación.

Los hallazgos mostraron que, aquellas personas con estas condiciones mostraron mayores síntomas de alteraciones en la conducta alimentaria, además de un desempeño inferior en pruebas de memoria de trabajo y verbal.

El doctor Pacheco López hizo énfasis en que estos hallazgos no significan una menor inteligencia, sino dificultades para retener, procesar y recuperar información cuando las tareas cognitivas así lo demandan.

Como parte de esta investigación también se implementó la estrategia de intervención comunitaria ANGELO, acrónimo de Analysis Grid for Environments Linked to Obesity, recomendada por la Organización Mundial de la Salud para modificar entornos escolares con un enfoque participativo que identifica, junto con la colectividad, las condiciones susceptibles de cambio para favorecer estilos de vida saludables.

Los datos obtenidos de la intervención ANGELO fueron alentadores, ya que 38 % de las personas adolescentes quienes presentaban obesidad redujeron su peso para alcanzar una condición solo de sobrepeso; 48 % de quienes tenían sobrepeso transitaron a un peso normal; y 75 % de quienes tenían un peso normal lo conservaron a lo largo del seguimiento.

El doctor Pacheco López expuso que, hasta donde se tiene conocimiento, esta constituye la primera implementación exitosa de la metodología ANGELO en México, lo que demuestra el potencial de las implementaciones comunitarias para modificar trayectorias de salud en un momento clave del desarrollo.

El Rector General destacó que la investigación también permitió evidenciar la aplicación de conocimiento con impacto social y detalló que una estrategia de evaluación del retorno social de la inversión utilizada por la Fundación Gonzalo Río Arronte, agencia financiadora de esta intervención, para apoyar el trabajo científico, estimó que por cada peso invertido en la acción se generaron siete pesos de beneficio social, al reducir riesgos de enfermedades crónicas y aumentar el potencial productivo de las y los adolescentes beneficiados.

En ese tenor, aseguró que las políticas públicas dirigidas a combatir el problema de salud deben sustentarse en evidencia científica y construirse desde las necesidades de cada entorno.

Ejemplificó que, en algunas escuelas participantes, una de las principales acciones derivadas de ANGELO fue la instalación de bebederos de agua potable, una medida sencilla, pero con un impacto directo en la promoción de hábitos saludables.

“Lo que presentamos es evidencia de cómo el conocimiento puede transformarse en bienestar y prosperidad para la sociedad, lo cual es uno de los principales compromisos de la UAM”.

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