Cultura

El escritor habla de su novela los “Los sueños de Patanjali”, de la cual dice es una búsqueda del universo interior humano y un periplo para abrir esas puertas de la percepción y entrar a otras posibilidades creativas

José Gordon: “El hombre vive en cárceles perceptuales donde sólo observa fragmentos del mundo”

Entrevista José Gordon habla de su novela “Los sueños de Patanjali”, una exploración en el interior del ser humano que parte del pensamiento de Patanjali. (Facebook)

José Gordon hace una breve pausa cuando se le pregunta por qué el ser humano cierra su pensamiento y no puede imaginar otras realidades, a lo que contesta: “Como civilización hemos conocido mundos exteriores, fotografiamos agujeros negros…; sin embargo, aún desconocemos lo que es nuestro universo interno”.

Hoy, añade, que estamos más interconectados con el mundo y en un segundopodemos hablar con otro ser a miles de kilómetros, “aún vivimos en una especie de cárceles perceptuales que sólo permiten ver fragmentos del mundo. Eso se llama enajenación”.

Explica que el filósofo Eduardo Nicol decía que enajenarse es estar privado de la totalidad del ser y “perdemos la imaginación, el placer, el arte… para vivir en un mundo desigual y doloroso”.

Y esta novela, “Los sueños de Patanjali”,  es una búsqueda del universo interior humano y un periplo para abrir las puertas de la percepción y entrar a otras posibilidades creativas.

El libro pone en la mesa esa gran distancia en lo que pensamos y lo que deseamos.

Sí, es esta gran distancia precisamente el drama de una vida. Uno piensa que desea una cosa, pero realmente está pensando otra y deseando otra y ni te das cuenta.

Por eso, esta novela es una exploración al interior del ser humano y parte del pensamiento de Patanjali, quien vivió en el siglo II, antes de nuestra era en la India.

Él planteó que la mente se puede asentar en un estado que trasciende las barreras del tiempo y espacio. Si esto es así, entonces resulta que, así como la mente puede mover el cuerpo o mover una mano, podría de alguna manera estar integrado con otras expresiones de la naturaleza y conocer objetos ocultos a la vista o entrar en los sueños de otro.

Se trata de un tratado extraño que planteó este sabio hindú, quien es prácticamente el fundador del yoga, disciplina entendida como la integración de la mente en su nivel más quieto y silencioso con la naturaleza.

Y de esto, lo que me pareció interesante es quiénes fueron contagiados de este sueño de Patanjali, de su idea de poder ir más allá de los límites con los que percibimos el mundo. Así, encontré que el poeta William Butler Yeats y los novelistas Mircea Eliade y Gustav Meyrink -autor de “El Gólem”- soñaron con estas posibilidades y trataron de experimentarlas. Por ejemplo, Yeats cuenta que de repente entró en los sueños de su amada y lo mismo narran Meyrink y Eliade.

Ellos nos dicen que hay un sueño en el que podemos ver más allá de lo que solemos ver. Porque el mundo y realidad que vemos está determinada por nuestra fisiología, por nuestro sistema nervioso, por nuestros cerebros. Si tuviéramos cerebros de ranas, en vez de estar viendo la riqueza visual que tiene el humano, observaríamos sólo cuatro impulsos que sirven a la rana para saltar y atrapar la mosca.

Cuando hablamos de las serpientes, resulta que las éstas ven un mundo distinto al nuestro, porque tienen ojos que registran los colores en el espectro entre el azul y el verde. Tienen una especie de fosetas -órgano sensorial termorreceptor- que son una especie de ojos térmicos que pueden ver rayos infrarrojos.

Lo anterior explica que la forma de ver al mundo depende de los instrumentos que tenemos para conocerlo, pero el humano tiene otros registros posibles de la realidad. Está el caso de la poesía y podemos citar la obra de Sor Juana Inés de la Cruz o de Aldous Huxley.

Entrevista La novela.

Entre lo que vemos y no vemos, otra cosa que te muestra esta novela es la plenitud, la música, el arte…

Aprecio mucho esta resonancia que estás teniendo con este relato, con la forma en que está escrito, con el ritmo, con la música que tiene, porque de eso se trata, de intentar filtrar los sueños de la tribu, la imaginación y generosidad que nos habita y que se puede abrir cuando tenemos los ojos más abiertos, cuando estamos más despiertos.

Por ejemplo, uno de los problemas que planteaba Erich Fromm es que de noche estamos medio despiertos y de día medio dormidos. De esta manera no podemos apreciar realmente lo que implica el poder creativo e imaginativo de la inteligencia que se puede dar en el ser humano.

Esto es parte de la exploración en esta novela y descubrir que mucho de lo que aparece en estos personajes está en cada uno de nosotros, pero a veces volteamos y no lo queremos ver.

O como decía Yeats cuando hablaba de la gran memoria, ese océano donde caben todas las memorias que han existido y cómo nosotros, a veces, sólo nos asomamos a ciertas partes o, en ocasiones, nos identificamos con las olas individuales que somos y no entendemos que en el fondo todos somos parte de ese océano.

