
El proyecto “Las hierbas medicinales mazahuas de Almoloya de Juárez”, surgió como una respuesta comunitaria a la necesidad de cuidar la salud a través de conocimientos ancestrales del pueblo mazahua.
El creador del proyecto, Emiliano Suárez López (de la comunidad de San Lorenzo Cuauhtenco, ubicada dentro del municipio de Almoloya de Juárez en el Estado de México), explica que la iniciativa parte del reconocimiento de las raíces culturales de la región. El proyecto recupera el conocimiento que durante generaciones permitió a las comunidades atender padecimientos cotidianos mediante el uso de plantas locales.
La motivación principal, detalla Suárez López, fue doble: preservar la memoria y ofrecer alternativas actuales de bienestar. “Otra de las prioridades principales, cuidar nuestra salud y aprovechar todos los recursos que teníamos aquí, que desgraciadamente ya no conocíamos”.
Como parte del proceso, el equipo identificó que gran parte del conocimiento se encontraba en personas adultas mayores, en especial entre mujeres, quienes cuidan de la familia y conservan los saberes de la medicina tradicional.
De acuerdo con el investigador comunitario, los principales padecimientos que atienden con las plantas se relacionan con problemas gastrointestinales y respiratorios. “En época de frío, pues, problemas de las vías respiratorias. Esos fueron los dos principales grupos de enfermedades que nos fueron relacionando las plantas”.
El conocimiento, agrega, no se concentra en una sola persona, se distribuye entre distintas comunidades con ascendencia mazahua en el municipio. El trabajo de campo se realizó en al menos 17 comunidades, en las que el equipo enfrentó retos por el crecimiento urbano.
“En las comunidades más cercanas a la cabecera municipal sí observamos una pérdida de las plantas por la urbanización”, dice Suárez López, quien advierte que algunas especies ya no se encuentran en zonas que les eran comunes, por ejemplo, la planta conocida como yunteje: “se puede decir que está extinta en algunas comunidades”.
Compartir conocimiento
Para facilitar el diálogo con las y los portadores del conocimiento, y, a la vez, compartir saberes entre comunidades, el equipo elaboró un herbario con ejemplares secos de las plantas recolectadas, herramienta que permitió identificar usos, nombres locales y variaciones regionales. “Al ver las plantas físicamente, las personas decían: ‘ah, esta sirve para esto’, o ‘aquí le llamamos de otra manera’”, relata.
Uno de los resultados del proyecto es un manual comunitario, del cual Suárez López destaca su impacto educativo: “Ha permitido que los jóvenes de secundaria y nivel medio superior conozcan las plantas. En algunos lugares ya no las conocen o tienen vagos conocimientos”. Al mismo tiempo, el material refuerza el diálogo entre personas mayores, quienes comparten y reafirman sus saberes.
El manual ya fue impreso y distribuido en comunidades y escuelas de las comunidades en las que se realizó la investigación, como San Miguel Almoloyan y el ejido de San Diego.
Más allá de la distribución del tiraje, el equipo tiene planes: “Nuestro propósito es poder dar talleres de medicina tradicional para la elaboración de pomadas, jarabes y otros remedios”, explica Suárez López, quien subraya la importancia de enseñar también la conservación de las plantas, debido a su estacionalidad.
El responsable del proyecto agradece el acompañamiento institucional y destacó el papel del PACMyC e iniciativas similares, pues demuestran que la cultura viva se sostiene en el trabajo colectivo y en la transmisión cotidiana de saberes que siguen siendo útiles, vigentes y necesarios.