
Aprender a diseñar también implica aprender a observar, interpretar, cuestionar y comunicar. En una disciplina donde las imágenes forman parte esencial de la manera en que las personas comprenden su entorno, encontrar nuevas formas de explorar el lenguaje visual representa una oportunidad para fortalecer la formación profesional y humana del estudiantado.
La innovación educativa cobra especial relevancia cuando permite que las experiencias dentro del aula trascienden. Para quienes estudian Diseño esta perspectiva resulta fundamental, pues su preparación profesional requiere también comprender el poder de las imágenes para transmitir ideas, emociones, identidades y distintas maneras de interpretar la realidad.
Es precisamente en este punto donde la poesía visual adquiere un valor pedagógico. A través de una propuesta desarrollada por docentes de la Escuela Superior de Actopan (ESAc) de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH), esta manifestación artística se ha utilizado como recurso para fortalecer el aprendizaje, estimular la creatividad y generar espacios de expresión entre las y los estudiantes de la Licenciatura en Diseño Gráfico.
Poesía visual: otra manera de aprender y comunicar
La poesía visual es una manifestación artística que combina palabras, imágenes, símbolos y elementos gráficos para construir significados que trascienden el lenguaje escrito. Su riqueza reside en que una misma composición puede ser leída, observada e interpretada desde distintas perspectivas, de acuerdo con las experiencias y referentes de quien la contempla.
Para Guillermo Cuevas Balmori, docente de la UAEH, la implementación de ello permitió mostrar una faceta distinta del diseño gráfico, disciplina que con frecuencia es asociada exclusivamente con la publicidad o la producción de mensajes comerciales. “Con este ejercicio podemos explorar la imagen pura, combinar lo que se ve con texto para expresar lo que son o lo que quieren ser”, explicó.
Desde esta perspectiva, las palabras, colores, formas e imágenes dejan de funcionar como elementos aislados para convertirse en recursos que permiten construir un discurso. El ejercicio invita al estudiantado a tomar decisiones sobre aquello que quiere comunicar y la manera en que desea hacerlo, fortaleciendo al mismo tiempo su capacidad para sintetizar ideas y traducir conceptos en propuestas visuales.
Así, la poesía visual se convierte en una experiencia de aprendizaje en la que observar resulta tan importante como leer, mientras que crear implica reflexionar sobre el significado de cada elemento que integra una composición. De esta manera, el aula se transforma en un laboratorio donde el diseño puede ser explorado desde su dimensión artística, comunicativa y social.
El aula como espacio de creación y diálogo
Más allá de su valor estético, la poesía visual representa una estrategia que permite al profesorado generar experiencias de aprendizaje más cercanas a las inquietudes del estudiantado. Al invitar a las y los jóvenes a expresar ideas, emociones y experiencias mediante distintos lenguajes, fortalece habilidades relacionadas con la creatividad, la observación, la síntesis, la interpretación y el pensamiento crítico.
Su potencial también radica en la posibilidad de vincular los contenidos académicos con aspectos sociales y personales. A diferencia de ejercicios centrados exclusivamente en el dominio de una técnica, esta propuesta permite que el alumnado reflexione sobre aquello que observa, siente y vive, para posteriormente convertirlo en un mensaje visual.
La académica Garza, Martha Rocío Cisneros Contreras, destacó que este tipo de dinámicas ofrece a las y los docentes una oportunidad para conocer mejor a su alumnado y comprender algunos de los factores que pueden influir en su desempeño académico.
“El trabajo de nuestros alumnos nos permite darnos cuenta de las relaciones que tienen, sus gustos personales y el impacto de su entorno en el desempeño académico. Se trata de una actividad social dentro del aula, con lo cual observamos no solo su expresión creativa, sino también la interacción entre compañeros y compañeras”, señaló.
La experiencia también plantea un reto para quienes están frente al aula: encontrar estrategias que respondan a las nuevas formas de aprender y comunicarse. En este sentido, la profesora Pamela Cadena subrayó la importancia de que la labor docente considere el contexto de las nuevas generaciones.
“Como docentes no podemos limitarnos exclusivamente a la labor de enseñar. El contexto actual nos exige adaptarnos, empaparnos de las nuevas tecnologías y metodologías. Conociendo a nuestros alumnos podremos explorar y diseñar estrategias para garantizar un aprendizaje efectivo; si acompañamos ese proceso vamos a tener mejores resultados”, afirmó.
La expresión como camino hacia la inclusión
La poesía visual también abre una posibilidad para que el diseño gráfico sea entendido como una herramienta de expresión y reconocimiento. En una sociedad donde persisten estigmas y prejuicios asociados con la identidad, el género o las formas de pensar, generar espacios donde las personas puedan expresarse con libertad contribuye a construir comunidades educativas más respetuosas e incluyentes.
Gracias a esto, el aula puede ser más que un espacio destinado al aprendizaje académico: puede convertirse en un lugar de escucha, respeto y diálogo. Así, la creación deja de ser únicamente un ejercicio individual, pues permite acercarse a la perspectiva de otra persona, reconocer diferentes realidades y generar conversaciones que fortalecen la empatía y la convivencia dentro del aula.
“Promover la aceptación, la inclusión y la libre expresión con estas dinámicas también es útil para identificar roles dentro del aula. Esperamos que este proyecto se pueda seguir replicando; sería interesante ver cómo van cambiando las nuevas generaciones para poder comprenderlas y también romper algunos mitos sobre nuestra disciplina. El diseño no solo sirve para vender, también comunica y expresa”, concluyeron los docentes.