Cultura

La muestra se llevará a cabo del 3 de febrero al 21 de abril y ofrecerá una selección de piezas de la pintora

Leonora Carrington regresa a la CDMX con exposición en la Galería OMR

Muestra La artista Leonora Carrington.

En la geografía mística de la Ciudad de México, existen nombres que no solo pertenecen a la historia del arte, sino que se han fundido con el sustrato mismo de la tierra. Leonora Carrington es, sin duda, el más sagrado de ellos. El anuncio de su regreso a las salas de exhibición en la colonia Roma no debe leerse como un evento social más, sino como una reparación histórica y estética que busca devolverle a la metrópoli un poco de esa luz espectral que la artista británica-mexicana sembró durante décadas.

La muestra, que se instalará en la emblemática Galería OMR (Córdoba 100), surge de una colaboración profunda entre el Consejo Leonora Carrington y Caminarte Mexico Gallery. Más que una exposición, se plantea como un santuario temporal donde la “Novia del Viento” vuelve a conversar con el barrio que fue su refugio y laboratorio alquímico.

La vigencia de un oráculo visual

¿Qué tiene Leonora Carrington que decirnos en pleno 2026? En una era dominada por el algoritmo y la transparencia absoluta, su obra se erige como un baluarte de lo enigmático. Su pintura no es complaciente; es un sistema de símbolos donde lo femenino, lo animal y lo divino convergen sin las jerarquías impuestas por el racionalismo occidental.

La pieza central, Ethiops, funciona como un eje gravitacional de la muestra. En ella, se observa esa transición del alma que tanto fascinaba a Carrington: el viaje desde la oscuridad del inconsciente hacia la iluminación de la conciencia. Al analizar su obra desde una lente cultural contemporánea, descubrimos que Leonora fue una precursora de las discusiones actuales sobre el ecofeminismo y la fluidez de las especies, mucho antes de que estos términos se volvieran tendencia en la academia.

Muestra La pieza central, Ethiops, funciona como un eje gravitacional de la muestra.

El retorno al origen: La Roma como escenario

El hecho de que esta exposición se realice en la colonia Roma posee una carga simbólica ineludible. Fue en estas calles, específicamente en su casa de la calle Chihuahua, donde Carrington transformó la cocina en un caldero y el caballete en un altar. Al situar la obra en el mismo cuadrante geográfico, se genera un fenómeno de psicogeografía: el espectador no solo observa un cuadro, sino que camina por el mismo aire que inspiró las visiones de la artista.

Desde el rigor de la crítica cultural, la brevedad de esta temporada (del 3 de febrero al 21 de abril) subraya el carácter efímero y precioso de su legado. En un mercado del arte que a menudo prioriza la cantidad, esta apuesta por una “corta temporada” obliga a un ejercicio de contemplación urgente. Es una invitación a detener el vértigo digital para hundirse en el silencio de sus criaturas híbridas.

Un puente entre dos mundos

La importancia cultural de este evento radica también en su capacidad para recordarnos la posición de México como el receptáculo del surrealismo europeo. Carrington no llegó a México para ser una extranjera, sino para encontrar el lenguaje que Europa le había negado. Su obra es el resultado de ese mestizaje espiritual entre la mitología celta y el cosmogonismo prehispánico.

La exposición es, en última instancia, un recordatorio de que el arte no es solo un objeto de consumo, sino una herramienta de transformación. Mientras las piezas de Carrington permanezcan accesibles al público —en este caso, de manera gratuita—, la ciudad mantendrá vivo ese portal hacia lo invisible que ella dejó abierto.

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