
La especie humana se está volviendo más tonta porque delegamos funciones cognitivas, memoria, etcétera, en las máquinas y estas se están tornando más inteligentes, aseveró el escritor Juan Villoro.
Entonces hay un problema. No es solamente que la inteligencia artificial (IA) aumente, sino que la especie humana se embrutece, explicó al participar en la conmemoración del 2º. aniversario del programa Súbele a la Ciencia de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la UNAM.
En el auditorio “Jorge Flores” de Universum, Museo de las Ciencias de la UNAM -y acompañado por el titular de la DGDC, Manuel Suárez Lastra, y Milagros (Mila) Varguez, conductores de la emisión que se transmite por Radio UNAM- Villoro respondió a la pregunta de un radioescucha: “¿Tú crees que las personas hoy en día crecen siendo menos inteligentes gracias al celular?”.
El integrante de El Colegio Nacional y Premio Crónica respondió: El coeficiente intelectual (CI), el coeficiente de Flynn (Efecto Flynn, fenómeno que describe el incremento continuo y sostenido de las puntuaciones del CI), que es la mezcla de la estadística, subió 30 puntos a lo largo del siglo XX, lo cual fue notable porque acumular 130 puntos es genialidad, y ahora está bajando a razón de dos puntos por década.
Recipiendario del Premio Iberoamericano de Periodismo Rey de España, en 2009, apuntó que “la IA es una herramienta formidable que llegó para quedarse, y no hay manera de luchar contra ella”.
Solamente en el mundo hay 150 programadores significativos de códigos para IA, todos son hombres, en su mayoría norteamericanos y algunos chinos. “Entonces, el futuro tecnológico de la humanidad está en manos de no más de 150 personas”, precisó.

ES PRECOGNITIVA.
Por otra parte, el escritor recordó las implicaciones medioambientales de la tecnología: Por cada cien palabras que escribimos en Chat GPT se necesita un vaso de agua grande o media botella de agua para enfriar los servidores. Es decir, el consumo de energía que tiene la IA es alto, alertó.
Al referirse al tema de impedir el acceso a los teléfonos móviles, indicó que el prohibicionismo siempre es negativo. Suprimirlos los convierte en objetos del deseo. Necesitamos regular porque hay un efecto de adicción grande en la tecnología.
Agregó que la IA es un procesador de datos realmente, “entonces es precognitiva, necesita un input de información para poder responder y una vez que contesta si le preguntas por qué decidiste que esta es la solución, no te lo puede decir”. Te afirma “porque era la solución correcta”, nada más.
Mila Varguez pidió a Villoro abundar sobre la frase de uno de sus libros, la cual refiere que “ningún filósofo contemporáneo influye más en nuestra vida que un algoritmo”.
Al respecto, el sociólogo, puntualizó: Los algoritmos deciden mucho de lo que hacemos porque nadie nos conoce mejor que nuestro sistema operativo, ni nuestra pareja, ni nuestra madre. Tiene todos los datos de las búsquedas que hemos realizado, por lo tanto, de acuerdo con ello, ofrece situaciones que nos interesan; te da lo que ya eres, es un espejo levemente distorsionado de ti mismo.
Con respecto a la relación futbol-literatura, sostuvo que este deporte tiene una estructura narrativa en un partido y en las ligas, por ejemplo. O sea, esta es como una novela en numerosos episodios. Cada partido tiene un planteamiento, un nudo y desenlace; situaciones imponderables, eso es lo que pasa con las historias. Una buena tiene muchas veces acontecimientos y, sobre todo, finales que no esperabas, concluyó Juan Villoro.