En este punto, Pepe, parece que hoy estamos dejando de usar la imaginación en la vida cotidiana.

De esto, fíjate, hay algo muy interesante que pienso: detrás de las grandes crisis que vivimos: desigualdad, económicas, sociales, de género…, creo que en el fondo hay una gran crisis de imaginación. Carlos Fuentes decía que destruimos al otro cuando somos incapaces de imaginarlo y entonces la gran pregunta es: ¿qué es lo que nos están diciendo los grandes poetas? ¿qué es lo que nos están diciendo ciertas experiencias que todos hemos tenido y que a veces ocultamos debajo del tapete?

Porque es inquietante saber que hoy que estamos más interrelacionados y comunicados con el mundo de lo que jamás pensamos y lo absurdo de esto: vivimos en una especie de cárceles perceptuales donde nuestros conceptos, nuestros prejuicios nos hacen ver sólo fragmentos del mundo y nos perdemos de la totalidad de la experiencia humana. Eso se llama enajenación.

El filósofo Eduardo Nicol decía que enajenarse es estar privado de la totalidad del ser. Por eso, la gran exploración de esta novela es cómo limpiamos las ventanas de la percepción, cómo las abrimos y vemos a los personajes que han jugado esta lucha.

Y el reto al escribirla, era mostrar a personajes tanto en términos históricos como contemporáneos, que nos hablan de otras posibilidades de comunicarnos.

Esto me remite a Huxley y a Jim Morrison y como nombra a su grupo The Doors, pero también si ya expulsamos a la loca de la casa, a la imaginación, como decían los surrealistas, qué pasará con los niños, los jóvenes y adultos...  que todavía quieren soñar y no pueden.

Los planteas bien en términos de Aldous Huxley, porque efectivamente él escribe un ensayo que me parece muy importante: “Las puertas de la percepción”, en inglés The Doors of Perception, que precisamente hace que el grupo de rock The Doors tome su nombre a partir de Huxley, donde nos plantea que precisamente tenemos filtros con los cuales a veces cerramos ciertas experiencias de la realidad y no nos abrimos a otras posibilidades creativas.

Lo importante entonces es esto que tú estás planteando, cómo podemos abrir las puertas de la percepción, cómo podemos impulsar a las niñas y niños para que sus cerebros estén realmente burbujeando con más posibilidades creativas e imaginativas.

Una buena noticia de esto, es que cuando nos encontramos con obras de arte o la misma obra de arte que representa la amistad, a veces se nos abren precisamente las posibilidades de comunión que da el arte, que da la música, y que cuando es bien transmitida a niñas y niños, les abre nuevos horizontes.

Creo que no hay un momento más importante en la comunicación con niñas y niños, que ese momento invisible pero real, en donde se encienden sus ojos porque descubren un trozo de belleza, un trozo de imaginación, un trozo de conocimiento y les abre puertas para transformar sus vidas.

Y a todos nos ayuda a transformar la forma en que nos relacionamos con los demás, porque tenemos una crisis de percepción y, precisamente Aldous Huxley decía que cuando nos damos cuenta que el mar corre por nuestras venas y nuestras joyas son las estrellas, sabríamos que hay una percepción infinita y sagrada.

Pepe, sin cambiar el tono y cuando hablas en el libro de que algunos han visto a Dios, no será que observaron lo que dice Aldous Huxley: que el hombre es algo infinito.

Exacto, es que a veces nos enredamos en la semántica y creo que ya sea que le digamos memoria de la totalidad, samadhi o nirvana, o si le queremos llamar una sensación de ser más completa, estos se puede nublar por las limitaciones de la percepción.

Ya hemos conocido mundos exteriores, hemos tomado fotografías de agujeros negros…; sin embargo, lo que aún desconocemos es nuestro universo interno. Porque es verdaderamente asombroso y es justamente en Oriente donde se ha explorado mucho esta posibilidad de descubrir estos potenciales creativos que están en los mundos internos.

EL CEREBRO

Pepe Gordon, novelista, ensayista, traductor y periodista cultural, señala que nuestros cerebros tienen cien mil millones de neuronas y hay galaxias que tienen cien mil millones de estrellas. Es decir que tenemos una galaxia en el cerebro.

“Por ello vuelvo a los personajes de esta novela. Se mueven en esas búsquedas con sus neuronas, no desean quedarse atrapados en las cárceles perceptuales, en ese mundo tan fragmentado, lleno de tanta enajenación y tanta ignorancia. El libro, añade, también es una invitación que nos da la ciencia para explorar estados más finos de percepción, esos que nos dan los testimonios históricos y los registros poéticos.

Por eso, concluye: “Creo que las novelas pueden darnos relatos asombrosos que nos hacen preguntar cuáles son realmente los límites de la condición humana y que si podemos ir más allá de lo que se considera alucinación .

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